Vía: huelvainformacion.es

Sony acaba de publicar el último trabajo del músico canario, que toca como solista y dirige a la Sinfónica de Galicia en los dos primeros conciertos para piano de Beethoven.

Iván Martín

Iván Martín

Beethoven: Conciertos 1 y 2. Orquesta Sinfónica de Galicia. Iván Martín, piano y director. Sony Music.

Iván Martín (Las Palmas de Gran Canaria, 1978) es uno de los más internacionales y prestigiosos pianistas españoles de nuestros días, también uno de los más preocupados por el rigor musicológico y la búsqueda de detalles que puedan servir para una reinterpretación del repertorio tradicional, lo que muestra en su último registro con los dos primeros conciertos de piano de Beethoven, que se basa en una edición propia publicada en la editorial londinense The Music Sales Group.

-¿En qué se basa esta nueva edición de las obras?

-Los dos primeros conciertos de Beethoven son diferentes a los otros de su catálogo por una cuestión básica: los estrenó sin una partitura escrita para la parte solista. Por eso los editó muchas veces, con retoques. No pareció nunca demasiado satisfecho con estas obras. Analicé exhaustivamente hasta diez ediciones diferentes de su época hasta que di con una hecha en Viena en 1801 que parece la última que salió de su mano. Hay pasajes completos con notas y procesos cadenciales diferentes a los que se incluyen en las ediciones conocidas, lo que me pareció motivo más que suficiente para hacer mi propia edición crítica y para grabar las obras. Está a punto de salir un breve vídeo promocional de unos cuatro minutos en el que se comentan las principales novedades de la edición.

-Como hizo con su anterior trabajo discográfico dedicado a Mozart y Schröter, asume también la dirección, aunque si allí se ponía al frente de un conjunto de cámara (el Galdós Ensemble), aquí es delante de toda una Sinfónica de Galicia. ¿Qué ventajas encuentra en hacerlo así?

-Lo que me hizo continuar con esta labor ha sido el intento de respetar las prácticas de la época. En cualquier caso yo hablaría más de concertador que de director, pues la figura del director es posterior, es a mediados del romanticismo cuando por la complejidad creciente de las obras empieza a considerarse necesaria la presencia de un director ajeno a la propia ejecución instrumental. La principal ventaja de este modo de hacer es que se consigue una mayor unidad de ideas entre la parte solista y la orquestal y con ello logras controlar muchas cuestiones de fraseo, de intensidad, de intención. Todo el trabajo sobre estas cuestiones obedece a un plan más coherente con una persona que con dos. En todo caso no es una gran novedad, han sido y son muchos los músicos que dirigen estas obras desde el piano.

-Esta postura de carácter historicista, ¿se aprecia en algún otro aspecto de su interpretación?

-Pienso que sí: la cuerda de la orquesta está reducida a una treintena de miembros y hay detalles de articulación y fraseo que buscan esa proximidad histórica. Por otro lado, creo que eso es algo habitual hoy en cualquier conjunto del mundo, las orquestas convencionales ya no interpretan este repertorio como hace 25 o 30 años.

-¿Se ha planteado el uso de instrumentos de época?

-No. Por el amor que le tengo a la música del Clasicismo y del Barroco, me abstengo de tocar otros instrumentos, porque requieren una dedicación plena. Por otro lado, así como el clave tuvo un desarrollo extraordinario al final de su vida, y los últimos claves franceses y flamencos son espectaculares, al fortepiano le faltaban muchas posibilidades técnicas que sí estaban en la cabeza de los compositores. El propio Beethoven lo comenta en sus cartas: era consciente de que algunas de las dificultades técnicas de sus obras eran inasumibles para aquellos instrumentos, pero sabía que muy pronto la tecnología permitiría hacer sin ningún problema eso que tenía en mente. Me siento muy cercano a la interpretación historicista en lo que afecta a mi instrumento, pero no soy un extremista. Creo que esta música puede enfocarse correctamente desde el punto de vista del estilo con un piano moderno. El estilo importa más que el instrumento.

-Su primer disco en solitario estuvo dedicado a Soler, luego hizo uno con conciertos casi inéditos de Mozart y de Schröter, y ahora pasa a Beethoven. Parece un recorrido histórico premeditado.

-Pues no lo ha sido. Una cosa ha ido llevando a la otra, pero no había premeditación detrás. Creo que con Soler tenemos en España una gran deuda histórica, y quise aportar mi granito de arena, rescatando incluso alguna obra que no estaba editada. Investigando en manuscritos del XVIII descubrí por entonces esos conciertos de Mozart no catalogados que aparecían en ediciones londinenses de la época y siguiendo por esa línea me topé con Schröter. En cuanto a los conciertos de Beethoven son obras que toco desde hace mucho, pero fue también el hallar esa edición vienesa la que me llevó a profundizar en ellos. Los toqué con algunas orquestas y pensé que había llegado el momento en que podía decir algo nuevo sobre esta música y por eso los grabé.

-¿Qué significan estas obras de Beethoven en la evolución del género del concierto?

-Sin duda detrás está la búsqueda de un estilo nuevo. Hay un gran salto entre los últimos conciertos de Mozart y de Haydn y estos. El sello personal de Beethoven es muy acusado ya, teniendo en cuenta que estamos todavía en su etapa clásica y que aún no tienen el peso sinfónico que su obra concertante adquiriría a partir del Tercero, escrito bastante años después. En cierta medida son obras un poco pastiches. Por ejemplo el Rondó del Concierto en si bemol mayor [elnº2] era otro. Beethoven añadió el que hoy se toca cuando había iniciado ya otra etapa de su carrera compositiva, con el Concierto nº3 ya estrenado y con las Sinfonías y en ciernes. Su trabajo estaba en plena ebullición. Es como la culminación de su etapa clasicista y el comienzo de otra nueva.

-Sus dos primeros cedés se vendieron bien, pero ¿cómo ve la industria del disco?

-La industria discográfica clásica es muy compleja. Interviene muchos factores no comparables a otros tipos de música. La clásica y el jazz se mueven en mercados más constantes en ventas, porque el aficionado a estas músicas suele sentir todavía amor por el soporte. Nos sigue gustando poseer el disco físico. Hay casos sorprendentes, como el de Japón, en donde la venta de cedés ha crecido en los últimos años entre un 50 y un 60%. Los niveles de venta por descarga han subido muchísimo. Es una paradoja: se está invirtiendo mucho dinero en tecnología para que la calidad del sonido sea cada vez mejor, y al final lo que muchos escuchan es un mp3, como mucho a 320kilobits. Hay compañías que buscan nuevos formatos físico, como el pendrive y otras que han vuelto al vinilo o están optando exclusivamente por colgar sus contenidos en la web. En algunos lugares de gran tradición audiófila, como Alemania, Holanda, Japón o los países nórdicos, las descargas de alta fidelidad están teniendo mucho auge. Faltan en cualquier caso estudios más profundos de un mercado que es minoritario, pero constante.