Vía: El Universal.mx | Alida Piñón

Joshua Bell, un virtuoso que hizo historia al debutar a los 14 años, está en México para tocar en Bellas Artes con la Orquesta Sinfónica Nacional

Joshua Bell Photo: ©Chris Lee

Joshua Bell Photo: ©Chris Lee

Joshua Bell (Bloomington, 1967) comenzó a tocar el violín a los 4 años por influencia de sus padres y se le consideró un niño prodigio. A los 14 fue solista con la Orquesta de Filadelfia, dirigido por del aclamado Riccardo Muti. Hoy, a sus 45, suele ser etiquetado como un “rockstar” de la música de concierto, término que, dice, no logra comprender.

Le gusta el rock, de hecho su cantante favorito en este género es Sting, disfruta de las canciones de The Beatles y de Genesis, pero cree que está muy lejos de ser comparado con una estrella de la cultura popular. Aunque en el mundo de la música clásica sí es una celebridad.

Joshua Bell At Home Cover

Joshua Bell At Home Cover

Sus discos suelen estar en la lista de los 10 más vendidos, ha sido ganador de varios premios Grammy y se ha dado el gusto de abarcar otros géneros como en el disco At Home With Friends, en el que con músicos como Sting, Kristin Chenoweth, Josh Groban, Chris Botti, Anoushka Shankar, tocó desde clásico a pop, y de jazz a música étnica.

El músico, que juega boliche, basquetbol, tenis y pimpón -deportes que podrían ser un riesgo para sus manos-; que jamás tomaría un cuchillo “ni para cortar verduras” y que desde 2001 lleva consigo un violín Stradivarius de 1713, valorado en 3.3 millones de euros (unos 52 millones de pesos), se presentó anoche en el Palacio de Bellas Artes, para el reinicio de temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), y regresará mañana a las 12:00 horas para volver a interpretar el “Concierto Núm. 1 para violín y orquesta”, de Max Bruch, una de las piezas más destacadas del repertorio mundial para violín, bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto.

“Como la voz de una soprano”

El violinista que interpretó la parte solista de la música escrita por John Corigliano para el filme El Violín Rojo, por la que recibió un Oscar a la mejor banda sonora, ofreció ayer un ensayo abierto con la OSN a un grupo de jóvenes estudiantes de música de Puebla, integrantes de la orquesta Esperanza Azteca.

Los músicos buscaban la perfección, se detenían en cada detalle. En un momento, Bell y su Stradivarius provocaron un grito emocionado de los atrilistas y aplausos de los jóvenes espectadores.

“No es una agrupación que toque por tocar, sino que colabora en conjunto y trabaja mucho en los detalles, además posee una gran personalidad, los músicos tienen espíritu y respetan su trabajo”, refirió Bell en un encuentro con medios.

El sonido que emerge de ese preciado objeto, ha dicho el intérprete, es el ideal porque es similar a la voz de una soprano. “Es un sonido capaz de poner los pelos de punta”, declaró recientemente a El País.

El instrumento al que no podría jamás hacerle la más mínima restauración porque “perdería su belleza”, tiene una historia que Bell suele contar.

El primer propietario fue Bronislaw Huberman, después fue robado al menos dos veces. La última fue 1936, en el camerino del Carnegie Hall de Nueva York, y durante 50 años estuvo desaparecido hasta que un músico callejero, cuando se estaba muriendo, confesó a su mujer que el violín que había utilizado para ganarse la vida tocando por los cafés de Manhattan era un famoso Stradivarius. A partir de entonces pasó por varias manos hasta que, en 2001, lo adquirió el músico.

Así, Joshua Bell parece tenerlo todo: prestigio, dinero, talento, fama y trabajo, pero, dijo, conserva la humildad. Un día, durante un concierto en España, el arco se resbaló ligeramente, con un gesto pidió disculpas al concertino y al director; la audiencia consideró que no sólo era un gran músico, sino también un hombre capaz de aceptar sus errores.

“En la música no es difícil ser humilde porque uno es su propio crítico, el más duro, así que siempre te das cuenta de las cosas que podrías hacer mejor. Por eso siento que todos los días estoy en un proceso de aprendizaje, no tengo duda de que hoy soy mejor que ayer, y mañana seré mejor que hoy.

La música no es acerca de la perfección, es otra cosa, la gente no viene a juzgarte por los errores que cometes, sino a ser movido por la música que tocas, si se te cae o se resbala un arco, en realidad no importa porque todo el mundo viene a escuchar y comprende que pueden llegar a pasarte accidentes”, explicó el músico.

Bell, quien en 2007 adquirió mayor notoriedad luego de participar en un experimento “cultural y social” con el diario The Washingron Post, que consistía en tocar por 45 minutos en el metro de la capital norteamericana para averiguar si la gente era capaz de identificar la belleza de una expresión artística, cuyo resultado fue que sólo una mujer pudo saber quién era él y “ganó” 32 dólares, experiencia que “ni loco” repetiría, agregó que un violinista no es como el queso o el vino, que con los años mejora, sino que siempre está en proceso de madurez. “Hoy no me gustaría escuchar lo que toqué hace 25 años, quiero creer que estoy en el constante proceso de seguir aprendiendo y mejorando”, consideró.

El programa de la OSN lo complementan “El Salón México” , de Aaron Copland; “On the waterfront”, de Leonard Bernstein; y “Tzigane, para violín y orquesta”, de Maurice Ravel.