Escrito por Alejandro Ramírez García

General Víctor Maldonado Michelena (1921-2012)

Conocí al General Víctor Maldonado Michelena desde que ingresé a la Orquesta Sinfónica de Venezuela en 1971, pero a decir verdad, solo tuve contacto personal con él en la oportunidad en que nos fuimos de gira por cinco países latinoamericanos en 1980, como parte de la celebración del Quincuagésimo Aniversario de la institución. Siendo Asesor de la Secretaría de Seguridad y Defensa, el General Maldonado había intercedido por nosotros ante el gobierno nacional que presidía el Dr. Luis Herrera Campíns para que la orquesta realizara esa hermosa y exitosa gira. En ese año también le fue otorgado el distinguido título de PATRIMONIO ARTÍSTICO DE LA NACIÓN a nuestra orquesta pionera.Pero ya hacía tiempo que el General había establecido ese contacto, en primer lugar de seguidor y admirador de la orquesta, y luego como incansable promotor de la misma. En la década de los cincuenta ya era un “habitué” a todos los conciertos haciéndose acompañar por sus hijos, Víctor y Carlos, quienes desde temprana edad empezaron a familiarizarse con ese mundo maravilloso de la música académica. Dada su amistad con personajes importantes de nuestro medio musical como lo fueron Vicente Emilio Sojo, Pedro Antonio Ríos-Reyna, Ángel Sauce, Antonio Estévez y otros, tuvieron sus hijos la oportunidad no solo de conocer de cerca a los integrantes de la orquesta sino también a muchos importantes y hasta legendarios solistas y directores invitados, nacionales y extranjeros, que venían a presentarse en nuestros escenarios.

Ese interés por estar siempre involucrado con el mundo de la cultura lo heredó de su padre Víctor Maldonado Sarmiento, también militar, quien fuera además periodista y cultivara nexos de amistad con músicos, artistas plásticos, poetas y humoristas de su época.

La familiaridad con el mundo musical permitió que se sucedieran en su hogar momentos de excepción musical. En su casa tocó el guitarrista venezolano Rómulo Lazarde y bailó la inigualable Tatiana Reyna, entre otros. También reunió allí a los miembros de los “Cantores del Trópico”, Antonio Lauro, Manuel Enrique Pérez Díaz y Marco Tulio Maristany, reconocidos guitarristas y compositores. De esta agrupación fue mentora la muy reconocida compositora, promotora cultural y gremialista venezolana María Luisa Escobar, fundadora del Ateneo de Caracas (1931) y de la Asociación de Autores y Compositores (ASOVAC, 1947). El General sostuvo con ella una excelente amistad y utilizó algunas de sus composiciones, debidamente orquestadas y grabadas en un disco (LP) por integrantes de la Orquesta Sinfónica de Venezuela bajo la batuta del Maestro Pedro Antonio Ríos-Reyna, para la narración de la “Campaña y Batalla de Carabobo” en vistoso diorama en el propio campo con ocasión del sesquicentenario de dicha fecha independentista.

La influencia musical de su padre, quien tocaba el piano, le llevó a interesarse por el bel canto. En Buenos Aires, de viaje de estudios, perfeccionó su voz de barítono con el Prof. Aquiles Liety de la Escuela del Teatro Colón y de regreso en Caracas continuó su formación con la Prof. Teresa Hurtado.

Cuando fui nombrado presidente de la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela tuve la oportunidad de conocerle más de cerca y coincidíamos en Prados del Este con otros amigos y compañeros. Allí, en su “búnker”, como le llamaba yo, pasábamos horas de agradables sesiones de música escuchando y comentando sobre grabaciones y videos de interesantes conciertos de orquestas, solistas y directores de fama nacional e internacional que él escogía para nosotros de su vasta colección. Se trataba de una habitación que quedaba en la parte baja de la casa donde, además de bibliotecas y un lindo mueble con sus condecoraciones militares, había llegado a acumular excelentes equipos audiovisuales. En ese “búnker” pasaba innumerables horas escuchando a sus intérpretes favoritos.

Era una persona afable, buen conversador y le gustaba de cuando en vez contar chistes que departía con gracia. Nos contaba que a veces escogía la grabación de alguna obra que le gustaba en especial y se ponía a “dirigir” con partitura y batuta. De hecho, el General leía música y había recibido clases de dirección orquestal. Uno de estos relatos a los que aludía con frecuencia y muy a propósito, era que en cierta oportunidad que se encontraba en estas lides había llegado a visitarlo un amigo que era imponente de presencia y fuerte en el hablar. Beatriz, la esposa del General, mantuvo siempre su casa impecable de limpieza y orden, y le ayudaba en aquel tiempo en esos menesteres una señora delgada y de baja estatura de origen ecuatoriano. Al escuchar el timbre fue a abrirle la puerta al portentoso personaje quien preguntó de inmediato por el General. Ésta tímidamente le informa que el General estaba dirigiendo una orquesta en el estudio, a lo cual el inquisidor, entre sorprendido y burlón, le pregunta ostentosamente: “¿Dirigiendo una orquesta? ¿Qué orquesta ni qué orquesta, chica?”. A lo cual la inmutable mujer le contesta: “No estoy segura, señor, pero creo que es la Filarmónica de Berlín”. Como es del conocimiento de todo melómano, ésta era la orquesta que dirigía el cuasi legendario Herbert von Karajan.

Graduado el primero en su curso de la Escuela Militar de Venezuela en 1943 en la Promoción “José Antonio Páez”, durante su carrera militar obtuvo los ascensos que se confieren legítimamente a destacados miembros de esta institución y ejerció también algunos cargos gerenciales y administrativos. Esto le permitió fundar la “Banda Sinfónica de Conciertos de las FF.AA.” y en 1970, el “Coro del Servicio de Ingeniería Militar” del Ministerio de la Defensa que derivó en los “Madrigalistas Vicente Emilio Sojo” bajo la dirección del Maestro Ugo Corsetti.

Por otra parte, el General mantuvo relaciones amistosas y profesionales con figuras de las artes plásticas como el pintor y dramaturgo César Rengifo y el escultor Hugo Daini. De esta relación fecunda nacen los murales en mosaico veneciano en el Paseo de Los Próceres, y el conjunto escultórico vaciado en bronce “Monumento al Soldado Venezolano” en el Campo de Carabobo.

Podemos deducir que fueron diversas las facetas del General Maldonado como cultor, divulgador y promotor de cultura, además de las propiamente profesionales de militar e ingeniero civil. De hecho, poco antes de su postración y desenlace de vida, le fue publicado su último libro, “Triángulos Trascendentes”, que es un legado a las generaciones presentes y futuras para gerenciar la vida propia. También dejó inédito un libro sobre una visión actual del concepto de la Seguridad del Estado.

Como dije anteriormente, el General Maldonado tuvo un estrecho y armonioso vínculo con la Orquesta Sinfónica de Venezuela y por la asiduidad e interés promocional de sus actividades fue nombrado miembro del Consejo Superior Consultivo de la misma, cargo ad honorem que ejerció como miembro principal.

En los años 1987-88 se sucedieron acontecimientos terribles en la vida de la Orquesta Sinfónica de Venezuela; momentos durante los cuales la integridad institucional de la orquesta se vio amenazada por acciones del gobierno de turno. Fueron pocas las personas del mundo de la cultura que se avocaron o se atrevieron a defenderla abiertamente, ya fuera por temor a represalias presupuestarias para sus propias instituciones, por mezquindad artística o por simple desinterés. El General, con toda determinación, defendió la institucionalidad de la orquesta, valiente y denodadamente. Vale decir que gracias a la actitud noble, desinteresada y activa de innumerables compatriotas como el General VICTOR MALDONADO MICHELENA, personas de todas las tendencias ideológicas y profesionales, además de nuestro pueblo en la calle que asistió asiduamente a nuestras presentaciones en los múltiples escenarios en los cuales se presentó a lo largo de esos meses de fatídicas jornadas, hoy nuestra nación cuenta con la institución sinfónica de más larga trayectoria artística ininterrumpida de Latinoamérica, como lo es la ORQUESTA SINFÓNICA DE VENEZUELA, fundada en 1930 por el Maestro Vicente Emilio Sojo y otros ilustres músicos.

El 7 de setiembre de 2012 falleció el General Víctor Maldonado Michelena. Tanto para mi familia como para mí fue un penoso y triste despedir. Paz a sus restos y nuestro eterno agradecimiento por su valiosa amistad y por habernos dado el maravilloso regalo de su ejemplo como hombre convencido en la defensa de los valores fundamentales del ser humano.

Alejandro Ramírez García