domingo 14 de diciembre de 2014  12:00 AM
El director de orquesta dirigió a la Orquesta Simón Bolívar en el Patio Negro de El Universal y luego aceptó hablar de su pasión: la música.Leyenda ADOLFO ACOSTA

Se le asignan dos tipos de carisma, que unidos a su talento y pasión a la hora de tomar la batuta, lo convierten en arquetipo del venezolano de hoy. Una es su capacidad para conectarse con los músicos y señalarles el camino con un gesto pletórico de impetuosa energía. El otro es la fascinación que despierta en el espectador, quien puede dejarse llevar por la fuerza de su entrega y olvidar a los 50 músicos que interpretaban dos movimiento de la Quinta Sinfonía de Beethoven a la cual, no en balde se la conoce como “la llamada del destino”, para concentrar su atención en él. Eso pudo haber pasado, en algunos casos, durante la presentación que al frente de la Orquesta Simón Bolívar hizo en el Patio Negro de El Universal. Luego, el Maestro aceptó hablar de su pasión: la música.

-Según el Maestro Daniel Baremboin la música es espíritu, pero se manifiesta a través de un fenómeno físico, el sonido, que no se puede comprender porque no sabemos donde vive. ¿Dónde crees tú que vive el sonido?

-Ahí es donde está la magia de la música. Barenboin lo lleva al plano físico, pero hay un nivel más profundo porque el sonido tiene un efecto tan complejo que resulta muy difícil ubicarlo. Yo me imagino a Beethoven, a quien, cuando lo asaltó la sordera, le quedaron los sonidos.

-Los sonidos rondando en su cabeza.

-Sobre todo en su alma. Cuando compone la sinfonía “Heroica” ya sufría los síntomas del padecimiento y en el segundo movimiento, que es la marcha fúnebre, encuentro un grito del alma en su momento climático. Al llegar allí siempre me asalta la inquietud: ¿de dónde puede venir ese lamento tan desgarrador en un músico que está perdiendo un sentido que, para él, es esencial?

-Un movimiento y sus compases desaparecen para dar lugar a otros que a su vez desaparecen. Antes de poderse grabar, la música se perdía en el espacio y por eso no sabemos, a ciencia cierta, cómo se interpretaba la música en la época de Beethoven.

-Hay referencias históricas pero la historia se hace de verdades subjetivas. Tenemos referencias pero no el sonido.

-Es posible que se tocara muy distinto.

-Algunas orquestas tratan de evocar ese sonido con instrumentos de “período”, es decir cuerdas de tripa, arcos clásicos o cornos naturales, sin pistones. Se aplica el concepto de que Mozart debe tocarse con una orquesta pequeña como se estilaba en su época. De allí su asombro cuando pudo tocar con una orquesta compuesta por cuarenta violines. Lo mismo ocurrió con Handel. Por eso a nosotros, cuando estudiábamos a Chaikosvsk, nos mostraban los videos de Von Karajan con la Filarmónica de Berlín. Pero, así como está el Chaikovski de Von Karajan tenemos al de Evgeny Mravinsky.

-Si estos grandes músicos resucitaran y escucharan versiones modernas de sus composiciones, ¿las reconocerían o se quedarían locos?

-Yo tengo un amigo compositor quien dice que si Mozart estuviera vivo haría música electrónica. Pero Mozart, a pesar de su genialidad, no cambió nada, sino que desarrolló un período. A diferencia de Beethoven, que produjo un cambio radical en la música.

Pero creo que los compositores estarían felices cuando en el siglo XX se desarrollaron las posibilidades técnicas y las orquestas se renovaron. Solo que a pesar de que todo el mundo toca bien, se produjo un vacío de individualidad y de personalidad en la interpretación.

-A propósito de eso, hay quienes atribuyen el éxito internacional del Sistema de Orquestas a la alta fidelidad con la que interpretan los clásicos, aunque otros sostienen que ustedes han encontrado una manera distinta de concebir la música académica, de acuerdo con nuestra realidad y temperamento.

-Son las dos cosas. Las orquestas venezolanas tienen un sonido particular, único, distinto. Un sonido que envuelve y eso llega a la gente en Europa. Eso nos dice que hemos entrado, con nuestro ADN, en las creaciones de compositores como Beethoven. Pero al mismo tiempo tenemos una técnica depurada y uniforme.

-¿No es atribuible ese estilo al director?

-Al menos en parte.

-Porque tu gesto podría impresionar a las audiencias por apasionado y excesivo.

-Nosotros podemos tener 800 orquestas dotadas de una técnica uniforme. Pero todas sonarán distinto. Cada una tiene una personalidad que le dan músicos y director. Yo no he cambiado la forma de dirigir pero siento que ha habido una evolución. Ayer estaba viendo un vídeo del 2004, casualmente el día en que conocí a mi esposa. Era 31 de diciembre y dirigía la Cuarta Sinfonía de Betthoven. Encontré que esencialmente muchas cosas son las mismas, pero lo que antes me costaba mucho ahora me resulta más fácil. Alguna vez Von Karajan le dijo a Barenboin que para que un director pueda lograr lo que quiere necesita, al menos, 10 años de experiencia.

-Los tienes de sobra. ¿Sientes que puedes hacer lo que quieres?

-Yo dirijo desde los 12 años. Para entonces no tenía conciencia absolutamente de nada Solo instinto. Me sentía como pez en el agua. Y no era que podía mover los brazos bien, sino que las orquestas me seguían.

-¿Te sentías poderoso?

-No. Era algo natural. Evidentemente tienes un poder de control porque conduces una masa. Pero lo que he aprendido con el tiempo es que debes leer lo que hay. El error del joven director es imponer de inmediato. Pero cuando diriges orquestas con músicos que han tocado bajo la batuta de los mejores directores y viene un muchacho, de Venezuela, a decirles cómo tiene que ser la cosa, sufre un shock. Recuerdo que cuando dirigí la Filarmónica de Israel, sustituyendo a Zubin Mehta, quien estaba al frente de la orquesta desde hacía 40 años, empecé a leer lo que la orquesta me estaba dando y sobre lo que escuchaba traté de adentrarme por allí para no molestar. Pero a veces te consigues directores que pegan 20 mil brincos y no logran reproducir el sonido deseado. Yo brinqué mucho en la adolescencia y en mi temprana juventud.

-Barenboin dirige una orquesta conformada por jóvenes palestinos y judíos en demostración de convivencia creativa entre pueblos enfrentados. Allí la música asume un papel de conciliación y entendimiento. ¿Por qué no pasa lo mismo en Venezuela?

-Eso es el Sistema de Orquestas, uno de los más hermosos símbolos de unión que tiene el país. A veces no nos damos cuenta porque vivimos en un mundo donde la excesiva carga de información te satura. Pero lo que sucede en un concierto es maravilloso. Tú ves gente de diversas tendencias disfrutando, unida, de la música.

-La unidad dura lo que dura el concierto.

-Yo quisiera hacer un concierto permanente. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Pero la música queda. La música que a una persona le crea sensaciones de tristeza, a otra le puede sugerirle lo contrario. Pero están unidas en la escucha. El rico y el pobre, un cristiano y un musulmán, gente con diversas posiciones políticas. La orquesta es un sinfín de sonidos. Un instrumento suena distinto al otro. Pero unidos crean armonía. Puede sonar a idealista y romanticón, pero nosotros debemos armonizar mucho más al mundo. Y te hablo globalmente porque a mi me toca vivir en todas partes.

-Dicen que para ti es muy fácil adoptar esa posición porque no estás en el país.

-Eso dice mucha gente. Pero yo vivo en Venezuela y paso aquí casi seis meses al año.

-¿Estás consciente de la realidad venezolana?

-Claro y también de la realidad que se vive en muchas partes.Yo me desplazo por Venezuela, pero también por otros países. Siempre soñé con viajar pero nunca me imaginé que viajaría tanto y que iba a hacer tantas cosas gracias al sistema. En Suecia hemos arrancado con un proyecto que arropa a todo el país. En Los Ángeles dowtown hay dos mundos: el mundo financiero y el de los homeless. Me dije que allí hacía falta una orquesta, pero no para hacer música sino para incluir a la gente. Que los niños puedan acceder a la belleza y a la sensibilidad.Y eso es lo que se ha venido haciendo en Venezuela. Creo que el Sistema es un proyecto maravilloso que crea puentes. Nosotros necesitamos voces que nos unan y la música crea ese momento de unión.

“Yo dirijo desde los 12 años. Para entonces no tenía conciencia absolutamente de nada”, dijo Dudamel A.ACOSTA