Vía AVN | Escrito por Christian Gutiérrez Velasco

Elisa Vegas

Elisa Vegas

Jovial, fresca y segura, con sus ojos azul intenso, se presenta Elisa Vegas, mujer que con tan solo 27 años tiene la labor de liderar la batuta de la Orquesta Sinfónica de Chacao como directora tutelar, lo que la ubica, como ella misma afirma, en la corta pero privilegiada lista de la dirección orquestal femenina del Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Elisa Vegas

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Con una madurez que contrasta con su rostro jovial, la clarinetista caraqueña, quien ya cuenta con una sólida carrera musical, se describe como una profesional centrada, capaz, estudiosa y sobre todo dispuesta a mantener el crecimiento musical dentro del mundo sinfónico que siempre ha sido representado por figuras masculinas.“Tener una buena preparación no significa que se deba ser mejor a la de los hombres; pero hay que estar bien plantada, ser muy buena y estudiar. Pienso que en Venezuela cuesta un poquito dominar ese mundo, pero no me enfoco en eso. Pienso en lo afortunada que he sido y que mi preparación ha dado buenos resultados”, comenta.

Elisa Vegas

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Bajo esa premisa de vida se ha consolidado una trayectoria musical que comenzó cuando Elisa contaba con tan solo cinco años de edad, cuando ingresó al conservatorio musical para aprender los acordes del piano. Años después se toparía con el clarinete, instrumento que la acompañaría en su pasión musical.

Elisa Vegas

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“El hecho de tener un padre melómano y productor de música popular y jazz me ayudó a meterme en este mundo. En mi casa desde que yo era muy niña se escuchaba música durante todo el día. Me encantaba ir a mis clases musicales. Desde ese entonces nunca tuve dudas en saber que lo mío era eso. Cuando fui a inscribirme en la universidad después del bachillerato no sabía qué poner de opciones académicas. En ese momento sentí que mi vocación era la música”, relata risueña.

Su llegada a la dirección orquestal fue de manera fortuita: su oportunidad surgió cuando presa de la curiosidad acompañó a un amigo pianista a sus clases de dirección, y estas empezaron a gustarle más de lo esperado.

Sin embargo, fue la invitación a un curso musical en Puerto La Cruz (Anzoátegui), donde la magia de la batuta se apoderó de las manos de la entonces jovencita de 19 años, que fue seleccionada para dirigir el concierto final de la actividad. “Ese momento en que me paré a dirigir hubo una chispa, como una energía que se apoderó de mí y me hizo seguir el camino de la dirección”, dijo.

Posteriormente, la orquesta de Chacao, aquella donde se formó durante toda su niñez y adolescencia se convirtió no solo en su centro de enseñanza, si no en el lugar donde hasta el día de hoy dirige a los músicos que integran el grupo infantil y juvenil del sistema municipal.

En ese contexto, su rol como mujer y directora influye desde diferentes perspectivas; la primera como guía y educadora de jóvenes que van desde los cinco hasta los 23 años, y la segunda como compañera y amiga de sus pupilos.

“Es un trabajo de constancia pero a la vez es muy bonito porque todos vamos creciendo juntos. Se termina creando una familiaridad, una hermandad. Uno tiene una responsabilidad muy grande, sobre todo al trabajar con niños porque terminamos siendo sus ejemplos. Intento que no haya desorden en los ensayos. Si hay que ser estricto se hace, pero casi siempre la dinámica es relajada, con la cordialidad por delante”, explicó.

Al hacer un balance sobre su experiencia en el mundo musical relata convencida que ha contribuido a darle otro toque a su profesión, que va desde el hecho de ir ataviada con vestidos y tacones a los recitales hasta la conexión que siente con sus músicos cuando entra en escena, la cual, a su juicio es totalmente distinta a la que podría sentir un hombre.

“Dirigir siendo mujer significa aprovechar la feminidad. Los gestos son distintos, pueden ser más dóciles o delicados y hay que aprovecharse de eso. Quizás hasta las melodías pueden sonar distinto. Pienso que ser mujer no impide hacer buena música”.

Visualizarse dentro de 10 años no es uno de sus fuertes, y eso, según explica, se basa en que su vida ha estado signada por las oportunidades inesperadas que le han permitido dirigir orquestas como la Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Juveniles de Maracaibo, Falcón, Táchira y Mérida, así como, la Orquesta Municipal, Filarmónica Nacional y Gran Mariscal de Ayacucho.

También cuenta con trabajos en la dirección de obras como La novicia rebelde y El cascanueces, las cuales han contado con gran aceptación dentro del público capitalino.

Por ahora, la directora está enfocada en sus estudios de Arte en la Universidad Central de Venezuela, así como en sus próximos proyectos, entre los que se encuentra la zarzuela Los gavilanes, que presentará desde este fin de semana en el teatro del Colegio María Auxiliadora, en Altamira.

“No pienso en el futuro tan lejano. Intento prepararme para lo que venga. Seguramente eso me llevará a otros lugares y eso es lo importante. Quiero ser más profesional e instruida que ahora. Realmente es así como me veo en 10 años”, agregó.