Vía: eluniversal.com | Por ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.

“Lo que está diciendo el Danzón No. 2 es que tenemos esperanza. No solamente es el ritmo, la sensualidad”, señala el autor mexicano.

La música académica latinoamericana va configurando su identidad, y poco a poco las orquestas de la región incorporan estas obras en sus repertorios.

Pasa con el Danzón No. 2 del compositor mexicano Arturo Márquez, obra favorita y bis obligado de las orquestas venezolanas. El músico estuvo en el país para compartir saberes con los jóvenes participantes del taller de composición que ofreció en el Centro de Acción Social por la Música; como parte de los 40 años del Sistema de Orquestas.

“Blas Emilio Atehortúa -maestro de la Cátedra de Composición en el Sistema-, está formando de una manera maravillosa a los jóvenes, siento que es algo que le estaba faltando al Sistema”, dice Márquez.

-¿Los danzones son a Arturo Márquez lo que las Bachianas Brasileiras a Villa-Lobos?

-Ojalá. Es una forma que decidí explorar justamente por la riqueza que tiene en la parte melódica y rítmica, sobre todo de actitud. Cada danzón tiene su propia voz, cada uno habla de un momento especial en mi vida, y lo que estaba pasando en México y conmigo.

-¿Por qué el danzón tiene ese sentido como trágico?

-El danzón es un baile, pero cuando lo transportamos a la música de concierto se puede transformar en tantas cosas, y efectivamente en tragedia, en amor o en esperanza, y no digo que no lo tenga la forma popular, pero siento que en la música de concierto como que podemos explorar más ese tipo de valores, de sentimientos.

-Sobre los hechos de los estudiantes mexicanos ¿tiene alguna visión musical?

-Sí. Hay una obra que estrené en diciembre que es para barítono y grupo instrumental, sobre los poemas de Efraín Huerta, poeta mexicano, ¡Mi país, oh mi país! donde trata justamente de todas estas injusticias, hasta crímenes de Estado, en 1957; y hago ese poema justamente en son de protesta por estos acontecimientos. Parece que ese poema se ubica en cualquier época donde se cometen estos crímenes, estas injusticias. Es la barbarie en pleno y es muy triste que lo tenga que decir: México está muy lastimado por estos 43 estudiantes desaparecidos y los miles que han desaparecido en los últimos años, y no nos dan solución.

-¿Se considera un compositor comprometido con alguna causa social?

-Creo que con todas las causas que tengan que ver contra la injusticia. Por supuesto que sí. La primera obra que recuerdo, siguiendo este camino, es una obra para dos pianos y sintetizador, Mutismo, que es una manera de poner la mano sobre la boca. El Danzón No. 2, el No. 3, también una cantata que se llama Sueños, y cada movimiento tiene que ver con personajes como Martin Luther King, los aforismos de Ghandi o el documento del indio Seattle, o laLeyenda de Emiliano Zapata, Las marchas de duelo y de ira… tengo muchas obras que tienen que ver con el dolor y la injusticia social.

-El gran público está distante del llamado mundo académico, tal vez por el consumo de la música más comercial o más mediática…

-Ojalá que la música pudiera realmente transformar. La música, el arte, siempre ha estado acompañando a toda causa justa, y no es tan fácil llegar al gran público para que se entienda el mensaje, pero siempre vamos a estar allí. Cada vez que escucho el Danzón No. 2 recuerdo la época en la que estaban luchando los zapatistas, en enero del 94, y ese grado de aceptación que tiene el público con esa obra es justamente porque yo lo estuve viviendo y lo estoy expresando: lo que está diciendo el Danzón No. 2 es que tenemos esperanza. No solamente es el ritmo, la sensualidad. En sí, es una obra que da esperanzas, y lo puedo decir como autor porque es lo que estaba buscando, y siento que logré eso que yo quería.

-¿Qué tal el coctel arte/política?

-Tenemos un grave conflicto con los políticos. Creo que estamos en una constante búsqueda de líderes que sean realmente, que nos sepan llevar, representar. La política debería ser uno de los grandes valores que tenemos como sociedad, y me duele decir que no lo hemos encontrado. Imagínese que los líderes fueran como José Antonio Abreu, lo que lograríamos.

-Su catálogo musical es extenso, sin embargo solo el Danzón No. 2 es lo más conocido. ¿Cuál otra composición suya le gustaría que fuese tan popular?

-Realmente no sé por qué, ni siquiera busqué que el No. 2 tuviese esa popularidad. Hay una obra que se está tocando, Alas (a Malala), que tiene que ver con el derecho a la educación, y está siendo una especie de himno en Fomento Musical de las Orquestas, como el Sistema pero en México. La tenemos propuesta para hacerla aquí en Venezuela, en julio.

-¿El Arturo Márquez del futuro hará obras sinfónicas con tex-mex, reguetón o narcocorridos?

-Es dífícil de contestar. Pero creo que hay o habrá compositores jóvenes que retomen los géneros populares de hoy.