EFE |Gaspar Ruiz-Canela

El maestro argentino Rodolfo Mederos, al bandoneón, y el director venezolano Carlos Izcaray, al mando de la Orquesta Sinfónica de Bangkok, sedujeron anoche al público de la capital tailandesa con algunas de las piezas más bellas del tango.

Carlos Izcaray

Carlos Izcaray

El maestro argentino Rodolfo Mederos, al bandoneón, y el director venezolano Carlos Izcaray, al mando de la Orquesta Sinfónica de Bangkok, sedujeron anoche al público de la capital tailandesa con algunas de las piezas más bellas del tango.

Al son de “La biblioteca” de Berto, “El porteñito” de Villoldo o “Melodía de arrabal” del Gardel, el espectáculo también contó con la coreografía de los bailarines Julieta Biscione y Roberto Castillo, en el Centro Cultural de Tailandia.

El programa repasó temas de la historia del tango, de Piazzola, Bardi o el propio Mederos, incluidos en “Noche Porteña”, un disco grabado entre 2010 y 2011 con la complicidad musical del genial bandoneonista rioplatense e Izcaray.

“Esta propuesta nació no de un compromiso ni de nada ajeno a un sentimiento. Teníamos ambos, el maestro Izcaray y yo, deseo de este proyecto. Eso es lo que me pone feliz”, explicó a Efe Mederos, eminente porteño y tanguero de 73 años.

El maestro argentino, que compartió escenario con los genios Piazzolla y Pugliese, precisó que vino a Tailandia a interpretar el tango “netamente rioplatense”, que al mismo tiempo puede satisfacer las “necesidades” de cualquier ciudad del mundo.

“Picasso decía, ‘pinta tu aldea y serás universal’. La universalización de algo me suena a ‘mcdonalizacion’, a la Coca-Cola que está en todos lados. La música tiene que ser genuina y pintar el lugar de donde es”, precisó el argentino.

Así, Mederos e Izcaray bucearon en el estilo más porteño con “El porteñito”, “Volver”, “El día que me quieras”, “Por una cabeza”, “Nunca tuvo novio” o “Memorias y olvido” en las que exprimieron todo el jugo melódico del tango.

“El tango es una forma de entender la vida, es música, baile y poesía. Hoy sólo falta la letra, la poesía”, dijo el argentino en un momento del concierto.

El bandoneón, un instrumento de origen europeo parecido al acordeón, arrancaba suspiros entre los asistentes al espectáculo y llenaba la oscura sala del timbre inconfundible, que el compositor argentino comparó a lo que el clavecín era en la música barroca.

La complicidad de la orquesta y la bella coreografía de Biscione y Castillo, ella sensual y brillante y él exhumando elegancia y seducción, terminaron de definir la atmósfera eminentemente porteña.

Previamente, Mederos quiso desmentir el malentendido de haber declarado la defunción del tango.

“Como la música barroca o clásica, el tango terminó su ciclo. Está terminado como una pintura y querer agregarle rayas es como ensuciarla. Ya está. Pero el tango ha llegado a su punto más alto, no a su fin”, aclaró el bandoneonista argentino.

“El tango ya no tiene la vigencia que tuvo en su época dorada de los años 40 y 50”, reiteró el argentino, que ha colaborado con músicos como Daniel Baremboim y Joan Manuel Serrat y compuesto música para distintas películas.

El maestro Izcaray coincidió con su respetado colega y amigo en que el tango es hijo de la nostalgia que expresaban en el puerto bonaerense los inmigrantes españoles, italianos o alemanes que terminaron creando un estilo musical híbrido.

“Muy distinto a la fusión actual, que es un producto de ‘marketing’, con caras bonitas, nacido de la cúpula empresarial y no del pueblo, por lo que no tiene ser”, manifestó el venezolano, que a sus 36 años ha sido distinguido con varios galardones en América y Europa.

“Con este disco hemos realizado un viaje en la historia del tango. Lo más difícil de dirigir ha sido no que ejecuten la parte técnica, sino el reto de que expresen el sentir del tango. Músicos acostumbrados a los estándares de Verdi o Wagner”, afirmó.

“El tango es la nostalgia de los inmigrantes alemanes, italianos, franceses, que pusieron sus tradiciones musicales, así como la poesía de la letra española. Tango no es baile, música o poesía, es la expresión de una cultura”, manifestó Izcaray.

Al final del concierto, Mederos interpretó su obra “El hombre que sueña”, dedicada al revolucionario argentino Ernesto “Che” Guevara, pero la insistencia del público emocionado obligó a los artistas a interpretar dos temas adicionales no incluidos en el programa.

Los asistentes se dejaron cautivar por el tango que expresa, en palabras de Mederos, “las lágrimas que humedecen las notas”, o que resume la canción como “primero hay que saber sufrir, /después amar, después partir /y al fin andar sin pensamiento”.