En un medio donde los cuatristas masculinos dominan la escena musical venezolana, con notable talento, surge una voz dulce, aterciopelada y muy femenina que se pasea por varios géneros, desde lo romántico, expresando profundidad en sus planteamientos. María Alejandra Rodríguez, con la música inscrita en su ADN, se presenta ahora como cantante, compositora, arreglista y cuatrista y su lanzamiento será EN SINFÓNICO, bajo la batuta del Maestro Enyú Sael Peña Oramas junto a la Orquesta Sinfónica de Aragua, el próximo 7 de noviembre en el Anfiteatro del Hotel Maracay. Será una cita histórica, pues siendo maracayera de origen, celebrará en su ciudad el estreno de su cancionero con acompañamiento orquestal.

María Alejandra Rodríguez estrena sus temas en sinfónico

María Alejandra Rodríguez estrena sus temas en sinfónico

Venezuela Sinfónica –como noticiero digital líder, dedicado exclusivamente al mundo sinfónico de nuestro país- conversa ella sobre su proceso creativo y cómo la nobleza de nuestro cuatro –instrumento nacional- se expresa en sus manos, con sus acordes, exaltando los ritmos de nuestra tradición que se fusionan con géneros mundiales, dándole a sus letras un nuevo significado.

EVELYN NAVAS ABDULKADIR, EXCLUSIVO WWW.VENEZUELASINFONICA.COM

En su niñez se oía en su casa la música tradicional venezolana. Su tío abuelo les visitaba en Maracay, la ciudad jardín de Venezuela, y compartía no sólo sus canciones, sino todo esos temas tan nuestros, enseñándole además sobre acordes y a tocar el instrumento insigne de nuestro país, el cuatro. Y es así como a los ocho años surge un amor que aún perdura por el cuatro, el eterno acompañante, ese que viaja con María Alejandra Rodríguez a todas partes, con el cual se expresa, con el cual compone.

Y es que explorando en su vena musical familiar, también se descubre a sí misma siguiendo los pasos de ese tío abuelo compositor, Enrique Hidalgo y decide con cuatro en mano componer sus propias armonías y ritmos para conformar un cancionero que responda a su bagaje sentimental, expresando con su voz –en alma y piel- sus vivencias, ideas sobre la vida y el amor, sobre los anhelos y cómo la música, el sueño de ser músico y ser artista, siempre está presente en todos los aspectos de la cotidianidad.

Para María Alejandra Rodríguez sus inicios fueron naturales, pues desde muy niña con su canto amenizaba las veladas familiares, lo que hizo que su mamá inmediatamente la inscribiera en la Academia Raja Cuatro y religiosamente la llevó a los talleres con puntualidad: “Mi tío abuelo venía anualmente a visitarnos en Maracay, en casa de mi abuela Galatea. Era un ritual que él sacara su cuatro y cantara sus canciones y todos le hacíamos coro. Fueron mis momentos de mayor felicidad familiar. Estudié más adelante en mi adolescencia con Reinaldo Estrada, Efraín Silva, Edgar Yépez y Arturo Ríos. Guardo un profundo agradecimiento con todos ellos, y en especial con Reinaldo Estrada (El Loro) quien me enseñó a escribir mis propios cifrados musicales y me acompañó en tantas veladas musicales”.

Su pasión por el cuatro comenzó a tierna edad, cuando cantaba, con cuatro en mano, canciones como Compadre Pancho, Si en la noche azul y La nube gris. Ya de adolescente, María Alejandra Rodríguez, se apasiona con vehemencia por la música de Enrique Hidalgo en la voz de Gualberto Ibarreto, María Teresa Chacín, Lilia Vera y Cecilia Todd: “Soy fan de estos grandes artistas, de sus carreras, talentos y carismas. Ellos dejaron una huella importantísima en el canto popular venezolano. Conformé un repertorio con las canciones de mi tío abuelo y participaba en festivales de música venezolana, renglón estilizado, unas veces ganando y otras perdiendo, como es la vida. Pero recuerdo haber estado en dos de esos festivales, donde en el primero el audio de los músicos se fue y sólo quede yo con el micrófono y canté a capella, muy afinada en el tono, la canción Guayana Hermosa y gané rotundamente ese festival. En la siguiente oportunidad, estaba compitiendo con una de esas cantantes súper talentosas con un vozarrón impresionante y cuando me tocó el turno de cantar, decidí interpretar Serenata a Maturín del tío Enrique, sola con mi cuatro, y logré conmover al jurado con mi interpretación y gané sin discusión”.

El cuatro, el canto y la autenticidad
En estos momentos, María Alejandra Rodríguez, canta acompañada por un cuatro de la lutier chilena Ximena Maya: “En mi estadía en Miami me robaron un cuatro. Ando detrás de un Ramírez Roa. Me gusta mi cuatro actual, tiene un sonido latinoamericano, sin embargo, uno siempre quiere explorar otras sonoridades en los instrumentos que toca. Mi ritual es sentirme tranquila, sabiendo que hice todas mis obligaciones de mamá y estar siempre en busca de una ilusión de vida que me acerque a la composición, viajar, leer, aprender nuevos conocimientos y compartir con gente nueva, todo esto ayuda. Es por eso que los artistas difícilmente podemos estar quietos en un solo sitio”.
Cuando ejecuta el cuatro siente añoranzas. Nos cuenta la cantautora que: “Me trae el recuerdo de mi familia unida, cantando alrededor del tío Enrique que venía junto a sus hijos, también músicos, a darnos amor y a hablarnos de sus experiencias artísticas. Eso nos fascinaba a todos los primos y nos alegraban las navidades cantando merengues orientales y parrandas. Me trae un sentimiento de anhelo en mi recuerdo de niña, de querer ser una artista. Con mi cuatro me siento feliz, siento que doy mi talento y a la vez me lo gozo. Siento alegría de ver a la gente a quienes le llego y me observan con dulzura y admiración y me colma mucho al ver sus sonrisas de felicidad y simpatía. Pienso en nuestra música, por lo menos la que yo conozco, de la amplia gama de ritmos venezolanos y me da un orgullo inmenso. ¡Al cantar con mi cuatro me siento yo!, auténtica, sin imitar a nadie”.
De su acervo jazzístico y su amor por la bossa nova, María Alejandra Rodríguez, toma elementos para fusionar con todos los ritmos venezolanos que tanto ama. Los acordes de su cuatro la estimulan a componer letras que nacen de su sinceridad, su visión del mundo y que expresan su entusiasmo por la vida. Sus armonías le dan una nueva sonoridad a un cuatro, que se vuelve universal en sus manos, un cuatro romántico, con toque de merengue, vals y danza. En su voz le canta al amor y al desamor, rindiendo homenaje a la mujer venezolana, luchadora incansable y muy femenina, que ama más allá de todo: “Me identifico con las canciones venezolanas que yo he interpretado desde siempre y de las cuales me he adueñado interpretativamente, ahora con mis canciones mucho más y a veces con los boleros más bellos que se han escrito en la historia de la música”.
Profesionalmente se inicia como artista a los 17 años y prosigue su educación musical hasta obtener la licenciatura en Educación Musical en UNEARTE. Ha explorado a través de su canto no sólo con la música tradicional venezolana, sino con la bossa nova, el jazz y otros ritmos internacionales. “La música siempre ha estado presente en mi vida, desde mi infancia, mis primeros conciertos colegiales me brindaban paz y me sentía valiosa, porque la música es refugio, en los buenos y en los no tan buenos momentos. En una de esos primeros conciertos canté una canción de Mecano, que me conectaba con una tía muy consentidora, y aunque no era una canción para una niña de 10 años, la interpretación fue tan buena y tan sentida que todo el público me aplaudió, y por supuesto mi tía estaba presente y ambas fuimos muy felices. Ése es el poder de la música”.
María Alejandra Rodríguez, aparte de artista y músico integral, es también la mamá de Amanda, de 5 años. Y en sus pocos ratos libros aprovecha para leer Lolita de Vladimir Nabokof y ensayos del poeta venezolano Eugenio Montejo, mientras la música de Gretchen Parlato, Lionel Loueke, Brad Mehldau, Kurt Elling y Elis Regina están presentes en su Ipod, junto a los grandes exponentes de la música tradicional venezolana.
La música prevalece en la vida de María Alejandra Rodríguez: “Todo el tiempo me reúno con amigos músicos y comparto con ellos, mientras mi Amanda juega con los hijos de esos amigos. Me expreso románticamente con mi cuatro, he compuesto unos valses que parecen unos boleros de despecho, pero frescos y optimistas, nunca arrancándome las venas (risas). Total resignación con el aquí y el ahora y los amores que se fueron o que nunca estuvieron en mi vida”.
En su experiencia, María Alejandra llegó a compartir escenario con artistas internacionales como Gal Costa, Dulce Ponte y Teresa Salgueiro. En la escena musical venezolana ha acompañado a figuras como Aquiles Báez y Gerry Weil, entre otras. También participó en festivales, salas de concierto y locales en Brasil, Cuba, Francia y Estados Unidos. De esas experiencias recuerda especialmente a Gal Costa: “Estaba yo solita con mi cuatro, sin nadie que me acompañara, el técnico de sonido me trató tan bien, que creo que su ayuda contribuyó a que mi presentación fuese un éxito, el público me ovacionó y se levantaron de los puestos, era un sueño cumplido, mi cuatro y yo, cantando las canciones venezolanas que interpretaba de adolescente, las de mi tío, Aldemaro Romero y Otilio Galindez”.

Ser autosuficiente en la música
El desarrollo musical de la mujer venezolana es asombroso. Las cantantes han profundizado en sus estudios, y con sus voces y sus talentos han conquistado más de un espacio. Ahora hasta son productoras musicales, desarrollando carreras intensamente creativas.
El sueño de María Alejandra Rodríguez es también el de llegar a ser completamente autosuficiente en la música: “es mi deseo arreglar, grabar y producir totalmente mis proyectos musicales. En este primer disco El sol aún me lleva a algún lugar, próximo a salir al mercado, hay un 90% de mi autosuficiencia. Las letras, la música y los arreglos son de mi autoría. Por eso sigo estudiando para llegar al 100%, mientras valoro y agradezco profundamente el apoyo de los músicos involucrados aportando sus ideas musicales y colaborando con la parte técnica de grabación”.
La música como carrera involucra mucha perseverancia y capacidad de estudio. Para el músico, también el campo de la docencia es fundamental: “Di clases a niños entre 4 y 13 años, enseñándoles un repertorio de canciones a nivel coral, con el cuatro como instrumento. Sigo con mi formación musical para dar clases a nivel superior, de allí que siga estudiando armonía, arreglo y lectura musical, para ahondar en la producción musical y enseñar a nivel universitario”.
Hoy con tanta tecnología disponible, le consultamos sobre su opinión: “hay que adaptarse, pero también sería chévere mantener el cara a cara, el compartir, el conversar con las personas, discutir pensamientos y mostrar talentos, eso enriquece mucho la vida del músico”.
Las redes sociales pueden servir como ventana de exposición para la labor musical: “Ayuda mucho, hay que saber manejarse con ellas, con personas que conozcan de estrategias positivas que ayuden a exhibir mejor la obra de los músicos y artistas, muchos terminamos aprendiendo con el tiempo, con los aciertos y desaciertos”.
Cuenta María Alejandra Rodríguez que aún se apega a la tecnología sencilla para componer: “Grabador, lápiz, cuaderno pentagramado, cuatro y memoria, debo ponerme seriamente para los programas de música, por eso estoy tomando clases de nuevo”.

No lo sueltes que se va
María Alejandra Rodríguez escribe sobre la música, un sueño de vida, como si fuera un globo en suspensión y de allí su canción No lo sueltes que se va, dedicada a los músicos para que no desistan en esa búsqueda de encontrar su razón de ser como artistas y agarren la inspiración y el impulso necesario para persistir en su carrera.
“Tengo muchos sueños, como mujer, como madre, como artista y como ciudadana venezolana. Anhelo una Venezuela unida, feliz donde haya oportunidad para todo aquel que se esfuerce y que pueda lograr desarrollarse, sin distinción alguna”, expresa la cantautora. Como cuatrista también desea que la juventud musical venezolana siga estudiando al cuatro: “Hay una generación muy talentosa y estudiosa de cuatristas en estos momentos, y ojalá que nunca se le encajone al cuatro en una manera de tocar e interpretar sólo nuestra música venezolana, sino también abarcar con él otros géneros musicales de tantas latitudes, y con esa fusión de ritmos podamos enriquecer el repertorio para el instrumento y hacerlo más interesante y universal”.
En Venezuela, los músicos son ejemplos de perseverancia, de lucha, de continua búsqueda: “Aunque algunos talentos se van, otros se quedan, creen en el país y están buscando la manera de ser excelentes en su trabajo, a pesar de las adversidades. Creo que el músico y los productores musicales tendrán que aliarse para crear una escena musical que nos mantenga animados e ilusionados, para así evitar que se quebrante nuestro espíritu y sigamos alentados en nuestras luchas personales por lo que creemos”, puntualiza.
Y es que María Alejandra Rodríguez le apuesta a la música venezolana, al cancionero de nuestros compositores tradicionales y de los más contemporáneos. “Es una búsqueda por hacer universal nuestra música. La estética de mi disco Canciones de Enrique Hidalgo surge así, porque en ese tiempo estaba escuchando muchísima música brasilera y latinoamericana y quería un disco que no sonara a pop, porque no tengo esa inflexión del estilo pop en mi voz; no quería que sonara tradicional, porque tampoco sueno a la tradición vocal venezolana. Venía de cantar boleros, bossa nova, un poco de jazz y las canciones venezolanas que mejor me quedaban, que la verdad eran las canciones del tío. Entonces me ideé ese proyecto de cantar la música que más conocía, la que más honestamente cantaba, la música de Enrique Hidalgo con arreglos que sonaran a bossa nova, a jazz, a canción venezolana de salón con estética jazzística y sonidos latinoamericanos y ritmos afrovenezolanos. Así se realizó ese disco que ha sido una bendición para mí”.

Expresarse con sinceridad y sentimientos profundos
Durante su estadía en Estados Unidos en 2012 surge la compositora: “Con el cuatro compongo y hago los arreglos. Me inspiro en anhelos personales, amores del pasado, almas que me han cautivado con su amistad, pesares, deseos de que el amor y la amistad siempre me acompañen a mí y a los míos, y el desamor es parte del transcurrir de la vida. Siempre en mis canciones trato de plasmar la esperanza. A nivel musical, me inspiro en temas que he escuchado tanto de nuestra música como de otras latitudes. Comienzo a componer fragmentos armónicos y le pongo una letra que sugiera la idea de lo que quiero expresar, después trato de buscar el coro, ése que quiero que llegue al corazón. Así es mi proceso”.

María Alejandra Rodríguez siempre en su estética tendrá al jazz presente: “Porque el jazz es libertad para interpretar y hacer música, escucho a las grandes cantantes del jazz del pasado y las contemporáneas y a músicos instrumentistas que me inspiran también”.

El hecho de vivir en otras latitudes es una oportunidad que el músico no desaprovecha, pues en el encuentro con otros colegas, con otras sonoridades, hay aprendizaje: “En el exterior recibí un trato positivo y respetuoso de los músicos, que resultó inspirador para mí. Allá me sentí más músico que la chica cantante, hay más igualdad para las artistas femeninas. Por eso agradezco tanto el compartir con músicos tan talentosos, como Mauricio Quiros, quien arregló dos temas de mi autoría y el baterista costarricense Rodolfo Zúñiga, quien dirigió y aportó sus ideas musicales para enriquecer mi propuesta y los integrantes de las distintas bandas que me acompañaron”.
Mauricio Quiros es un excelente músico graduado en Jazz Performance en FIU (Miami, Florida, Estados Unidos) y que además trabajó en la última producción discográfica de Armando Manzanero hecha en Costa Rica, en el disco arregla los temas El sol aún me lleva a algún lugar y Venciendo Sombras. Rodolfo Zúñiga es un extraordinario baterista de la escena local de Miami, profesor Batería Jazz en FIU. En Miami compartió musicalmente con varios talentos locales tales como: Dion Keith Kerr en el contarbajo y Derek Fairholm en el piano; Abner Torres en la batería, Josh Allen en el contrabajo, Aaron Lebos en la guitarra y otros como Dale Pozey, Jair Coelho, Cayoi Iturralde, Agustin Conti.

La escena musical latinoamericana en Estados Unidos es muy movida. María Alejandra Rodríguez compartió con el flautista Nelson Torres: “Tocaba como artista estelar y era la persona que seleccionaba las bandas que se presentaban en un sitio maravilloso que se llama Wynwood Kitchen and Bar, en Miami y le encantó mi propuesta y escuchó también la recomendación del maestro bajista venezolano Alex Berti sobre mi talento y decidió programarme en varias oportunidades en este local, donde prácticamente desarrollé mi repertorio propio y lo canté por primera vez en vivo con la banda que me acompañaba en el momento. Gracias a los continuos toques en Wynwood Kitchen and Bar mi música comenzó a sonar”.

También estuvo en Nueva York y en París donde cantó en varios lugares: “En París hice una alianza con Nicolás Folmer, amigo trompetista francés, quien me programó para Saveurs Jazz Festival en Segré y Wolfi Jazz en Normandía, Francia”.

En estos momentos, María Alejandra Rodríguez está viviendo en Mérida, mientras cría a su hija, vocaliza con ella, y comparte con los músicos de la escena local y afina detalles para la producción del disco El sol aún me lleva a algún lugar: “Estoy cantando en la escena musical merideña mis temas y las canciones del repertorio latinoamericano que más me gusta. Me inclino cada vez más en cantar en español, cantar en otros idiomas es como para ejercitarme musical y fonéticamente, pero como venezolana, creo que cantar en el idioma de donde provengo me representa como una nueva y original artista, dentro y fuera de mi país”.

De su presentación el 7 de noviembre a las 7 p.m. en el Anfiteatro del Hotel Maracay, junto a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, el público de su ciudad natal podrá disfrutar de un espectáculo de altísima factura: “Siendo auténtica, con emoción, verdad, intensidad en los sentimientos que expreso a través de mis letras y música, histrionismo dentro de lo que quiero trasmitir con mi obra, mi cuerpo y mis gestos también cantan y eventualmente una bailarina invitada, Cairoly Martínez, expresándose a través de mis canciones. Es todo un sueño cumplido y un gran honor ser acompañada por la Orquesta Sinfónica de Aragua, estaré allí junto a los músicos que me vieron crecer, mis maestros y amigos”.

Finalmente, María Alejandra Rodríguez se despide con un mensaje para todos los seguidores de Venezuela Sinfónica: “Es imposible desligar los sentimientos al hacer o ejecutar la música que hacemos, así que hay que generar sentimientos positivos en nuestras vidas, para que la música que hagamos colme nuestras almas de alegría y llene de amor a las personas que quieran escucharnos”.

Puede seguirla en las diferentes redes sociales donde es muy activa y disfrutar de todo su talento, arte y composición.

Twitter: @Marilecanta