Vía: abc.com.py | Por Nancy Duré Cáceres, ABC Color

Entre Berlín y diversos países se traza el camino recorrido por el músico Edicson Ruiz, de la mano de su contrabajo. Con la perspectiva que le otorgan tanto su formación como su praxis, reflexiona sobre la carrera que le apasiona: la música.

Edicson Ruiz Foto: Gustavo Báez

Edicson Ruiz Foto: Gustavo Báez

El contrabajista Edicson Ruiz, de la Filarmónica de Berlín, llegó al país para brindar un concierto en el Banco Central del Paraguay con la Orquesta Juventud, dirigida por el maestro Lito Barrios. Ruiz es un joven músico que nació en Caracas, Venezuela, en 1985 y a la edad de 11 años decidió dedicarse al estudio del contrabajo. Esto fue posible gracias al conocido programa de educación musical “El Sistema”, de la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv).

Edicson Ruiz, en principio, no era muy afín a la ejecución de instrumentos. Fue gracias a la insistencia y dedicación de su madre que optó por asistir al conservatorio. Asistió a sus primeras clases no muy contento, ya que no le gustaba mucho la música clásica. “Mi mamá supo del conservatorio a través de una amiga y decidió inscribirme. No estaba muy convencido de querer esto, pero ella insistió y continué”, cuenta hoy sonriente.

Lo que le hizo cambiar la perspectiva de la música fue que en la orquesta tocaban obras llenas de fuerza y ritmo. Así, encontró su veta artística en el contrabajo, en sus sonidos graves y su personalidad avasallante. Su destreza para instruirse le llevó a la cima musical a muy temprana edad. Con solo 15 años, fue ganador del Concurso Internacional de Contrabajistas de Indianápolis, EE. UU., y a continuación realizó cursos de perfeccionamiento con Janne Saksala, siendo en 2001 el becario más joven de la Academia Orquestal de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Alemania. Fue allí donde enfatizó su formación instrumental, bajo la guía del maestro Klaus Stoll y ya antes de concluir estos estudios fue nombrado miembro estable de esta prestigiosa orquesta. En el 2002 fue, además, condecorado con la Orden José Félix Ribas.

Su humildad lo lleva a expresar que no se considera un virtuoso, aunque la crítica afirma lo contrario. A la entrevista con ABC Revista se presentó muy amable. Con un hablar suave y pausado, fue desgranando su historia: la de hijo único que siendo muy niño se aventuró a nuevos desafíos, consagrándose como uno de los grandes exponentes del contrabajo solista, habiendo realizado excelentes conciertos solo, en grupos camarísticos o acompañado por orquestas de renombre en los cinco continentes, tanto en los exclusivos festivales internacionales de Salzburgo, Lucerna, Edimburgo, el Festival Chopin de Varsovia, el Festival Gubelkian de Lisboa, como así también en famosas salas, como el Lincoln Center de Nueva York y centros musicales en Berlín, Tokio, Madrid, Odessa, Zurich, Johannesburgo y Paraguay, por supuesto.

Su historia es muy rica en logros, producto de la dedicación y el esfuerzo. Realizó grabaciones discográficas, así como innumerables producciones internacionales de televisión que dan testimonio de sus excepcionales habilidades como solista. Por ejemplo, le encomendaron obras de compositores contemporáneos famosos, como Heinz Holliger, Paul Desenne, Efraín Oscher, Arturo Pantaleón, M. Ockert, Luis Antunes Pena, Dai Fujikura, Rudolf Kelterborn y Roland Moser. Todas ejecutadas magistralmente. Además fue partner de grandes músicos de renombre internacional, como Chirstian Tetzlaff, Gustavo Dudamel, Gidon Kremer, Yuri Bashmet, Lars Vogt, Christian Zacharias, Daniel Hope, Sabine Meyer, Sharon Kam, Alban Gerhardt, Daniel Müller-Schott, György Kurtag, Heinz Holliger, Elliot Carter, M. Bourge, Klaus Thunemann, Thomas Zehetmair, Jörg Widmann, Anner Bylsma y Danusha Waskiewicz.

Su esencia es la disciplina, virtud que mantiene a rajatabla. Claro que tiene sus momentos de distensión, y es cuando sale con los amigos a bailar bachata, rumba, salsa y otros ritmos bien movidos, muy contrarios a los que presenta sobre un escenario.

Tuvo una adolescencia cargada de responsabilidades; ese hecho quizás lo llevó a disfrutar tardíamente del entretenimiento, propio de los jóvenes. “No viví una juventud como la mayoría”, admite. Fue “adulto” con pocos años, hasta que ingresó a la Filarmónica de Berlín, donde su personalidad pasó por más presión debido a la alta competitividad y profesionalismo de la orquesta. “Imaginate que mi primer trabajo fue a los 14 años en la Sinfónica Simón Bolívar, que ahora es conocida como la Simón Bolívar; era el único niño”, confiesa.

A los 17 hizo su presentación en la Sinfónica de Berlín. Recuerda que, estando allá, conoció a un bajista de la filarmónica. “Me ayudó muchísimo. Mi visión acerca de cómo se tocaba el instrumento cambió totalmente, y me aconsejó tomar clases en la Academia Karajan de la Filarmónica. Fui, audicioné y me tomaron”, comenta.

Luego regresó a Venezuela, terminó su bachillerato y volvió a Alemania. Recibió clases con el maestro Klaus Stoll, primer bajo de la filarmónica. Fue este quien le habló de una vacante en la orquesta. Durante un mes y dos semanas se preparó con Klaus Stoll y, para sorpresa suya, fue elegido. Así fue que Edicson Ruiz dio su concierto, fue seleccionado y hoy es el flamante contrabajista de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Si bien la bachata o la salsa le sirven para distenderse o divertirse, lo cierto es que es un completo adorador y admirador de Bach, Strauss, Vivaldi, y tiene una rica carrera profesional a sus espaldas, que se destaca por su creatividad al contrabajo y la naturalidad de sus solos. “Me permite vivir feliz, compartir música y vivencias con mis compañeros, y compartir con el público la música que más me gusta. También viajé a muchos sitios diferentes y conocí muchas personas de diversas culturas gracias a mi trabajo en la orquesta. Estoy contento porque tengo la capacidad y oportunidad de hacer que el contrabajo no sea considerado como un instrumento medio sordo, poco ingrato en el sonido, inflexible, que es lo emocionante para mí. Definitivamente, no cambiaría esta vida por nada del mundo”, refiere.

Se siente libre cuando sube al escenario, y le saca bellos y roncos sonidos a su contrabajo. Disfruta de la interacción con los otros instrumentos. Su música es su felicidad y su vocación lo consolida como un virtuoso, un prodigio.