“Trato de que los jóvenes no solamente toquen notas sino que hagan música, eso es lo más importante”

Gábor Tarkövi

Gábor Tarkövi

Esztergom o Estrigonia se encuentra en Hungría, a orillas del río Danubio. Está a unos 50 kilómetros de Budapest, en la frontera con Eslovaquia. En esa ciudad nació el trompetista Gábor Tarkövi (1969), quien se encuentra en Venezuela dando unas clínicas de su instrumento y para ofrecer un concierto junto a la Sinfónica Simón Bolívar, dirigida por Diego Matheuz, este sábado a las 11:00 am en el Centro de Acción Social por la Música de Quebrada Honda.

El recital de la primera trompeta de la Filarmónica de Berlín cierra la semana dedicada a este instrumento de viento, en una programación que inició este martes. Tarkövi será el solista en el Concierto para trompeta y orquesta en la bemol mayor de Alexander Grigori Arutiunian.

“Estoy muy emocionado de tocar con esta orquesta que he escuchado en Berlín. Conozco también a Gustavo Dudamel porque nos ha dirigido en la Filarmónica”, comenta el músico, traductora mediante. “Esta obra es una historia trágica porque el autor la escribió para alguien que murió en la Segunda Guerra Mundial. Se estrenó en 1950. El autor es armenio y ha hecho muchas canciones populares con su folklore. La pieza es un paso muy importante para el estudio de la trompeta y para mi, es una de las más bonitas”.

Gábor Tarkövi viene de varias generaciones de músicos populares y académicos. “El abuelo de mi abuelo era músico en su pueblo, tocaba trompeta por hobby y mi abuelo, que nació en 1912, enseñaba en su pueblo todos los instrumentos, fue autodidacta también. Mi padre y mi hermano estudiaron trompeta. Tenemos un grupo familiar donde tocamos música en funerales y bodas. Así que la música para mi siempre estuvo en casa, siempre alguien tocaba algún instrumento. Entonces no sé cuándo fue que toqué la primera nota en la trompeta”, recuerda.

Dice que “oficialmente” comenzó a tocar trompeta a los 10 años. La verdad es que fueron muchos los obstáculos que tuvo que sortear. “Cuando tenía 6 años quise inscribirme en la escuela de música para niños. Cuando fui a la escuela me dijeron que no había cupo para trompeta sino para piano, entonces dije ‘Ok, toco piano’, pero no había piano sino acordeón, entonces practicaba en este la mano derecha. En una escuela de mi pueblo había piano y allí pedía practicar a veces. Después de dos años de piano, mi papá dijo que debía estudiar clarinete porque nadie en la familia lo tocaba. Pero yo no quería, así que le dije al profesor que prefería la trompeta, entonces estudié un año solamente”. Y es que el pequeño aprovechaba cuando su hermano ensayaba para robarle la trompeta y tocar algunas melodías.

No sabe en realidad a qué se debe este amor por el instrumento, “quizás lo he heredado, porque todos en mi familia tocaban trompeta”.

En las clínicas que ofrece desde anteayer, Tarkövi trata de transmitirle a los jóvenes todas las cosas que lo han llevado a donde está hoy en día, lo que considera importante en su trabajo diario. “Trato de que los jóvenes no solamente toquen notas y que la trompeta produzca sonidos metálicos sino que hagan música, eso es lo más importante”.

Uno de los maestros del Sistema interviene en la conversación porque le parece “un poco incómoda” la pregunta “¿No le interesa la Deutsche Grammophon, sello que no lo ha firmado como solista?”, así que sencillamente el invitado se limita a hablar vagamente de su colega venezolano Francisco “Pacho” Flores, a quien no conoce personalmente. Afortunadamente, dicho maestro no era el traductor.