Vía: www.elperiodico.com.gt/

Lo cierto es que a ratos parece que uno entra en la música y a ratos también que la música es la que entra en uno, como si de copular se tratase, así de complaciente y placentera es la música y, quizá de eso mismo es de lo que se trata, y lo más alentador es que no termina nunca.

Hace más de 40 años Led Zeppelin grabó un álbum llamado Houses of the holy (Casas de lo santo) la primera canción del lado A de ese disco se llamaba The song remainds the same (La canción permanece igual); yo debo haber oído eso con 14 o 15 años y fue como si una aguja de punta fina se hubiese clavado en mi sensibilidad; a partir de entonces me convertí en un devoto de la filuda punta de la música de Led Zeppelin.

Pero como el título de la canción referida es una trampa: The song remainds the same (La canción permanece igual), cosa de la que uno se da cuenta solo cuando ya ha quemado incienso en su adhesión y veneración, hay que tratar de salir, de zafarse de la trampa en la que se ha caído, literalmente, de bruces; si a lo dicho se suma que uno es ocurrente, cuando lo es, hasta años después, lo que quiere decir que uno es lento, de naturaleza perezosa y lenta; deberá entenderse, entonces, que huir de las trampas en las que se ha caído toma mucho tiempo y resulta muy demorado.

El hecho es que si se quiere llegar lejos y se es ambicioso en cuanto a los recorridos, comenzar desde el rock ‘n roll implica recorrer mucho, una larga ruta, implica The long and winding road (El largo y tortuoso camino), para decirlo con una expresión bien conocida y a tono con el tema.

Lo elemental y lo primero fue buscar los demás trabajos de Led Zeppelin, por supuesto que con la edad a favor lo último fue sentir cansancio, fatiga y desaliento, la labor se hacía con entusiasmo y con ilusión, a esa edad hay tiempo para todo y si las cosas se administran bien, hasta perder el tiempo puede resultar provechoso; y por ahí comienza a percibirse que el camino no es solo largo sino ancho, que el camino no es solo recto sino que también tiene curvas, que el camino cuenta con recodos a veces más atractivos que el propio recorrido, que tal vez sea imposible no perderse por ese camino e, incluso que si todo fuese brújula y buena orientación el juego acabaría por perder la gracia.

Lo cierto es que a ratos parece que uno entra en la música y a ratos también que la música es la que entra en uno, como si de copular se tratase, así de complaciente y placentera es la música y, quizá de eso mismo es de lo que se trata, y lo más alentador es que no termina nunca; pero como suele pasar: cansa hacerlo solo con la misma y, entonces, el ejercicio del libre albedrío acaba por imponerse y se busca otra (otra música, claro, es de lo que se habla), porque hay niveles de niveles, en todo género los hay, y desde luego el rock ‘n roll no es la excepción, y así se va pasando a otras agrupaciones, a otros estilos, a otras búsquedas, pero como esta es la palabra clave, la búsqueda no termina y llega a ser incesante.

Hay cosas que han pasado siempre y lo más seguro es que sigan pasando, a pesar de que, situados en el presente y en el espíritu práctico que ahora nos determina y que parece gobernarlo todo las cosas parecen ser diferentes; frente a lo cual lo más recomendable puede ser ponerse a pensar que, a lo mejor no es tan así, y lo que mejor lo demuestra puede ser la música y su relación con la juventud ¿qué fin práctico persigue un joven cuando se apasiona por la música…? La cosa funciona como si la música fuese ante todo un lenguaje para jóvenes, al operar como una zona tácita y franca para el encuentro y el acuerdo entre ellos.

Felizmente, ahora bajo el imperio del espíritu práctico y la tecnología no todo es oscuro ni deficitario, a pesar de las apariencias si se busca bien, las cosas aún pueden guardar algún aspecto amable, de modo que los jóvenes de hoy pueden aprovechar la red, y de hecho lo hacen, escudriñando sus insondables archivos para saciar el hambre de sus anhelos y emprender sus búsquedas, por imprácticas que sean, lo que resulta muy gratificante para su vida.

No puede decirse que durante nuestros viejos días de antes las cosas fuesen menos gratificantes, acaso eran más artesanales, pero con empeño también era posible llegar a satisfacer la curiosidad, el hambre, la avidez y, desde ahí el rock dio de sí hasta lo que tenía que dar y conducir a una bifurcación y conducir a otro camino, porque hay que decir que el escenario no tiene puntos de llegada, solo caminos, recodos y cruces, por uno de ellos se llega, por ejemplo, al jazz; y una vez allí es posible cobrar conciencia de que hay un origen para las cosas y de que mucho de la música que conocía no había hecho sino tomar de prestado algunas formas, maneras y hábitos.

Pero, lo que me interesa es recuperar el comienzo de esta nota y argumentar que hasta entonces, en ese momento entendí que el título de Led Zeppelin  era una trampa, una suerte de engaño, el jazz me advirtió que nunca The song remainds the same (La canción permanece igual), que la canción no permanece igual, que la canción cambia y que, como cambia la canción, cambia la vida.

El jazz, desde la inmensa humildad de su origen y desde la sombría negritud de su matiz, es capaz de dar la lección más importante y enseñar que nada permanece igual a sí mismo, que todo es interpretación y por eso mismo variación; dicho con otras palabras, que cuando algo se vuelve muy serio o tan rígido como la piedra lo más aconsejable es el tono de la ironía.

Desde el convulso siglo XX, tan apto para mostrar los límites ilustrados, el jazz hace eso mismo: sembrar dudas sobre las certezas ilustradas, porque al estar cargado de su equipaje de improvisación, puede ser un anuncio de que algunas cosas están  cambiando, de que las etapas pueden ser superadas y que eso, de algún modo, puede ser lo que está ocurriendo con la cultura en general, con la cultura del ocaso diría algún renombrado filósofo; e incluso, si las cosas se hacen llegar más lejos, que el hombre así como lo conocemos desde hace algunos milenios: tan propenso a los síntomas de la eternidad, de la fijeza, de la estabilidad, de la seriedad se está curando, está dejando atrás esos síntomas y se encuentra en transición, está cambiando y llegando a ser otro, menos ingenuo y tal vez más listo o más sano o, al menos, más irónico.