El director finlandés clausuró junto a la Philharmonia Orchestra el certamen que dirige Pablo Heras-Casado

Vía: www.abc.es | Por Alberto González Lapuente

Concluye el Festival de Granada iluminado por el fuego purificador. Los dioses han corrompido el mundo y solo queda la muerte bajo la inmensa antorcha que extingue el Walhala. Cuesta creer que también acabe en ese momento el mundo de la fantasía, tal y como explica «El ocaso de los dioses», especialmente si se escucha la narración que del suceso hace Esa-Pekka Salonen. Su versión es profunda, de una clarividencia musical extraordinaria, matizada, solemne, construida a partir de una ejecución cuya meticulosidad técnica obliga a mirar al director, a entender el detalle de su trabajo y su muy exacta capacidad de control. Salonen no es músico que se recree en el gesto, en la elongación del discurso o en la divagación. Su trascendencia nace del perfilado y la reflexión ante la materia, del matiz y la congruencia.

Inevitablemente y en simultaneidad con todo el concierto se hizo muy presente la arquitectura truncada del palacio de Carlos V. Solemne, grave, digna de la Tercera sinfonía de Beethoven con la que comenzó el programa. Aquí, con un arranque todavía titubeante. Pero pronto, el universo del héroe despertó en un segundo movimiento en el que se hizo evidente la sonoridad compacta de la orquesta, la unidad de criterio, incluso la importancia del timbre a partir de un catálogo de ataques digno de un director audaz, moderno y preclaro.

Junto a Salonen estuvo su orquesta, la Philharmonia de Londres, demostrando que la calidad individual de los instrumentistas es indisociable de su eficacia y complicidad. Definitivamente, los fragmentos instrumentales del «Ocaso» dieron eco a la voz de la mezzo Michelle DeYoung afirmando que Brünnilde se expresa con graves tersos, agudos llenos de tensión, y que cuidando la exacta afinación de cada nota, manteniendo una apariencia arrebatada, se hace posible el propósito wagneriano, su humanidad. Fue una gran clausura para un festival cuya programación depende desde este año del criterio artístico de Pablo Heras-Casado. Definitivamente, su colega Esa-Pekka Salonen encendió la llama de la música.