Vía: abc.es | ESTEFANO RUSSOMANNO

Los sellos discográficos empiezan a mover ficha ante el que es el año del centenario de Sviatoslav Richter, uno de los más grandes pianistas de todos los tiempos

En la década de los cincuenta, Sviatoslav Richter fue el secreto mejor guardado del régimen soviético. Desde el otro lado del telón de acero llegaban a Occidente vagos rumores acerca de un pianista prodigioso, pero las informaciones se administraban con cuentagotas: un puñado de discos, algunos testimonios puntuales, el aval de otro portento del teclado como Emil Gilels («¡Esperen a escuchar a Richter!»).

La curiosidad del público occidental se vería satisfecha sólo en 1960, cuando Richter tenía ya cuarenta y cinco años. Las razones de este retraso se conocieron más tarde. Richter despertaba el recelo de las autoridades comunistas por diversas razones. Su padre era de origen alemán y los rusos lo habían ejecutado en 1941 bajo la acusación (falsa) de espionaje. Su madre había huido de la Unión Soviética y había rehecho su vida en la Alemania occidental. Asimismo, en su etapa como alumno del Conservatorio de Moscú, Richter había dado muestras de escasa disciplina y se había salvado gracias al apoyo incondicional de su maestro Heinrich Neuhaus (uno de los más distinguidos pedagogos rusos del piano), quien al escucharle tocar por primera vez había afirmado: «Este hombre es un genio».

Opiniones encontradas

En su primera gira occidental, Richter levantó opiniones encontradas, aunque poco a poco su figura terminó por encandilar a público y crítica. Asombroso era su virtuosismo, a la altura de la mejor tradición rusa (no hay más que escuchar sus legendarios registros de los Segundos de Brahms y Rachmaninov), pero como intérprete su estilo no encajaba en ninguna escuela.

Si hay un compositor en el que la genialidad de Richter se explaya sin rubor, este esSchubert. La caja «Richter plays Schubert Live» (Melodiya), con grabaciones en vivo de los años setenta, ofrece su perturbadora visión de la Sonata D 894. El primer movimiento le dura a Richter veinticinco minutos: ¡más del doble que a la mayoría de intérpretes!(dos schubertianos como Kempff y Brendel alcanzan los once y doce minutos, respectivamente)

Richter toma al pie de la letra la indicación «Molto moderato e cantabile» y la radicaliza. Por paradójico que parezca, es mucho más difícil tocar este movimiento con la lentitud extrema de Richter, porque obliga al pianista a otorgar un peso específico a cada nota y a cada acorde. Bordeando el estatismo como si de un abismo se tratara, Richter logra una versión indescriptible, ni monumental ni petrificada, donde el color tímbrico se convierte en protagonista. En el otro extremo, podría destacarse otra de sus grandes lecturas schubertianas, la Fantasía «Wanderer», donde Richter consigue una tensión y un aliento unitario como nadie había hecho hasta entonces.

Enormes contrastes

También el Schumann y el Liszt de Richter quedan para la posteridad. Pocos han sabido traducir las grandes arquitecturas schumannianas con ese tono de febril grandiosidad (Fantasía op. 17, Estudios sinfónicos). De su Liszt uno no sabría qué escoger: ¿tal vez los conciertos con Kondrashin a la batuta (Philips)?, ¿la Sonata en si menor? Menos conocidas, pero prodigiosas, son sus versiones de las tres primeras Valses oubliées, donde Richter se pone el guante de seda. En los trinos finales de la segunda Valse, Richter parece incluso quitarse el guante y frotar las cuerdas del piano directamente con las yemas de los dedos.

https://www.youtube.com/watch?v=bGSml96X7SU

https://www.youtube.com/watch?v=o0abaVG2KWM
Puede que el Beethoven de Richter esté un peldaño por debajo de su Schubert y su Liszt en cuanto a originalidad, pero hay una excepción:su incendiaria versión de laAppassionata, de enormes contrastes y con un último movimiento poseído por una furia devastadora. También ha sido un intérprete inigualado de todo el repertorio ruso:Chaikovski, Musorgski, Scriabin, Rachmaninov (del que ofrece un enfoque más pasional que sentimental) y Prokofiev, quien decía de él: «Cuando Richter toca mi música, tengo la impresión de escucharla por primera vez».
https://www.youtube.com/watch?v=C7thOFBAPPE

Dotado de una memoria y una facilidad pasmosas (preparó el estreno de la Sonata nº 7 de Prokofiev en tan sólo cuatro días), Richter poseía un repertorio inmenso, desde Bach hasta Shostakovich, y cultivaba con asiduidad el género de cámara (legendarias fueron sus colaboraciones con Oistrakh y Rostropovich). Nunca grabó de manera sistemática ni se ligó en exclusiva a sello alguno, por lo que su amplísima discografía se encuentra esparcida por todas partes.

Reagrupaciones

El centenario de su nacimiento (el próximo 20 de marzo) está propiciando reagrupaciones parciales de este grandioso legado. Además de la citada caja schubertiana del sello Melodiya (que tiene también en su catálogo una Edición Richter), Universal reúne enun cofre de cuarenta y nueve discos todos los registros realizados con los sellos Deutsche Grammophon, Decca y Philips. Esta caja saldrá a la venta la próxima semana, así como otra de Sony (Sviatoslav Richter – The Complete Album Collection): veintiún discos con todas sus grabaciones para RCA y Columbia. A ellas pueden unirse los catorce discos de Richter – The Master Pianist (Warner), con todos sus registros para Emi.

Hace unos años, cuando Deutsche Grammophon recopiló sus grabaciones, puso a Richter el título de «pianista del siglo». Aunque es imposible (e inútil) establecer un ránking de los más grandes pianistas, las versiones de Richter poseen todavía el impacto de un tsunami que, décadas después, no afloja su fuerza.