“Me siento honrado y feliz de que mi pieza suene en Buenos Aires y se conozca en Latinoamérica”, , desde Holanda y con tono amabilísimo, Louis Andriessen, autor de De Materie , obra de 1984-88 que tendrá su estreno latinoamericano en el Teatro Argentino de la Plata.

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“Empezaría diciendo que De Materie no es una ópera”, contesta apenas se le pregunta por el lenguaje de la obra. “No hay drama ni desarrollo realista o sentimientos. Las cuatro partes que la conforman son independientes entre sí. Además, no me involucro con las situaciones dramáticas de la escena. No sé lo que va a hacer Goebbels en La Plata. Esa es otra de las razones por la cual, De Materie , no es una ópera”.

Louis Andriessen creció en una familia de músicos holandeses apasionados por la música francesa mucho más que por la música romántica alemana, a la que eludieron sistemáticamente. Apenas cumplió 75 años –nació en 1939– confesó que recién estaba tratando de entender a los compositores del siglo XIX, entre ellos, a Wagner.

A los 14 años, cuando su hermano volvió de Estados Unidos con una valija cargada de discos, descubrió el jazz y el blues –el boogie-woogie, entre otras citas eclécticas, forma parte de las influencias que se escuchan en De Materie –, al mismo tiempo que la música de Leonard Bernstein, Gershwin, Copland, Stravinsky, Stan Kenton y el Cuarteto de Cuerdas de John Cage. Así se fue definiendo su arco estético amplio, entre el jazz, el minimalismo y Stravinsky.

Estudió con Luciano Berio y fue el primero en hacer música serial estricta en Holanda, pero no tardó en alejarse de las ortodoxias de la vanguardia y se acercó al minimalismo. “Después de la Segunda Guerra Mundial, la mentalidad de todos los artistas, creo que en el mundo entero, cambió completamente. Creo que es importante darse cuenta de eso. Empezamos a buscar en Europa oriental, ya no en Schönberg ni en Webern”, reflexiona.

De Materie , para orquesta y voces, es un conjunto de visiones fragmentarias, o evocaciones, que se conectan con temas biográficos, las revoluciones científicas y filosóficas del siglo XVII, su familia y la tradición holandesa, y su interés por el misticismo. “Hay cuatro descripciones de temas importantes vinculados con la cultura holandesa. La primera parte trata sobre la temprana revolución del siglo XVI, contra la ocupación española de Holanda. Una segunda parte, mística podría decir, está basada en los textos de Hadewiijch, una poetisa mística del siglo XII, miembro de las beguinas. “De Stijl” es el título de la tercera parte. Allí introduzco citas del pintor holandés Piet Mondrian. Es curioso porque su trabajo parece muy matemático y racional pero, en realidad, Mondrian estaba muy involucrado con–cómo decirlo– locos como Madame Blavatsky y la antroposofía. Los preciosos fragmentos del  poeta romántico holandés Willem Kloos los reservé para la última parte”. En esa misma parte final hay fragmentos de textos del diario de Madame Curie y de su discurso cuando ganó el Premio Nobel, la única excepción de Andriessen al introducir textos que no pertenecen a la cultura holandesa.

Cuesta imaginar cómo todos estos elementos tan heterogéneos pueden balancearse en una única obra. Sin embargo, para el compositor no existe ninguna dificultad porque todos esos componentes están atravesados por una fuerte relación entre lo natural y lo misterioso.

“La base de toda la pieza es la filosofía, la relación entre materia y espíritu, en la que intento mostrar cómo las personas enfrentan la relación filosófica entre materia y espíritu; cómo conviven con este tema”.

Las obras escénicas del compositor de Rekonstructie –su “ópera marxista” que reconstruía el asesinato del Che Guevara– invitan a imaginar un nuevo tipo de teatro que busca un encuentro entre la ópera y el cine, “el teatro es mucho más interesante que el cine. El cine no se mueve, es siempre lo mismo. La ópera es una cosa verdaderamente vital y es una acumulación de cosas extrañas”.  M is for Man, Music, Mozart  (1991) es la primera colaboración con Peter Greenaway, y no fue la última. “Hicimos dos óperas juntos”, recuerda con admiración. “La última Writing to Vermeer  (1998), y la primera es Rosa.

Estábamos muy retrasados con el libreto de Rosa, a horse drama (1993-94) que, al estilo de esas películas yanquis de cowboys, cuenta la historia de Juan Manuel de Rosa (sic),  un compositor latinoamericano ficticio, que está enamorado de su criada negra e intenta ir a Estados Unidos para hacer música de westerns. Pero termina asesinado en Uruguay. “Es un poco ridículo todo, en ese momento yo sólo hacía la música, pero como estábamos tan retrasados, y nunca recibía un libreto convencional, terminé involucrándome un poco. Unos meses más tarde tuvimos una reunión en la ópera de Amsterdam, que nos había encargado la obra, y le pregunté a Greenaway: ¿por qué Juan Manuel Rosa mata a su novia? No tiene ningún sentido, si él está enamorado de ella. Y él me contestó: ‘Oh, claro, bueno. Podemos trabajar en eso’. Eso te da una buena idea de cómo era la colaboración entre nosotros”.