Cuando alguien le dice: ¡Qué horror el reggaetón! Ella responde: “Tampoco te sabes las nueve sinfonías de Beethoven”. https://www.milenio.com/estilo/chic/el-swing-latino-de-victoria-sanchez

Por ELLIOTT RUIZ |Vía www.milenio.com
Fotografía Carlos Dayán

Quizás son estructuras artísticas distintas, pero se trata de la expresión del ser. “No hay música buena ni mala, es un estilo como en todo arte”, explica la directora de orquesta, pianista, cantante y actriz. Con todo y su formación musical en el Conservatorio de Música Simón Bolívar, Victoria ama la salsa y últimamente ha escuchado mucho hip hop. “Es lo que siento que hay que explotar en los niños y jóvenes, esa sensibilidad que está ahí y no sabemos cómo ni por qué está”, así habla de ese ritmo que caracteriza a los latinos. 

Nacida en Caracas, Venezuela, llegó a México por invitación de Gaétan Kuchta, director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

“Vengo de una familia muy humilde, de un barrio; ahí entré al Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, un proyecto de rescate social a través de la música. Básicamente estoy en la música desde los cuatro años”, cuenta. No hay ningún músico en su familia, pero su papá tocaba el cuatro, y con eso la guió en sus primeros pasos. “Conocí las orquestas y al maestro de dirección que se llama Eduardo Marturet, director de la Miami Symphony, quien me ha entrenado en la carrera de Dirección de Orquestas”.

Fue a través de LinkedIn que Gaétan la contactó. “No le respondí porque pensé que era un chat de esos de ‘hola, ¿qué hace?’”, bromea. “Me investigó; estaba buscando directoras para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Me pasó la invitación, yo vine; trabajé 20 días y me fui”, explica. 

Parecía que la vida seguiría como de costumbre; Victoria volvió a su núcleo en el barrio La Vega, pero Kuchta la volvió a invitar. “Fuimos a tocar en municipios y fue cuando me hicieron la propuesta de quedarme. Fui conociendo la universidad y me reinventé en México”. 

Su meta es sembrar un proyecto inspirado en el sistema de orquestas venezolano, pero a nivel universitario. No sabe hasta cuándo estará aquí. “Ni siquiera pensaba llegar”, ríe. “A mí me encanta México, me siento feliz, me encanta la gente, la comida; hasta que cuaje este proyecto me voy a ir”, revela.

De forma paralela está trabajando en la División de Extensión de la Cultura de la UAEH; ella lleva el Programa y Red Universitaria de Extensionistas, donde coordina la extensión de la cultura en diferentes dependencias de la casa de estudios. 

“Es como una misión de vida para mí, por el sitio de donde vengo y por cómo crecí. Es a través del arte, es el lenguaje que hablo”, dice. “Dirigir una orquesta es como leer Romeo y Julieta, saber quién entra y quién sale, cómo es Julieta o cómo es Romeo, con qué intención te va a decir ‘te quiero’; el tema es qué hay detrás de ese texto, es totalmente energético”.