Por: Juan Carlos Piedrahíta B. | elespectador.com/

Entre los antecedentes del cantante están dos jornadas consecutivas de ovación en la Metropolitan Opera de Nueva York y otras veladas memorables en el Teatro Real de Madrid. Hoy se presentará en el Teatro Mayor, en Bogotá.

De niño, Javier Camarena no estuvo rodeado por música clásica ni tuvo tampoco una integración muy profunda con los sonidos folclóricos de su país. Durante sus primeros años escuchaba con juicio rondas infantiles y luego aparecieron en sus oídos bandas como Parchís y Timbiriche, una escena sin duda repetida en la existencia de cualquier mexicano del común. Sin embargo, y así es como explica el tenor el comienzo de sus dos décadas exitosas de carrera, el gusto por los grandes compositores clásicos venía con él.

Ningún familiar tiene relación con el oficio, ni siquiera sus padres podrían catalogarse dentro de lo que se conoce como melómanos. Se escuchaban boleros, baladas y rancheras en la sala de su casa, pero no era un ejercicio constante y dedicado. De un momento a otro, por razones de su propia cosecha infantil, Javier Camarena pidió que lo llevaran un domingo a un concierto didáctico de la Orquesta Sinfónica en Xalapa (Veracruz), su ciudad natal. Luego, esa solicitud se le convirtió en un hábito.

En esas terapias de encuentro con él mismo conoció a Pedro y el lobo, de Serguéi Prokófiev (1891-1953) y escuchó por primera vez Bolero, de Maurice Ravel (1875-1937). Se fue interesando por las aristas académicas de la música y se sorprendía cada vez que un cantante lograba aproximarse al cielo con su voz. Ver a los demás volar con suficiencia sobre el escenario fue una invitación para hacerlo también.

“Creo que lo que une la música clásica con las manifestaciones populares es el componente sentimental. Hoy canto ópera, pero no se me olvida que crecí escuchando a Jorge del Moral y también a Armando Manzanero, quien hace parte de nuestro acervo popular en lo relacionado con la canción, el bolero y la balada. Como artista, jamás he dejado de lado la interpretación de las tradicionales de mi país, porque siento mucho placer en prestar mi voz para eso. Incluso con Manzanero acabamos de lanzar un disco: se llama Serenata y fue grabado en vivo en la sala Roberto Cantoral”, cuanta Javier Camarena, quien piensa que los tenores latinos sobresalen porque viven con intensidad el amor y lo expresan sin medida.

El artista mexicano ha cantado bajo la conducción de los más importantes directores de la escena clásica. Para él, la experiencia de compartir escenario con Claudio Abbado (1933-2014) ha sido la máxima oportunidad para crecer y consolidarse. Con el italiano fundador de la Mahler Chamber Orchestra aprendió cuán sublime puede ser la música y hasta dónde puede transportar no sólo a quienes la escuchan sino también a quienes tienen la dulce misión de interpretarla. Con Abbado cantó una misa de Franz Schubert (1797-1828) y después de esa ejecución supo que era posible conmover.

La guía de Abbado y de otros personajes, como el director indio Zubin Mehta, fue fundamental para que Javier Camarena tuviera dos presentaciones memorables en la Metropolitan Opera de Nueva York, con la interpretación de Ramiro en el montaje de La Cenerentola, de Gioachino Rossini (1792-1868). La ovación se repitió algunos meses después en el Teatro Real de Madrid, esta vez con su interpretación de la pieza La hija del regimiento, de Gaetano Donizetti (1797-1848).

“Para mí, esos dos momentos representan recuerdos imborrables. Fueron noches extraordinarias de ópera. Todo el público de la Met me ovacionó y me contagió su emoción. Yo me entregué con todo sobre las tablas y la gente también me brindó su cariño con generosidad. Cuando uno está en escena se da cuenta de la reciprocidad que existe entre el público y el artista. Después, lo que sucedió en Madrid es indescriptible. Fueron energías muy especiales, muy mágicas, y para mí son la recompensa por estar dos décadas trabajando en la lírica”, dice el tenor mexicano que disfruta la realización de roles cómicos porque con ellos puede explorar sus condiciones histriónicas.

Antes de sus noches exitosas en Nueva York y Madrid, Javier Camarena participó en el Cartagena Festival Internacional de Música, en su edición correspondiente a 2014. Durante el evento representó a Ramiro en La Cenerentola y también tuvo que regresar varias veces al escenario porque los asistentes no lo querían dejar ir.

“Recuerdo a la perfección los conciertos en Cartagena. Ese montaje significó un gran esfuerzo para llevarlo a cabo, porque fueron necesarios arreglos especiales en el Teatro Adolfo Mejía para abrir el foso, que había estado clausurado durante varias décadas. Fue hermoso porque me dijeron que fue la primera ópera realizada allí después de muchos años. Ojalá en Bogotá también me vaya muy bien, porque tengo muchas expectativas de cantar en el Teatro Mayor”, comenta el mexicano.