Escrito por Manuel Lino / El Economista

Riccardo Muti no es sólo uno de los cinco más reconocidos directores de orquesta del mundo, es también un inspirador ideólogo musical y un estupendo conversador.

Riccardo Muti

Riccardo Muti

Para la conferencia de prensa previa a su presentación con la Orquesta Sinfónica de Chicgo de el domingo en la noche en Guanajuato, en el marco del 40 Festival Internacional Cervantino, y del miércoles 10 en Bellas Artes, el plan era un tanto rígido: se pidieron las preguntas por adelantado con la advertencia de que Muti solo respondería unas cuantas, las que pudiera en 20 minutos, que sería todo lo que nos concedería a la prensa mexicana.Pero el director tomó tres preguntas más aun cuando llevaba ya 45 minutos de charla por haberse extendido ampliamente en las respuestas. Y en una de ellas, sin que realmente viniera a cuento atacó los formalismos que rodean la música clásica: “En el futuro no habrá divisiones entre la escena y las gradas, músicos y público estarán más cerca y compartirán la experiencia de hacer música. Toda esta ceremonia de ponernos frac y parecer pingüinos, esas formalidades desaparecerán y la comunicación será más fluida, pasaremos de la formalidad a compartir sentimientos y cultura”, dijo.

He aquí algunos fragmentos de sus extensas respuestas.

¿Cómo ha influido la gran comunidad de inmigrantes latinoamericanos que hay en la ciudad de Chicago en el espíritu de su Orquesta Sinfónica?

Yo soy un inmigrante latino en Chicago, quiere una respuesta general o solo lo que se refiere a mí –bromeó -. Vivimos en un mundo en el que ahora usamos esta terrible palabra, globalización. Diferentes ciudades y países, con diferentes culturas, se están acercando y creo que las culturas latinoamericanas son muy importantes, pero en el caso de Chicago diría más bien que son esenciales. Tenemos una inmensa comunidad mexicana, la más grande fuera de México. Es parte de nuestro público con la CSO, así que estamos trabajando para incorporar cada vez más música mexicana.

Y esto no solo lo hacemos para esa comunidad en particular ni para la comunidad latinoamericana sino para todas, porque es solo juntándonos a través de la música es cómo podemos alcanzar el mundo de paz que deseamos.

-Cuando dejó La Scala de Milán dijo sentirse felizmente libre y que no quería volver a tener compromisos, ¿por qué aceptó estar con la Sinfónica de Chicago? ¿Sigue siendo feliz?

Cando dejé La Scala tras 19 años, ya había sido director (titular de orquestas) toda mi vida. Empecé en 1968 en Florencia, luego en Londres, Filadelfia y luego en La Scala, donde mis 19 años fueron el tiempo más largo que había estado un director, más incluso que Toscanini. Cuando empecé a ser libre me di cuenta de que es fantástico essere libero, y dije que no quería más compromisos como director titular.

Pero en ese periodo hubo una dama que fue a todos mis conciertos alrededor del mundo, en Nueva York, Viena, Salzburgo, Londres, París. Me dejó muy impresionado esta dama y su persistencia. La dama esta aquí a mi derecha –dijo señalando a Deborah Rutter (quien aparte y después comentó que persiguió a Muti por todo el mundo durante cuatro años sin, realmente tener un plan B. “No había otro. Es perfecto para la orquesta”).

Ella quería que fuera a dirigir a la Sinfónica de Chicago, con la que no había estado en más de 30 años. Soy muy sensible a las damas cuando son tan amables y persistentes y acepté ir a Chicago. No estaba muy entusiasmado antes de ir, es normal que en cierto punto de la carrera que un director quiera dirigir solo a ciertas orquestas que le son queridas, conocer nuevos músicos y empezar de nuevo no me entusiasmaba.

Pero después de unos minutos pensé que la orquesta era realmente fantástica, y la comunicación entre nosotros fue tan inmediata, fácil y profunda. Hicimos un tour en Europa que fue muy exitoso. Fui invitado a Chicago otra vez y nuestro quehacer musical fue otra vez intenso y fructífero. Cuando me invitaron los músicos a ser el titular, al principio dudé, pero considerando la calidad musical y humana de la orquesta, y la ciudad (viniendo de un napolitano esto es un gran cumplido, soy italiano y he visto algunas ciudades hermosas en mi vida), entonces acepté.

-¿Cuál es la importancia de la música de concierto en el desarrollo de una sociedad saludable?

Un mundo sin música es un mundo salvaje. No creo que existan criminales que amen la música, habrá criminales que usen música por razones equivocadas, pero en general la gente que ama la música es gente buena.

Creo que la música es una de las cosas que realmente puede juntar a la gente. Y puedo decir esto por mi experiencia personal. Por más de 30 años he dado conciertos con diversas orquestas en un programa llamado El Camino de la Amistad. La idea es llevar música a lugres con problemas e invitamos a músicos del lugar a unirse y tocar con nosotros. Empezamos hace muchos años en Sarajevo. La ciudad estaba completamente destruida. Fui con La Scala y tuvimos que llegar en aviones militares porque no se permitía la aviación civil.

Tocamos la (tercera Sinfónia) Heroica de Beethoven y la Canción del destino de Brahms y otras. Teníamos 9,000 personas en el público llorando. Trataban de encontrar en la música una respuesta para la tragedia que estaban viviendo.

Otro gran logro fue que hace dos años pudimos juntar jóvenes músicos itlianos, croatas y eslovenos, y a los presidentes. La relación entre estos países, tras la Segunda Guerra Mundial, es… complicada, difícil, hay recuerdos sangrientos, pero la música hizo lo que no habían podido hacer los embajadores y políticos. Tocamos música croata, eslovena e italiana. Fue un éxito no solo musical sino emocional. Y ese es el mensaje que los políticos aún no entienden. No hacemos música para entretener. No es eso.

-¿Qué tanto trata de ser fiel a las intenciones no escritas de los compositores y qué tanto a una musicalidad contemporánea, propia?

Ser fiel… hablo de música… Sabemos que cuando Brahms dirigió sus sinfonías en Viena, las diferencias entre una interpretación y otra llegaron a ser dramáticamente distintas. ¿Cómo puedo ser fiel? ¿A cuál de las interpretaciones? Puedo ser fiel a las notas y ese es un credo para mí. Ser fiel a lo que está escrito no es ser matemáticamente exacto. Puedes tratar de entender las notas y las indicaciones como forte, piano, allegro, lento, andante. Pero la música real, como dijo Mozart, es lo que está entre las notas. Entre una nota y otra está el Universo y eso es por supuesto imposible de entender y de aprehender.

Con Verdi puedo ser fiel a las notas y puedo decirle al tenor o la soprano que no use esas notas para su lucimiento personal, no cambies las intenciones del compositor solo para impresionar al público. Pero lo que no está entre las notas … Solo los críticos lo conocen, tienen un pasaporte especial. Me divierte que a veces dicen cosas como que por ser italiano no entiendo del todo la música alemana, y lo dice un crítico de Alaska…

Hay grupos filológicos ahora que descubrieron las antiguas formas de tocar con instrumentos originales. Nos dieron algo muy importante, porque hace unos 30 o 40 años había quien tocaba a Handel como Rachmaninoff, así que estos grupos establecieron la necesidad de ser correcto estilísticamente. Pero el fundamentalismo, donde sea, en religión, en política, está mal, y algunos de estos grupos se volvieron fundamentalistas, y tampoco pueden recrear la música de hace 200 o 300 años. El que diga que lo hizo es un monstruo o un santo… bueno en algunos santos sí, debo ser cuidadoso con el patrón de mi ciudad, que es San Genaro.

Estudio mucho las partituras. Pero en realidad no pienso mucho en cómo las tocaré, me lo dijo mi maestro, que era asistente de Toscanini, “No pienses mucho, para hacerlo mejor abre una farmacia”.