Vía: www.elmundo.es/ Por STEFANO MARCHI

El director argentino-israelí ‘utiliza’ a Mozart para reclamar, bajo la cúpula de Barceló, “justicia y seguridad”.

En medio de una época de violencia, intolerancia y vulneraciones crueles de los derechos humanos, en el Palacio de las Naciones de Ginebra se interpretaron èste fin de semana ‘urbi et orbi las tres últimas sinfonías de Mozart, que sugieren bondad, amor y alegría. Fueron ejecutadas por la West-Eastern Divan Orchestra de Sevilla, dirigida por su cofundador, el argentino Daniel Barenboim, e integrada en buena medida por jóvenes israelíes y palestinos, así como sirios, libaneses, jordanos, egipcios, iraníes, sudaneses, turcos y españoles. El que esta orquesta realizó fue el Concierto por el Entendimiento entre las Civilizaciones y los Derechos Humanos, organizado por la Fundación ONUART, y retransmitido en más de 30 países (en España, en diferido por TVE, el próximo 13 de diciembre).

En estos días de enfrentamientos en Oriente Próximo, es muy significativo que en la Oficina de la ONU en Ginebra hayan tocado juntos músicos de dos naciones, Israel y Palestina, entre las que la paz todavía parece lejana. En una rueda de prensa antes del concierto, Barenboim apeló a las “grandes potencias” del mundo, para que “ejerzan presiones” sobre “las dos partes”. Según el maestro judío, la paz no se alcanzará “a menos que haya una voluntad común de resolver por fin ese conflicto”. “La paz necesita justicia y seguridad”, sostuvo Barenboim, que tiene casi 73 años. En su opinión, “la seguridad que quiere Israel sólo se logrará satisfaciendo la búsqueda de justicia que necesitan los palestinos”.

Al concierto asistieron unos 500 invitados, en presencia, entre otros, del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el que fue ministro de Exteriores de su Gobierno, Miguel Ángel Moratinos, actual presidente de ONUART. Al igual que el año pasado, cuando su primera edición había sido protagonizada por el tenor peruano Juan Diego Flórez, el concierto tuvo lugar en la Sala XX del Palacio de las Naciones, en la que suele reunirse el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Se trata de aquella sala circular cuya cúpula decoró en la pasada década el artista mallorquínMiquel Barceló, al fundir pintura y escultura en una costosa y polémica obra, caracterizada por estalactitas polícromas y donada por España a la ONU.

Mozart compuso la trilogía de sinfonías que sonaron ayer en aproximadamente un mes y medio, en el verano de 1788. En estas tres obras, Mozart nos lleva, “desde la alegría y las ideas masónicas de bondad y fraternidad [la sinfonía 39] y a través de las dudas y los dolores [la número 40], hasta el Do mayor, la tonalidad más virgen, más libre de todos los pecados [de la 41]”, aseguró a EL MUNDO el profesor Yuri Nasushkin. “El Do mayor es una tonalidad de flauta mágica, de luz, de sol, de Zoroastro. Es una alegría que está por encima del bien y el mal. Yo creo queBarenboim, con estas tres sinfonías, nos dice que, aunque la vida es contradictoria y difícil, es la vida, y la bondad ocupa más sitio en este mundo que la maldad“, concluyó.