Vía: www.andreaimaginario.com/

Trabajo todos los días en lo que me gusta: soy cantante y soy profesora en la universidad. Parece un común acuerdo reconocer que profesores y artistas son importantes para una sociedad porque prestan servicios nobles, que en principio inspiran la imaginación y la inteligencia de quienes los escuchan. Por supuesto que en una sociedad pretendidamente “pragmática” como la actual hay más claridad con respecto a la utilidad de un profesor que la de un artista porque el arte es intangible, mientras que un profesor podría, en principio, enseñar un conocimiento necesario para la incorporación de los sujetos a la vida social productiva. Pero eso es otra discusión.

El profesor, al igual que el artista, trabaja con la persona, con lo inmaterial de ella, con lo que le subyace, con lo que le mueve, le nutre, le asusta o le cuesta. Un profesor, como el artista, humaniza, es decir, fortalece cualitativamente los dones que todos tenemos, ayudándonos a desarrollarnos hacia dentro y hacia fuera como seres cualitativamente humanos y no sólo biológicamente humanos.

Profesores y artistas son amanuenses de lo invisible. No venden cosas “utilitarias”. Lo que hacen profesores y artistas no tiene ni peso ni medida. No se vende por kilo, no se vende por saco. Por eso, el valor monetario de su trabajo es un símbolo de lo que representan para la sociedad que los acoge, un símbolo de la importancia que se le da a la educación y a la cultura en el proyecto de una sociedad.

De cómo vive un artista o “¿En cuánto me lo dejas si son sólo tres canciones?”

En el caso de los artistas hay muchísimas variables que inciden a la hora de cotizar su trabajo. Aquellos que se dedican a actividades performánticas, como músicos, actores y bailarines cobran por honorarios profesionales. Los artistas plásticos en cambio venden sus “obras” (lo que hace distintos los criterios de intercambio económico). Pero en ambos casos, incide la proyección social del artista, la fama o el “cartel”, como le llaman.

Empero, por emergente que sea un artista, su trabajo tiene un valor de intercambio, que habría de expresar una reciprocidad de dones con respecto a quien lo solicita, dignificar su trabajo y su esfuerzo y manifestar el agradecimiento por recibir aquello que solo un artista puede ofrecer. Si no, ¿para qué contratarlo, verdad?

Hay cosas que la gente olvida: para que una persona llegue a ser, por ejemplo, músico profesional, tiene que invertir mucho tiempo (horas de estudio, años de su juventud) y mucho dinero (en libros, clases privadas, instrumentos, cuerdas, sordinas, amplificadores, cables, micrófonos, discos, partituras, atriles, vestuario, alquiler de estudios de ensayo y grabación), sin garantía de éxito económico. Un músico está expuesto a pasar vergüenzas y humillaciones. Por eso, cada presentación es un riesgo para su buena reputación y sus posibilidades de trabajo futuro, y así el artista “se la juega” cada vez que se exhibe, pues además de todo, tiene que lidiar con la crítica. Lo mismo le pasa a los actores y bailarines.

Los artistas no tienen colegio profesional que los represente en Venezuela. Los artistas que actúan por honorarios profesionales, que son la mayoría, no reciben seguro de salud de sus clientes y no tienen ingresos fijos. Si no trabajan, no comen. El limbo sí existe: los artistas viven en él. ¿No tiene eso un valor?

De cómo vive un profesor o “Tu deber es sacrificarte por la patria”

La educación básica es obligatoria, no así la universitaria. Pero aunque no es obligatorio para los padres enviar a los muchachos a la universidad, en Venezuela es obligatorio para el Estado formar técnicos y profesionales capacitados para liderar proyectos, resolver problemas y prestar servicios. Es un asunto estratégico que toca todas las áreas de gobierno de una nación. Todas.

Los profesores tienen otros esquemas económicos para cobrar su trabajo. Cobran por hora de clase y eso se traduce en un sueldo, que se recalifica con cada ascenso dentro de la institución. Detrás de cada hora de clase, hay inversión en libros, horas de estudio (que implican investigación, lectura, análisis, reflexión, síntesis), planificación docente, evaluación, horas de servicio administrativo y permanencia y, también como los artistas, una exposición riesgosa ante su audiencia, que siempre genera rumores llenos de todo tipo de ficción sobre su persona.

La situación de los profesores, tanto de la educación básica como universitaria, es sin duda apremiante. Muchos ganan menos de sueldo mínimo. Otros ganan sueldo mínimo, y sólo los de dedicación exclusiva ganan algo más, pero tampoco mucho. ¿Cómo pueden mantenerse los profesores con estos sueldos? No pueden. Deben hacer otros trabajos a la vez. Cuando esto ocurre, el profesor ve dispersas sus energías y se arriesga a fallar en su trabajo. Nuestra sociedad está poniendo a los profesores en una situación de alienación. ¿Cómo ofrecer una educación para la libertad?

De los profesores de la educación básica depende la formación elemental de los niños y jóvenes que les permite empoderarse para ejercer la ciudadanía; de los profesores universitarios y técnicos depende la formación especializada que garantice el buen desarrollo de los proyectos de la nación. Siendo así, ¿cómo es posible que valga tan poco su trabajo en Venezuela? ¿Cómo es que un profesor no puede ni siquiera pagar un desayuno con lo que gana en un día de trabajo? Eso deja mucho que pensar.

¿Qué implica el salario que devengan los profesores en la actualidad? ¿Qué valor tiene para el gobierno nacional la educación, si durante años ningún sector ha recibido un aumento digno (para ejemplo, los profesores universitarios no recibieron ningún aumento entre 2008 y 2014), mientras que militares reciben aumentos y beneficios escandalosos constantemente? ¿Qué dice esto de la mentalidad del gobierno que nos representa?

Pero mi pregunta va mucho más lejos, porque también es conocido que en muchas instituciones de la educación privada los profesores pasan carencias. Así que: ¿qué valor espiritual de la sociedad representa el valor monetario que está dispuesta a pagar por el servicio de un profesor?

No es por poder, sino por justicia y bien común

Yo no digo que artistas y profesores deban estar en el vértice superior de la pirámide. Tampoco digo que sean semidioses que deban ser entronizados para instituirse como una clase que domina sobre las otras. Además, a los políticos esto les daría muchos celos. Lo que yo digo es que el oficio de artistas y profesores debería ser respetado y valorado, y en consecuencia, estos deberían recibir el apoyo necesario para seguir prestando un servicio de alto nivel pues, al final de todo, cada cosa que hacen los artistas y los profesores redunda en el bien común.