Por GILLESPI | larazon.com.ar

Vivimos tiempos vertiginosos. La gente está apurada. Nadie tiene tiempo. Las cajeras de supermercado cada vez tienen más cola esperando. Los peajes son combatidos por ruidosos bocinazos. La anciana con bastón debe cruzar velozmente en medio de los insultos. La vida es así.

Rivorecords

Rivorecords


También existe la gente que vive bien. No en la gran ciudad. En las afueras.

Aquellas personas riegan el césped. Toman mate en la vereda y jamás ponen cuarta en sus autos. Todo es lento. Plácidamente lento ¿Qué papel juega la música en estos tiempos?

Básicamente, la música sería un funcional soundtrack de la vida cotidiana. Canciones sencillas y preferentemente conocidas (que nos hayan conquistado a fuerza de repeticiones). Como dicen en mi barrio “las canciones que suenan en la radio”. En pocas palabras, todas aquellas canciones que nos imponen los sellos discográficos.

Los tiempos han cambiado. La gente ya no escucha los álbumes (antes llamados long plays), más bien escuchan canciones sueltas. Así también se comercializan en iTunes y otros soportes de venta electrónica. Por canción. La idea es sólo escuchar las canciones exitosas evitando el horrible trastorno de aquellas menos comerciales y previsibles. Sería algo así como vivir sólo los momentos alegres de la vida, dando de baja los momentos tristes, melancólicos o de duda existencial. Vivimos en el modo “Pum para arriba”.

Los músicos, aquellos que toman la música como un compromiso personal y espiritual además de un modo de vivir (una definición mas cercana a vivir para la música, más que vivir “de” la música). Esos músicos que no responden a modas o clichés, que se dedican a la música clásica, o al tango instrumental o al jazz, están atravesando la mayor crisis de los últimos años. Este tipo de música ha perdido definitivamente la batalla por existir. Socialmente, el interés por difundir o promover estas manifestaciones artísticas es nulo. No suenan en las radios y mucho menos en la televisión.

Los sellos discográficos, son en el fondo (también en el frente) empresas comerciales. Su supervivencia depende exclusivamente de la venta de discos, motivo por el cual cada vez arriesgan menos en productos dudosos o que impliquen un exagerado trabajo de posicionamiento en el mercado. El jazz lleva varios años de abandono discográfico y la mayoría de los músicos viene financiando sus discos de sus propios bolsillos. Literalmente, pagan absolutamente todo con su dinero (estudio de grabación, costos, mastering, arte e imprenta de las láminas, fabricación de los cds y distribución). ¿ Quién podría invertir dinero en algo tan devaluado como el jazz?

En este sentido, existe un prestigioso abogado de nombre Justo Loprete, quien hace varios años se dedica a mecenazgo de músicos de jazz. “En algo tengo que perder la plata..”, suele decir Loprete por lo bajo.

Hace un par de años inauguró un sello discográfico dedicado exclusivamente al jazz. Lo bautizó Rivorecords. Quizás en irónica alusión al popular Rivotril ya que edita música que puede resultar balsámica o terapéutica para quien la escucha.

Paradójicamente, en medio de semejante abandono, la escena jazzística argentina goza de inmejorable salud. El semillero de jóvenes artistas coloca a Buenos Aires como una capital mundial del jazz y los mismos músicos extranjeros confirman el excelente nivel de los músicos locales. Logran emerger en medio de las dificultades cotidianas para obtener la excelencia como solistas. Mantienen sus sueños intactos a pesar del desánimo generalizado. En muchos casos con la certeza de que nadie (excepto Rivorecords) va a editar sus composiciones.

Así es como lo mejor del jazz actual se ha corporizado en la colección de Rivorecords. La única condición es que los discos sean concebidos “a la antigua”, es decir grabados en vivo y directo en un día o dos como máximo, tocando todos los músicos a la vez y eligiendo posteriormente la mejor versión entre las registradas. Es decir que Loprete ha tratado de conservar la forma artesanal de grabación previa a los años 70. Es necesario destacar a varios artistas fetiches del sello. El trompetista Mariano Loiácono es uno de los mejores talentos actuales y ha grabado varios discos para el sello. También el excelente pianista santafesino Francisco Lo Vuolo como así también la gran Paula Schocron o el consagrado Adrian Iaies y los excelentes saxofonistas Ricardo Cavalli, Gustavo Musso y Carlos Lastra. Mas información en www.rivorecords.com