Si de talentos internacionales se trata, el director, violinista y violista uruguayo Diego Naser es una referencia internacional


Por Ana María Hernández Guerra

Entre los músicos venezolanos ya es conocido, debido a su relación con los directores Domingo Hindoyan y Joshua Dos Santos, además de ser amigo de Diego Matheuz y un admirador de Gustavo Dudamel, a quien considera “un genio”.

Adicionalmente, Naser también es integrante de la West Eastern Divan Orchestra, dirigida por Daniel Barenboim. Uruguay, México, Argentina, España, Portugal, Luxemburgo, Austria son algunos de los escenarios que visitará entre lo que queda de 2016 y lo que viene para 2017.

Músico desde los 6 años de edad, a sus 35 años define el arte que cultiva como “un lugar donde cuerpo y espíritu se unen y se complementan. Mientras el cuerpo palpita y se eriza con un acorde, el alma se eleva y trasciende lo lógico y razonable. La música es el puente que nos conecta con lo superior, la música es energía que moviliza y rompe esquemas, que es capaz de hacerte llorar o elevarte extasiado”.

-Ejecutante y director, ambos oficios son exigentes ¿el violín en el corazón y la dirección en la razón?

-Para mí las dos cosas son relevantes. No diría que uno está en el corazón y el otro en la razón, sino más bien que uno es el resultado y lo que se desprende del otro. Considero que un director tiene que ser instrumentista de buen nivel también, porque uno en el podio está tocando el instrumento más grande y complejo que existe en la música. Ahora, ¿cómo puede uno tocar bien un instrumento tan grande sin dominar ninguno de los pequeños que la componen? Es imposible: la producción de sonido es lo más importante para cualquier instrumento, la música es sonido y sonidos que se combinan con otros, si el director no maneja estos conceptos, no funciona. Un director que no es capaz de producir sonido, no puede enfrentarse a una orquesta de forma solvente; y la producción de sonido no es solo pasar el arco o soplar, se trata de sentir y entender la música y comprender primero lo que se busca, el cómo, el por qué. Esa búsqueda nos toma a los instrumentistas toda la vida pero seguro no menos de 20 años. Por eso para mí es importante mantenerme bien en mis instrumentos, violín y viola, los cuales continúo tocando activamente.

La música es la prueba real del mundo inmaterial, yo siempre he creído que lo intangible, lo inmaterial gobierna a lo material, si uno se para a pensar un poco verá que la gran mayoría de lo que hacemos diariamente es producto de lo intangible, las ideas nos gobiernan, las sensaciones nos estremecen y las emociones nos dominan, todo esto no es objetivo, no tiene cuerpo no es físico”, ahonda Naser en su definición de la música.

-¿Cómo ha sido la experiencia con la West-Eastern Divan?

-Integrar la West Eastern Divan Orchestra ha sido muy importante en todo sentido, en lo artístico por supuesto ya que trabajamos junto al genial maestro Daniel Barenboim y en lo personal y filosófico por las características del proyecto. El primer encuentro con el maestro fue muy bueno e intenso, contando historias con otros grandes de la música y sobre todo entregando secretos permanentemente acerca de la música, cómo lograr cada cosa que se quiere y cómo manejar una orquesta, el maestro es un libro abierto.

Musicalmente hablando, es fantástico estar en sus ensayos y verlo trabajar desde la orquesta. Un ensayo con él es como un semestre de estudio de dirección orquestal completo.

-¿Pesa mucho el epíteto “joven” director?

Lo de joven director ni me agrada ni me desagrada pero no lo comparto, creo que la juventud es espiritual no física pero de todos modos no creo que eso aporte algo válido al resultado artístico, tenemos que medir de otra forma, la juventud o la vejez no son garantía de nada. Creo que los seres humanos somos interesantes dependiendo de lo que somos y de cómo lo transmitimos. Esa impronta estará siempre clara en nuestra música, no importa si uno tiene 20 o 40 años, importa solo si uno transmite o emociona. Cuando vamos a un concierto o cuando lo tocamos, debe ser un momento de conexión absoluta con lo intangible, con la maravilla de lo inmaterial, es un momento sagrado, eso tiene poco que ver con la edad, mientras que sí tiene que ver con la experiencia y con las vivencias que los intérpretes y escuchas han atesorado en sus vidas. Hay gente muy joven que ha vivido y experimentado mucho y viceversa. Por tanto, no debemos evaluar el envase sino descubrir su contenido.

-¿Cómo gana el respeto de los músicos?

La mejor receta para que los músicos de una orquesta te respeten, es ser solvente en lo que haces y además manejar a la perfección tu materia. Cuando te subes al podio, debes ser tú quien más sepa y más información maneje acerca de lo que se está haciendo, ya que eres el Maestro, el guía, si esto no se cumple entonces nadie te respetará. Siendo claro a la hora de marcar con la batuta y concreto al referirte a la orquesta, no habrá problemas, el resto es ya cuestión del gusto personal de cada músico. Por otro lado, yo también vengo del seno de la orquesta, he sido último y primero de los segundos violines, concertino e incluso viola, esto es muy importante ya que sabes de qué va la orquesta, no se trata solo de mover la batuta correctamente, hay mucha psicología detrás de todo. Ayuda mucho que los músicos sepan que tú también has estado en su lugar y que los entiendes a la perfección.

-Ante una partitura, todo músico recrea, vuelve a crear la música, le imprime una rúbrica y se convierte en co-creador de la obra artística. ¿Cuál es su sello personal?

-Yo siento que tomo prestada una obra maestra de alguien más y que tengo la obligación de ser honesto con el texto y acatar lo que está escrito, luego entiendo también que será imposible no dejar mi huella en la obra ya que en el momento que diriges, tus emociones y experiencias también juegan un rol en la ejecución. Así mismo, como no hay dos directores que logren exactamente la misma versión de una misma obra, tampoco puede uno lograr exactamente la misma ejecución de la misma obra de un día para el otro. La magia es justamente no perder tu impronta pero siempre dentro de la obra del otro, eso no se puede perder de vista, nadie le va a cambiar las notas a Beethoven, y menos sin su consentimiento. Por supuesto que no es comparable la experiencia y vivencia del público de estar en una sala de conciertos que la de escuchar una grabación, en sala de conciertos podemos vibrar todos en conjunto con la energía que mueve la propia música y sus intérpretes.

-¿Salva la música de la pobreza?

-Hay muchos tipos de pobreza, claro está que si alguien ni siquiera puede comer, entonces no estará en condiciones de pensar en nada más que en buscar alimento. La pobreza espiritual, afectiva, emocional si que puede ser solucionada a través de la música. La música es arte, y también herramienta de expresión, válvula de escape emocional y objeto a través del cual nos identificamos con todo lo que sentimos y percibimos.

-¿Qué le parece el proyecto del Sistema de Orquestas venezolano?

El proyecto de El Sistema venezolano es para mí algo tremendamente genial, me gusta mucho lo que hacen, reconozco que llevan más de 40 años trabajando así que no encuentro motivos para definir su inviabilidad, juzgando por la gente que ha salido del Sistema uno puede decir que ese proyecto ha dado enormes frutos a nivel artístico. Encuentro más que razonable que seres sensibles y pensantes hayan tenido el coraje de iniciar un proyecto de estas características. La música es fundamental en el camino a mejorar nuestras sociedades, niños que estudian un instrumento musical son mucho más ágiles y veloces en sus razonamientos, al mismo tiempo la música les enseña a trabajar en equipo y a interesarse por lo que hace el otro. Le deseo larga vida y muchos más éxitos al Sistema venezolano y a sus jóvenes entre los cuales cuento a muchos entrañables amigos.

-Ha dirigido varias orquestas ¿Cómo define la “personalidad” de cada orquesta?

-Cada orquesta es diferente pero también cada una es especial, es un desafío continuo el de encontrar los caminos que conducen al producto artístico que pretendo con cada agrupación orquestal, es difícil hacer que los intereses de todos los músicos converjan en un objetivo común, pero es factible lograrlo, eso depende de la energía y magia del director.

-¿Cómo valoras el panorama musical sinfónico en Uruguay?

-En Uruguay tengo pocos proyectos dirijo algunas veces al año allí pero más que nada estoy volcado a México, Argentina y Europa. La música sinfónica en Uruguay atraviesa momentos un tanto difíciles ya que hay una gran falta de entendimiento de lo que se está haciendo. La música en sí, no es un simple medio de vida ni mucho menos un medio para la mera proyección personal, uno puede ser músico y pretender ganar un sueldo y considerarse un trabajador musical, que está bien no lo critico, pero no se puede olvidar que la música más allá de su hermosura, es una gran responsabilidad, ser artista implica la responsabilidad de estar en la vanguardia de las ideas del momento histórico, tener convicciones claras y precisas, el arte es la expresión de la sociedad actual y al mismo tiempo debe ser la expresión de las ideas futuras, es el motor del cambio.

Esta es la base de la transformación social a través del arte, y esta transformación siempre se ha dado así, si uno ve hacia atrás en la historia, verá que por ejemplo todos los regímenes totalitarios han hecho hincapié en fortalecer la música de corte oficialista y anular la música opositora de forma inmediata, vasta con citar dos ejemplos claros como lo fueron Schostakovich en Rusia o Victor Jara en Chile. Esto demuestra absolutamente la importancia y relevancia de la música, este arte penetra y cambia tu estado de ánimo e incluso tus pensamientos y emociones, lo quieras o no, es química, esto es muy peligroso con buenas intenciones puedes hacer mucho bien pero de lo contrario puedes destruir generaciones, pensemos por ejemplo en cuanto daño psicológico y físico logró hacer el deplorable y repudiable régimen Nazi a través del mal uso de la música, citando a la magnífica música de Wagner vemos un ejemplo clarísimo de ello.

Yo quiero ver orquestas que entiendan esto y que tengan el valor para trabajar por ello, que se entiendan como importantes actores sociales y que su compromiso no sea con dar el mínimo y sobrevivir, sino con darlo todo al limite entendiendo que primeramente estamos recreando la obra magistral de un creador y además que desde el escenario tocamos corazones y desencadenamos pensamientos y emociones y hay que estar a la altura de ello.

-Próximamente será papá ¿Cómo compartirá su agenda de conciertos con el nuevo rol?

-Sí, estamos muy felices esperando a Lorenzo Naser, nuestro primer hijo, un bebé seguramente muy musical porque permanentemente está escuchando música y da sus golpecitos cuando asiste a conciertos. La semana pasada, yo estaba dirigiendo un programa íntegro de Beethoven y cuando comenzaron los primeros acordes de su cuarta sinfonía, él pateaba y se movía muchísimo contó su mamá. Ella es una socióloga muy destacada, trabaja en cuestiones de desarrollo poblacional y temas de género y diversidad como investigadora, es muy interesante y sobre todo aporta mucho ya que en el diálogo filosófico profundo con ella, descubro también puertas de acceso a la música y a su entendimiento que poco tienen que ver con la pura técnica de dirección o instrumental. Compatibilizar mi agenda a nuestro hijo se ha convertido en el tema central para nosotros, de momento sigo con normalidad pero previendo que también viajaremos muchas más veces juntos siempre que nos sea posible.