Alejandro Carreño tiene 31 años y, desde su niñez, lleva los ojos poblados por  la mansedumbre de las montañas trujillanas.  Pero  desde la juventud, cuando comenzó a formar parte de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel, la mirada se le ha rebosado de ovaciones en afamados teatros de muchos países.

Vía: www.panorama.com.ve/   Por Yesenia Rincón Castellano

Alejandro Carreño tiene 31 años y, desde su niñez, lleva los ojos poblados por  la mansedumbre de las montañas trujillanas.  Pero  desde la juventud, cuando comenzó a formar parte de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel, la mirada se le ha rebosado de ovaciones en afamados teatros de muchos países.

En la fila de violines de la “Simón Bolívar”,  él está al frente, es el concertino. También es el primer violín del Cuarteto Simón Bolívar, que en el  2012  grabó un disco con grabó su primer disco para el prestigioso sello discográfico Deutsche Grammophon y de inmediato hicieron una gira de mes y medio por Japón y Corea.

Por tanto, el violinista Trujillano llegó en la mañana de ayer  a Maracaibo para participar en el concierto inaugural del Festival de  Jóvenes Violinistas del estado Zulia 2016, que será desde hoy al 1 de julio. Esta noche, a las 6:00 pm,  cerrará la gala inaugural del evento en  el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez.

Está acostumbrado  a los vítores, a la firma de autógrafos de su disco en el extranjero, y a las preguntas por el Sistema, por la Orquesta Simón Bolívar y por ser cercano aDudamel, con quien compartió atril desde niño, cuando integraron la primera Orquesta Sinfónica Nacional Infaltil.

“¡Es una locura! Acabamos de estar en Salzburgo, donde hicimos dos funciones de ópera,  y vamos a hacer seis  este año, y esas entradas se agotaron desde hace un año. Nuestra orquesta y el maestro Dudamel  desatan una locura en el público de otros países y siempre los auditorios a los que vamos  estan colmados en su capacidad. El interés que despierta el Sistema en el mundo es algo milagroso”.

De Dudamel, uno de los  rostros más visibles  de esa “locura” llamada Sistema Nacional de Orquestas y Coros de Venezuela, Carreño defiende: “Él es un gigante. Un maestro de maestros. Sin que me quede la más mínima duda. Él dice con humildad que no es tan buen violinista. Pero es mentira, yo estudié con él y siempre fue en la academia sobresaliente. Y como director también sobresalió siempre”.

La amistad y la admiración pueden influir en su aseveración, pero Carreño esgrime: “Somo amigos fuera de la orquesta, y dentro somos hermanos de una misma familia, pero hay un gran respeto, él es el director.  Y puedo afirmar que ninguno de los grandes maestros de la dirección, como Simón Rattle o Claudio Ábbado, han conseguido lo que él ha conseguido a sus 30 años. Imegínense lo que Gustavo hará cuando tenga la edad de ellos, más de 60 años”.

Alejandro diluye su marcado acento andino cuando habla con autoridad de músico, porque se vuelve universal. No había forma de escapar a un destino musical, pues es pariente de la gran Teresa Carreño, sobrino lejano del maestro Inocente Carreño e hijo de Gregory Carreño, uno de los fundadores del programa educativo y musical venezolano en Trujillo. Por eso, su ingreso a la primera Orquesta Nacional Infantil fue de la mano del maestro Ruben Cova, coordinador del Sistema en el Zulia.

“Mi papá nos llevó al núcleo a los 7 años, a mi hermano y a mí, y nos mostró un video de la Orquesta Nacional Infantil  y dijimos de inmediato: ‘queremos entrar’. Yo vi en ese video  el compartir y gozar con todos esos niños con un instrumento en la mano y me contagié de esa alegría para siempre”.

De la enseñanza que le deja crecer y vivir en un entorno embedido del Sistema reflexionó: “Necesitamos un país donde no todos sean músicos, sino que todos hayan pasado por la filosofía del Sistema, donde el mayor valor es  la orquestación con el otro, para conseguir la la armonía”.