En el debate sobre el posicionamiento del oficio del compositor en la vida nacional, elaboré en 2011 un estudio sobre las formas de apoyo institucional al compositor, donde entrevisté a 13 personalidades, entre compositores (Diana Arismendi, Juan Carlos Núñez, Federico Ruiz, Ricardo Teruel, Albert Hernández, Emilio Mendoza, Víctor Varela), directores (Alfredo Rugeles, Rodolfo Saglimbeni) y gerentes institucionales (José Antonio Abreu, José Antonio Naranjo, Alejandro Ramírez, Numa Tortolero), quienes con entusiasmo me brindaron sus perspectivas.

Por Luis Ernesto Gómez* | Vía: luisernestogomezcomposer.com

Del trabajo se puede extraer una matriz de opinión sobre el tema, una fotografía caleidoscópica en los años 2008-2010, en el marco de la Maestría en Música de la USB realizada con la tutoría de la Maestra Diana Arismendi. Así como también varios marcos importantes sobre el valor del compositor en la sociedad, la relación de una profesión altamente vocacional, las figuras institucionales del compositor: el estreno (la interpretación frecuente), el concurso, los encargos institucionales y el Compositor Residente. Una mención al final expone la necesidad de hacer ley la visión ideal de los valores que propugnan las figuras de apoyo a la creación musical. Puede consultar este trabajo en referencia aquí: luisernestogomezcomposer.com/

La idea es darle una lectura de la forma más reflexiva posible, pensar, visionar, establecer objetivos a corto, mediano y largo plazo para que el posicionamiento como oficiante profesional del compositor vaya ocurriendo en la mente de los demás músicos y en el público en general.

La idea no es recriminar a nadie por lo no hecho hasta el momento, sino pensar nuestras posibilidades reales. Con sus acciones, debemos fomentar la conciencia del propio compositor como un profesional impecable. Para que de esta forma, pueda ser percibido como tal, in crescendo, ante los demás entes que hacen realidad la música.

Hoy pienso que el compositor sigue en deuda por la trascendencia de los visos del modelo romántico (aislado, desquilibrado y a merced de la inspiración) para asumir un modelo profesional que la sociedad le demanda (imagen eficiente, conciente de su rol y valor para la sociedad, su liderazgo para el trabajo en equipo -en equipo se abren más puertas- y hacer realidad los proyectos, puntual en sus compromisos, demostrando calidad en su trabajo, incluso como asesor en varias materias musicales).

Los compositores debemos solicitar y crear, con respeto, argumentaciones propositivas y con espíritu emprendedor, las figuras institucionales que hagan falta para generar un ambiente estimulante y constante para la creación y que pueda de esta manera, generar una tradición contundente para el país y ante el medio internacional en un futuro cercano.

El compositor debe hacer y crear, música y esas ideas esas formas de apoyo. Pero también cada uno debe poner de su parte, las instituciones deben planificar el estímulo a la creación. Los intérpretes deben solicitar hacer repertorio de sus propios compositores. De seguro, se verán gratamente sorprendidos (los músicos y las instituciones) por los aportes profesionales de nuevas obras que tendrán disponibles, si apuestan de forma sustentable por lo nuevo y lo propio. Esto siempre lo han hecho aquellos países que tienen una cultura fortalecida. Estoy seguro que allí también reside una acción exitosa: brindarle la confianza que merece lo inédito, a lo nunca visto, conducido con exigencia y sana sinergia.

En fin, es un debate que debe continuar haciéndose con cariño constructivo y cultivando la conciencia de que el logro de cada uno es ganancia de todos. Sólo la suma de procederes impecables entre compositores e instituciones puede hacer realidad ese ansiado posicionamiento del compositor en el público, con el valor que se merece quienes lo hayan apostado todo por su trabajo.

*El autor es compositor y profesor de la Universidad Simón Bolívar