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De repente, un día los móviles dejaron de sonar.

El Nokia Tune ("Tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii") cumple 20 años sin saber si ha sonado por última vez

El Nokia Tune (“Tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii”) cumple 20 años sin saber si ha sonado por última vez

Quizá estás leyendo este inicio en el ordenador del trabajo, en un tiempo muerto. Has entrado a que te expliquen cómo seducir y has sentido que vamos a morir todos al leer el título, pero esperas que este inicio tontorrón acabe pronto. O quizá estás en el móvil, mientras esperas el autobús. Si vives en Madrid y estás esperando al metro, no te preocupes, te dará tiempo a acabarlo. O quizá estás en casa, por la noche, con una tableta. Un amigo ha retuiteado el enlace y has dicho, anda, el móvil del Tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii .

Estés donde estés, no te has dado cuenta de eso. El silencio.

No hay Tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii, ni himno del Atleti, ni Star Wars, ni Paquito el chocolatero, ni Papi Papi Papi chulo, ni tirurururu, titirurururu, Ave María, cuándo serás mía. Hace no tanto tiempo, era imposible estar en la oficina, el metro o, en casa, pecando incluso, sin que no sonase algo. Vuelve a mirar alrededor y trata de recordar todos esos tiririri, tirurirus y tiriruris saliendo de los bolsos y los bolsillos, y da gracias al dios de la telefonía por haber acabado con esa época.

Todo comenzó hace 20 años, pero vamos a retroceder dos más, 1992. Ya habían pasado cinco años desde que Oliver Stone mostrara a Gordon Gekko hablando por un móvil del tamaño de una paletilla ibérica y los aparatos comenzaban a popularizarse. Sin embargo, su público era reducido y muy parecido a Gekko: ejecutivos, profesionales y, en general,gente de traje y corbata. El precio de los aparatos y las llamadas también ayudaban a hacerlos exclusivos. La publicidad de los móviles era muy masculina, y solía usar una música contundente para ofrecer triunfo.

Ese año, Nokia escogió una obra clásica, el ‘Gran Vals’  de Francisco Tárrega, para promocionar su nuevo modelo de teléfono, el 1011. Era un anuncio de 30 segundos  que hoy nos parece bastante tontorrón y que no prescindía del traje y corbata. Fue rompedor. No hablaba de negocios, sino de vida social y esos finlandeses no ofrecían distinción, sinoconectar gente.

Triunfaron por eso y porque el 1011 fue el primer móvil con tecnología GSM, la de la tarjeta SIM o los mensajes de texto, la que acabó triunfando sobre otras como D-AMPS, PDC o cdmaOne, de las que no es capaz de acordarse ni el presidente de la asociación de cuñados.

Dos años después, llegó el pelotazo. El Nokia 2110 fue el teléfono que indicó al resto de competidores que los móviles no tenían abrumadores, como los dildos, sino como los vibradores: pequeños, sencillos, fáciles de usar y muy resistentes. Además, el 2110 tenía tonos de llamada para que el teléfono no sonase siempre igual y, mucho más importante, para que lo hiciera diferente que el del vecino. Planificaron 400.000 unidades y vendieron 20 millones. Nokia se convirtió en la principal compañía de móviles del mundo.

Entre los tonos, uno llamado ‘Gran Vals’. Más concretamente, trece notas condensadas en tres segundos de pitido: tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii. Por si quieren hacer vudú, la pieza fue elegida por el directivo de Nokia Anssi Vanjoki. Mejor dicho, no le hagan nada, que ya purgó su pecado. Lo veremos al final de esta historia.

El año 2000, Nokia sacó el 3310, el teléfono que todo el mundo ha tenido, comprado, heredado o liberado. Pequeño, resistente y simple, y con modo vibración. No se podía pedir nada más. Sí, era personalizable. Podías comprar una carcasa del Betis o de Torrente y recibir protectores de pantallas. Además del Nokia Tune, tenía algunas melodías que no han abandonado nuestras cabezas. Seguro que formábamos parte de un experimento. Si te sientes nostálgico o estás en la línea 10 del metro de Madrid, aprovecha . Están Badinerie, Knick Knack, Jumping o el Hurdy Gurdy.

Pero la cosa no iba a quedarse en las canciones que propusiera la compañía. Pronto, comenzaron a aparecer tipos capaces de convertir cualquier melodía en esos tonos del móvil y alguno decidió venderlos. En 1998, ya había abierto la primera empresa europea dedicada a vender tonos de móviles. Entramos en la ruidosa era del tiririri, pero lo peor estaba por llegar.

En 2002, con el 3510, aparecieron los politonos. Y bum. Como las rotondas años después, surgieron las empresas para personalizar el tono móvil. Himnos futbolísticos o políticos, canciones de Mago de Oz u Operación Triunfo o fanfarrias de John Williams.

Si quieres esta canción en tu móvil, se decía en todos los programas, envía tono o politono a un número que comenzaba por nueve cero. Normalmente, cuando lo hacías te suscribías sin saberlo a un servicio que te mandaba tonos periódicamente y del que era imposible darse de baja. Lo copiaron de la Constitución del 78.

Ahora, en medio del silencio solo interrumpido por el silbidito del whatsapp, esa gota torturadora, es complicado imaginar ese ambiente que se creaba cuando sonaban a la vez ‘Mi música es tu voz’, la ‘Salve rociera’, ‘Tot el camp és un clam’, ‘Ese toro enamorado de la luna’, ‘The Final Countdown’, ‘Titanic’, ‘Crazy Frog’ y ‘El Padrino’. La combinación anterior está inspirada en hechos reales.

LOS TONOS DESPERTABAN ODIOS
Si alguien dejaba su móvil al irse al baño, que era algo que entonces se hacía, y comenzaba a recibir llamadas que hacían sonar ese ‘Lollipop’ versión MIDI, tecnología nacida en 2002, podía encontrarse con que el aparato había sido abducido. Y nadie había visto nada.

La industria de los contenidos para móviles tenía empresas potentes como Buongiorno, Dada o Zed, que operaban a través de varias marcas y no solo distribuían tonos, politonos o sonitonos, la evolución. También, chistes, mensajes, juegos, participación en concursos o en votaciones. Y, en cosas como ‘Gran Hermano’ u ‘Operación Triunfo’ se votaba mucho y sin ley de consultas. En 2007, 3.185 millones de los que se llamaban SMS premium. Hablamos de 2.000 millones de euros; 700, de los politonos.

Las discográficas vieron su salvación y comenzaron a vender directamente las adaptaciones al móvil de sus temas. Las operadoras también lanzaron sus propios servicios y los fabricantes de dispositivos mejoraron sus aparatos para que pudieran almacenar más canciones y reproducirlas mejor. Los analistas, esa gente, calculaban que en 2010 los contenidos para móviles moverían en el mundo 11.000 millones de euros .

La tecnología cambió las previsiones. Los teléfonos comenzaron a poder reproducir canciones de verdad y a conectarse al ordenador o entre ellos. Los nuevos consumidores no querían servicios de los que fuera imposible darse de baja y preferían compartirlos con desconocidos a comprarlos a una empresa. Ahí está el germen de Uber y Podemos.

Se rumorea que Microsoft va a prescindir de Nokia en sus próximos dispositivos ”

El mundo tiririri fue barrido y llegó otro, donde en ese vagón al que te has subido podían coincidir el silbido de ‘La muerte tenía un precio’, el ‘Osito gominola’, ‘Por qué no te callas’, ‘Koji Kondo’ del Mario Bros, “Ella elle ela (lalalalá)”, “Hala Madrid, noble y bélico adalid” y ” Sueño contigo, qué me has dado, sin tu cariño no me habría enamorado” y otras rimas consonantes de Camela o Mecano. Los había que dejaban sonar la música para que reconocieses bien que era el AC/DC de Bon Scott y otros que se avergonzaban y comenzaban a sudar en cuanto sonaba la voz de un imitador de Chiquito.

Entre tanto, el Nokia Tune no sólo sobrevivía, sino que comenzaba tener su reconocimiento como parte de la cultura popular. En 2010, un estudió estimó que sonaba 1.800 millones de veces por día. 20.000 tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii sonaban simultáneamente en todo el mundo. En 2011, casi 3.000 personas participaron en un concurso de versiones organizado por la compañía. Ganó este señor .

La máxima cotización de Nokia se produjo en 2007, cuando Apple puso en circulación el iPhone, que mostraba cómo tenían que ser los teléfonos a partir de ese momento, como había sucedido trece años antes con el 2110. El final es triste, con toques polémicos y, visto desde la perspectiva de 2014, ventajista. Nokia probó con dos sistemas operativos, Symbian y MeeGo, pero sus modelos de smartphone no lograban despegar en un mercado que se dividía entre iPhone y sus perseguidores los Android. Las compañías occidentales, Nokia, Ericsson, Alcatel, Motorola o Blackberry agonizaban o morían.

En 2010, nuestro amigo Anssi Vanjoki se postuló para dirigir la compañía, pero el consejo de administración eligió a Stephen Elop, directivo de Microsoft, que tomó muchas decisiones cuestionadas. Muchos lo vieron como un caballo de Troya de Microsoft . En 2013, Microsoft compraba el negocio de móviles de Nokia, que incluía, las  patentes, los modelos, el personal y el Nokia Tune.

Este mes de septiembre, una garganta profunda de Microsoft indicaba que la compañía había decidido prescindir de la marca Nokia en sus próximos dispositivos ; pero, oficialmente, la compañía explica que no hay nada decidido. El 22 de octubre en Abu Dhabi, con la presentación de los nuevos dispositivos, saldremos de dudas.

El Nokia Tune espera, entre homenajes . Este texto que estás a punto de acabar de leer iba a titularse “Réquiem por el Nokia Tune”, pero sería un entierro prematuro. Pase lo que pase, ha llegado a la cumbre que aspira toda música: sonar en el silencio. Está ahí, en algún lugar de la cabeza, tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii. Y no se apaga. Tiruriru, tiruriru, tiruriuriiiiiiiiiiiii.