Por Jorge Euclides Ramírez | EL INFORMADOR | Barquisimeto, 5 de Julio de 2015

Beethoven es el autor clásico más difícil de interpretar debido a las complejidades inscritas en sus conciertos y sinfonías, este genio revolucionó la música y su nombre está asociado a los más altos paradigmas culturales de la humanidad. Por ello el maestro Felipe Izcaray Yepez decidió montar este año 2015 lo mejor de sus obras para conmemorar por todo lo alto el 50 aniversario de la Casa de la Cultura de Carora, nido de sueños desde donde levantó vuelo para convertirse en uno de los más importantes directores de orquesta del mundo sinfónico venezolano.

Para poner en relieve este esfuerzo baste decir que solamente dos orquestas del Sistema Juvenil han logrado concretar este reto en honor a Beethoven, la de Caracas y la de Carora. Lo cual es algo significativo porque expresa el gran talento musical de este pueblo y al mismo tiempo la gran capacidad profesional y  el poder del maestro Izcaray para generar inspiración en los integrantes de la orquesta, con promedio de 15 años de edad.

CONFLUENCIA HISTORICA

Quien supo dimensionar a cabalidad el regreso del maestro Felipe Izcaray a su ciudad natal en rol de Prometeo para las nuevas generaciones fue el gran intelectual venezolano, José Manuel Briceño Guerrero, quien calificó este hecho como algo transcendental no solamente para Carora sino para toda Venezuela. Opinión que si no pudiéramos validar  en que este sabio (fallecido recientemente) es uno de los venezolanos cuya obra ha sido traducida en varios idiomas, podemos fundamentarla en lo que ha significado Carora  para la música orquestal  juvenil en nuestro país.

Es indispensable por ello repasar en panorámica los 50 años que cumple en este 2015 la casa de la Cultura de Carora, emblema físico de lo que ha sido una Revolución Cultural que teniendo a Juan Martínez Herrera como líder transformó un pueblo apacible en un volcán de inquietudes artísticas donde los niños y jóvenes de ahora han impuesto a Beethoven como un compositor de moda.

Todo se inicia a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo 20 con la llegada a Carora del odontólogo Juan Martínez Herrera y su esposa  Teresa Yepez Gutierrez, de la misma profesión y quienes venían a instalarse en la ciudad natal de esta última para crearse un espacio profesional. Pero al poco tiempo Juan Martínez Herrera abandonó este intento y se dedicó de lleno y sin paga a la creación de un Orfeón, lo cual logra y con gran éxito con el apoyo de Domingo Perera, Pedro Zaspe y Eduardo Izcaray Muñoz  entre otros. El aporte de Izcaray (padre de Felipe) fue la entrega de las partituras originales del Orfeón Lamas, del cual él había sido uno de los fundadores.

UN FESTIVAL PARA EL RECUERDO

A finales de esta década de 1960 se celebra en Barquisimeto el Primer Festival Folklórico de Lara. Carora deslumbra por la calidad de su representación con Alirio Díaz y Rodrigo Riera, los más importantes guitarristas venezolanos de ese momento, como líderes  y  la revelación de Don Pio Alvarado .Como Reina brilló  Norma Pinto, quien junto a María Magda Colmenarez y Rosario Anzola conformaron un trío de damas que se sembraron en el sentimiento larense y posteriormente han sido baluartes de la promoción cultural a nivel nacional.

Esta irrupción caroreña dentro del ámbito cultural y musical venezolano, con un Orfeón Carora que se presentaba a  sala llena en Caracas y las principales ciudades venezolanas, consolido al Municipio Torres ( para ese entonces Distrito) como una referencia insoslayable en el mundo artístico del país.

Simultáneamente  en los primeros años de la década de los setenta en el pueblo La Serena, cerca de Santiago, capital Chilena, un músico de nombre Jorge Peña desarrolla el proyecto de formar una orquesta sinfónica infantil    solamente con niños. Logra éxitos en su país y viaja con la orquesta a Cuba donde también recibe elogios y aplausos. Al instalarse la dictadura de Pinochet Jorge Peña es fusilado porque consideraron que por esta gira musical a  Cuba se había convertido en un espía comunista. De esta forma fusilan a Jorge Peña y también acaban con la orquesta sinfónica infantil.

El  músico chileno Sergio Miranda, corresponsable de este proyecto sinfónico, logra escapar a Venezuela y hace contacto en Barquisimeto con su connacional, el pintor Jorge Arteaga, quien le dice que el único capaz de apoyarlo en adelantar el proyecto sinfónico infantil en Venezuela era Juan Martínez Herrera, quien estaba desplegando actividades musicales inéditas en Carora.

Sergio Miranda hace contacto con Juan Martínez Herrera y este emocionado le da todo su apoyo al proyecto sin tener un céntimo de respaldo económico para aplicarlo. Pero como la  voluntad  atada a los sueños es el capital más poderoso que pueda tener el ser humano, entre ambos inician la romántica  cruzada de fundar en Carora una Orquesta Sinfónica Infantil sin contar para ello ni con instrumentos, ni profesores, ni sala de ensayos y mucho menos auditorio para conciertos. Pero tenían a Carora y a los caroreños y eso fue suficiente.

EL SALTO A CARACAS

A todas estas un grupo de estudiantes universitarios caroreños residenciados en Caracas conforman una Asociación Cultural que tenía como tarea principal darle apoyo a las iniciativas de Juan Martínez Herrera. Nació  ASOCACU (Asociación Carora Cultural), presidida por Jorge Euclides Ramírez y su primera actividad fue presentar en el Teatro Nacional a la Orquesta Sinfónica Infantil de Carora. Para mayor brillo de este acto se contó con la participación gratuita de Jesús Sevillano al igual que de la participación del maestro Felipe Izcaray  como director.

El concierto fue todo un éxito y el eco de este maravilloso evento recorrió con regocijo todos los ambientes del mundo musical caraqueño. Una de las más poderosas mensajeras de esta jornada fue Flor de  Estévez, quien logro emocionar a su esposo  Antonio y a José Antonio Abreu, quien para ese entonces iniciaba un proyecto sinfónico juvenil con la participación de doce violinistas con Frank Dipolo como ejecutante líder.

Tanto Antonio Estévez como Abreu estaban fuera del país al momento de la presentación en el Teatro Nacional pero nada más regresar a Venezuela y puestos en antecedentes del maravilloso espectáculo viajan a Carora. El maestro José Antonio Abreu amplia su proyecto original y con la asesoría de Hernán Jerez y Pedro Vargas inicia el viaje hacia la maravillosa realidad que es hoy día la Orquesta Sinfónica Juvenil.

Este fue por cierto el primer concierto donde participo el maestro Izcaray como Director de Orquesta, ya que su espacialidad en ese entonces era la música coral. Precisamente fue este gran maestro caroreño quien le hace entrega a José Antonio Abreu de un violín fabricado en Carora con restos de escaparate antiguo, el cual reforzó el incentivo de este ultimo para visitar Carora y sumarla como apoyo fundamental de la naciente Sinfónica Juvenil Venezolana, convertida hoy en una esplendorosa realidad con reconocimientos a nivel mundial.

EL PERIPLO DE NORMA Y FELIPE

Felipe Izcaray y Norma Pinto están entroncados con viejas familias caroreñas y por estas razones de cercanía tuvieron contacto desde muy temprana edad, hecho que se consolidó porque ambos pertenecieron al Orfeón  Carora y posteriormente fueron amigos de trato frecuente cuando viajaron a Caracas a cursar estudios universitarios  . Felipe está orgulloso de sus padres y reconoce que los valiosos contactos que tuvo su progenitor Eduardo Izcaray Muñoz le facilitaron su carrera como músico. En cuanto a Norma es  con jerarquía integrante del grupo Yepez, vocacionado a preservar los valores y tradiciones caroreñas.

Felipe estaba por graduarse de sociólogo en la UCV, carrera donde tenía altas calificaciones, cuando detenido por el cierre de esta casa de estudios por dos años, decide ir a estudiar Dirección Coral en la Universidad de Wisconsin. Previamente contrae matrimonio con Norma, quien en Estados Unidos cursa la carrera de Diseño Arquitectónico.

A su regreso a Venezuela la carrera del Maestro Felipe Izcaray tuvo un desarrollo fulgurante y quienes antes fueron sus protectores, como Antonio Esteves, Vinicio Adames y el propio José Antonio  Abreu, por nombrar solamente unos pocos, lo asumieron como uno de ellos y así Izcaray Yepez se consagró como una batuta estelar dentro de la música sinfónica venezolana. Entre sus muchas responsabilidades fue por algunos años Director asociado de la Orquesta Sinfónica Venezolana junto al Maestro Eduardo Marturet.

Pero no conforme con sus laureles y reconocimientos, el Maestro Izcaray regresa a Estados Unidos para cursar un Doctorado en Música Orquestal en la misma Universidad de Wisconsin. Estando allí le fueron ofrecidos cargos de director de orquestas  en importantes capitales pero opta por venirse a Venezuela en donde prosigue su labor como uno de los más destacados maestros de la música clásica de nuestro país.

Por razones atinentes a la salud de Norma la pareja se radicô en Merida, donde ambos cumplieron una tarea ciclópea al organizar todo un movimiento cultural por el cual se fundaron orquestas y se amplió el universo de posibilidades artísticas de esta región.

VUELO A SALTA

Estando en Mérida la Gobernación de Salta, en Argentina, abre un concurso solicitando un director que pudiese crear una Orquesta Sinfónica en esta provincia. Participaron músicos de Europa y Estados Unidos y “por no dejar” el Maestro Izcaray decide rankearse a estos niveles e introduce sus papeles. Lo llamaron para entrevista y audición y entre varias decenas de aspirantes su nombre fue seleccionado.

En Salta permanece por varios años y con la orquesta creada por él recorre todo el territorio argentino llenando los teatros y recibiendo ovaciones emocionadas del público gaucho. Pero nuevamente siente nostalgia por Venezuela y acepta el ofrecimiento de dirigir la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado Nueva Esparta. Teniéndolo tan cerca su amigo  Cecil Alvarez, insigne promotor cultural de Carora y amigo personal de José Antonio Abreu, logra mediante un  largo proceso de persuasión  que el Maestro Felipe Izcaray se instale en Carora y sea el héroe Odiseo en la celebración de los 50 años de la fundación de la Casa de la Cultura y el Orfeón Carora, contando para ello con el apoyo indispensable de su esposa Norma quien está en la Presidencia de esta instalación cultural.

BEETHOVEN HASTA EL LLANTO

El Sistema de Orquestas Juveniles en el Municipio Torres agrupa aproximadamente a 4.500 niños, de ellos 2.500 asisten casi diariamente a la Casa de la Cultura para recibir clases. Hay varias orquestas, la principal cuenta con 80 músicos con promedio de 15 años de edad, descollando unas niñas de nueve años quienes con destreza asombrosa tocan violín y cello.

Luego de la entrevista el maestro Izcaray nos invitó al ensayo de la Heroica. Allí Carora se transformó en sonoridad majestuosa, en territorio colindante con la inmortalidad del arte supremo. Al terminar el primer movimiento, los músicos, esos mágicos niños caroreños, miraron hacia donde estábamos sentados Cecil Álvarez y este humilde periodista, quienes no podíamos aplaudir porque tan emocionados estábamos que nuestro único tributo a la grandeza musical de Felipe y su Orquesta fueron lagrimas.

Con la misma pluma de hace 50 años Felipe Izcaray continua escribiendo la historia que comenzó Juan Martínez Herrera. Carora, siempre Carora. Tenía y tiene razón el sabio José Manuel Briceño Guerrero, esta ciudad es un Portal de esperanzas donde los sueños se hacen realidad.