Falleció el gran compositor y director polaco Krzysztof Penderecki

Por Roberto C. Palmitesta | @Rpalmitesta

El mundo sinfónico está de luto tras la partida del renombrado compositor y director de orquesta polaco Krzysztof Penderecki, quien falleció este domingo a la edad de 86 años en Cracovia, tras una larga batalla con una fuerte enfermedad, según reseñaron varios medios de comunicación de Polonia. El maestro Penderecki tuvo un vínculo muy especial con Venezuela, vino al país en varias oportunidades a dirigir y estrenar sus obras, apoyó incondicionalmente la labor de El Sistema, era muy amigo del maestro José Antonio Abreu, así como de otros grandes directores venezolanos como Ulyses Ascanio y Alfredo Rugeles.

Nacido en Debica, Polonia, en el año 1933, es considerado como uno de los más grandes compositores de los siglos XX y XXI. Durante su carrera recibió diferentes premios, entre ellos cuatro Grammy, dos Prix Italia y el Príncipe de Asturias de las Artes en 2001. Compuso importantes bandas sonoras de películas, entre ellas «El Resplandor», de Stanley Kubrick, «El Exorcista», de William Friedkin y Corazón Salvaje, de David Lynch. Entre su amplio catálogo destacan las obras “Treno a las Víctimas de Hiroshima» y la composición atonal sacra “La Pasión de San Lucas”.

«Tras una larga y grave enfermedad ha muerto Krzysztof Penderecki, uno de los mayores músico polacos, una autoridad mundial en el campo de la música clásica«, informó a través de Twitter el Ministerio polaco de Cultura.

Tuvo una relación muy consolidada con El Sistema al cual apoyó durante décadas. Visitó varias veces el país en donde estrenó algunas de sus obras como Gloriosa Vergine, que dedicó al maestro José Antonio Abreu o su Sinfonía Nº 8Lieder de lo fugaz y evanescente. Siempre se expresó por todo lo alto al referirse a las orquestas venezolanas y manifestaba que una de las razones por las que le gustaba venir a Venezuela era porque “con orquestas como la Simón Bolívar hay que ensayar poco, porque entienden y asimilan muy rápido mi música, enseguida saben lo que tienen que hacer y es algo natural e impresionante, que no se ve con frecuencia en otros países del mundo”, según expresó en un encuentro con los medios de comunicación realizado en 2010.

En 2011 regresó a Caracas y en otra rueda de prensa (le gustaba atender a los periodistas y lo hacía como todo un caballero) enfatizó en que “Venezuela está conectada con la música y no se puede separar. Si algo se sabe de Venezuela es sobre las buenas orquestas (…) Me gusta estar en los lugares donde la gente ame la música y aquí en Venezuela entienden mi música”.  

Entré sus grandes obras destacan Los diablos de Loudun (1968-1969); Paraíso Perdido (1976-1978); La Máscara Negra, (1984-1986); Ubu Rex (1990-1991) y Réquiem Polaco (1980-1993). Así mismo destaca su selección de obras instrumentales, tales como las Sinfonías N°. 1 (1972); N° 2 (1980); N° 3 (1995); N° 4 (1989); N° 5 (1992); el Concierto para Violín, dedicado a Isaak Stern (1977); el Concierto N° 2 para Violonchelo dedicado a Mstislav Rostropovich (1982); el Concierto para Flauta dedicado a Jean-Pierre Rampal (1992); la Sinfonietta para cuerdas (1992); y la Metamorfosis, Concierto N° 2 para Violín dedicado a Anne-Sophie Muller (1992-1995).

En repetidas oportunidades Penderecki declaró que siempre sería un aliado de El Sistema venezolano. Además de los premios y galardones ya mencionados, también obtuvo el Premio Medicean, Premio Sibelius, Premio Herder, Premio Jurzykowski y el Premio de la Fundación Israelí Karl Wolf. Tiene varios Doctorados Honoris Causa otorgados por las universidades de Rochester, Leuven, Bordeaux, Belgrade, Poznán, Varsovia, Glasgow y la de Georgetown en Washington.