Vía: www.eluniversal.com | ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.

“El estilo Camerata representa, en primer lugar, el respeto por el estilo, por la estética del momento” “Hay demasiadas barritas, demasiados amigos que crean un público con enorme desconocimiento”

Termo de café por un lado y la frase “chivo que se devuelve se esnuca”, por el otro. Ese es el sello de la maestra Isabel Palacios, alma y directora de la Fundación Camerata de Caracas.

Y el estilo Camerata, lo define así: “El estilo Camerata representa, en primer lugar el respeto por el estilo, por el estudio de la estética del momento. Es no sentirnos que somos unos privilegiados que vivimos en el siglo XXI, y vemos desde nuestra supremacía a esos antiguos compositores. Nos colocamos al lado de ellos”.

-Lo otro es hacer los corchos cuando arranco un montaje y pegarle todo lo que para nosotros representa ese montaje.

-Estilo Camerata es que 90% del montaje sea hecho por nosotros: cosemos los trajes, hacemos las máscaras. Al principio fue por falta de dinero, luego me di cuenta de que esa justa falta nos conectaba más con el espectáculo. Estilo Camerata es arrancar un montaje del barroco italiano y hacer un taller completo de la Comedia del Arte.

Ese estilo y sello, marca personal y particular, se mostrará con hechos: el 21 y 22 de noviembre se ofrece el montaje Un niño nos es nacido en la sala Ribas del Teatro Teresa Carreño, ambos días a las 5:00 pm.

“Son todos los grupos de la Camerata, la Renacentista, la Barroca y la Orquesta, vamos a mostrar la navidad desde la Edad Media hasta el Mesías de Handel, y los cantos tradicionales de navidad. Porque son cantos que se originan en el Medioevo o el Renacimiento. Primero serán cantos de peregrinos, un rato con el Renacimiento, luego el Barroco, lo tradicional; y con ello haremos el bautizo oficial del disco del Mesías y celebramos los treinta años de la fundación de la Camerata Barroca”.

Para el 29 de noviembre, “vamos a cerrar con un concierto de aguinaldos tradicionales en la Fundación Banco Provincial (La Castellana), vamos a cantar los bellísimos arreglos del maestro Alberto Grau sobre los aguinaldos recopilados por Sojo, cosas recopiladas por Ramón y Rivera, Modesta Bor, un muestrario de esa bellísima música de navidad que tiene Venezuela”.

A dedicación exclusiva
Todo esto es posible porque ahora Isabel Palacios se dedica más a la docencia. Tiene alumnos de todo el país, tantos que la Camerata bien podría llamarse “de Venezuela”.

Los alumnos conviven en la sede ubicada en Los Rosales, como si fuera un monasterio, en el que cumplen una especie de ritual de horas: entrenamiento vocal, desayuno, estudio, expresión corporal, actuación, repertorio, estilo y, sobre todo, la formación integral y humanista.

“Tengo muchos alumnos, hay muchos cantantes emergentes. Tuve alumnos en la temporada que dirigió Rodolfo Saglimbeni, también en la temporada del Teatro de Chacao. La cátedra de perfeccionamiento vocal está llena de gente que llega a trabajar el repertorio que cantarán en el Teresa Carreño. Todos pasan un poco por aquí, y en la propia Camerata tengo gente fabulosa”, agrega.

Un día de trabajo de la maestra Palacios puede incluir hasta siete horas sin parar de tocar el piano, sobre todo ensayando o dando clases; y es lo que más hace: impartir enseñanza.

“No es que me retire. Lo que traté de decir es que yo nunca tendría el valor de organizar un concierto de despedida. No creo que pudiese soportar la presión emocional de saber que es mi último concierto. Sí creo que pa’trás ni pa’cogé impulso: si me atrevo a cantar es porque lo que voy a cantar lo haré bien. Tengo muchos instrumentos que toco, dirijo mucho desde el clave, y estoy más tiempo enseñando que lo que hacía antes. Estoy tocando más, mi profesora de piano estaría tan orgullosa de mí. La otra parte que estoy agarrando es algo que yo amo mucho y es la puesta en escena”.

La pasión por la puesta en escena da pie para poner en contexto los veinte años del fallecimiento de su esposo, el dramaturgo José Ignacio Cabrujas, y saber qué guiños a modo de homenajes hay en los montajes de la Camerata: “Amo la ópera, pero quien me sumerge en la puesta en escena es José Ignacio, y no puedo evitar que cuando hago una ópera, tengo la voz de él hablándome. Tengo una carta que me dio cuando iba a hacer el primer Festival de la Música del Pasado de América, y yo estaba absolutamente muerta del susto. Cada tanto tiempo tengo que volver a leerla. Se llama Vale la pena, y me dice que esa era mi misión en la vida, hacer esa música, y que tenía que sentirme absolutamente satisfecha con lo que iba a hacer. Esa carta es mi biblia, cada vez que tengo un poquito de susto la leo. Sí, hay un guiño y es un montaje que quiero hacer con la Renacentista, un espectáculo inspirado en un cuento de Alejo Carpentier, El Camino de Santiago. José Ignacio empezó a escribirme un texto, pero no lo terminó. Con lo que tengo, poco a poco me he ido atreviendo a escribir. Como cuando escribí CSI, los muertos en la ópera, Genio y Locura de Handel, que son espectáculos muy divertidos, porque me aburren las galas de ópera, que parecen un examen final de canto”.

Esfuerzos increíbles, invaluables. Mucha sangre, mucha pasión, mucho estudio y conocimiento. De financiamientos, por una parte hubo un mecenazgo del Banco Mercantil para la edición de discos, hasta que Gustavo Marturet dejó la presidencia, y por la parte del Estado, la Fundación Camerata recibe del Instituto de Artes Escénicas y Musicales un aporte que desde hace siete años es el mismo monto. Sin embargo, las cuerdas y las cañas de los instrumentos son difíciles de conseguir.

El mal de la ópera

Óperas, montajes, espectáculos de música exquisita versus la tecnología. Sobre ello, Palacios afirma que “a los músicos nos viene un cambio grande, como cuando nacieron los discos. Antes el público caminaba kilómetros para escuchar a un músico. Luego, los espectáculos en vivo, con la señora de al lado que come chicharrón o el señor que tose. Yo oigo esto mejor en mi casa, allí un celular no interviene en el Adagietto de Mahler, como le pasó a Claudio Abbado en la sala Ríos Reyna. Con la ópera pasa que actualmente la maneja gente que no sabe nada, voces que jamás deberían cantar un personaje, pero lo cantan porque el dinero está comprando la calidad. Y lo otro, es que evidentemente el público cada día sabe menos. El público aplaude cualquier cosa, y nunca sabes cómo lo hiciste. Hay demasiadas barritas, demasiados amigos, demasiados familiares que crean un público con un enorme desconocimiento. Hay que crear criterios, se hacen cosas maravillosas, pero la gente no tiene idea de por qué, y dónde está lo que está mal, dónde los errores históricos. No es que el público no esté yendo, es que el que está yendo tampoco sabe nada”.