Vía eluniversal.com | ÁNGEL RICARDO GÓMEZ

“Mientras el líder piense en el grupo para obtener lo mejor de cada uno de ellos, es un buen líder” “No es solo tocar un instrumento, sino tocar el corazón de un niño… tocar el alma de un país”

Gregory Carreño se considera un “evangelista” de la música. No descarta la idea de ser uno de los “apóstoles” del maestro José Antonio Abreu. En una conversación de casi una hora emite calificativos para el fundador del Sistema de Orquestas que van desde “iluminado” y “genio”, pasando por “ángel”, hasta “líder” y “padre”.

Aliado de Abreu en la fundación del Sistema de Orquestas desde 1975, forma parte de la estirpe de Teresa Carreño e Inocente Carreño, lo cual considera un enorme compromiso. Cree en la música como motor de cambio de las sociedades y en Dios como fuerza superior que lo guía.

-Es sobrino de Inocente Carreño ¿Cuáles han sido las ventajas y desventajas de ese apellido en su vida?

-Ventajas, no sé cuáles, más bien demasiado compromiso porque esta es una familia que ha sido tan importante, han sido todos tan buenos y han aportado tanto: Teresa Carreño, Cayetano, Inocente, Francisco, mi papá (Juan Bautista), han sido grandes músicos y artistas. Ese es un tremendo compromiso ¿Ventajas? “Demuestra que eres bueno”, te dicen. No basta con un apellido. Más bien eso nos ha dado más estudio, fortalezas para ser mejores, porque alcanzarlos a ellos ¡wao! Yo no busco alcanzarlos pero sé que tengo una responsabilidad con la historia musical venezolana, no me queda más que continuar la labor de ellos y hacerlo cada vez mejor.

-¿Llegó a plantearse otro oficio o ya se daba por sentado que todos debían ser músicos?

-Nunca nos dijeron que teníamos que ser músicos. A mí siempre me gustó el derecho, estudié primer y segundo año en la Universidad de Carabobo, yo vivía en Aragua. También era deportista, jugaba voleibol, creo que era bueno. Yo estaba en Turmero y en esa época formaba parte de la selección de Aragua, y nos escogieron para pertenecer a la selección nacional, ya estudiaba música. Incursioné en todo, pero tuve que escoger porque la música me fue exigiendo cada vez más.

-¿A qué edad decide que va a ser músico definitivamente?

-Cuando conozco al maestro Abreu, tendría 14 o 15 años, por 1971. Igor Lanz había fundado la Coral Filarmónica de Aragua en el Conservatorio, y con el maestro Juan Carlos Núñez teníamos una pequeña orquesta experimental. Igor llevaba al maestro Abreu a ensayar con nosotros y a hacer conciertos, él dirigía o nos acompañaba con el órgano. Yo siempre tuve esa inquietud por la música pero desde que me encontré con el maestro Abreu eso fue como una marca, dije “Yo quiero ser músico”. Ver su talla, su estatura, ver a un individuo ejecutando el órgano que es un instrumento tan difícil, que se toca con las manos, con los pies, moviendo botones, y yo vi al maestro en un concierto que nos invitaron y pensé ¿Que es esto? ¿Un pulpo? También cuando empezaba a ensayar allá, con su parlamento, lo que decía, lo musical, la sabiduría del maestro Abreu, imagínate, ese fue como un camino.

-Como fundador del Sistema ¿Qué recuerda de esos primeros años, de ensayos en estacionamientos, pasillos, galpones..?

-¿Sabes donde ensayábamos nosotros? Donde el maestro nos dijera. Teníamos un líder -y tenemos un líder- que nos enseñó a creer, a soñar, a confiar en lo que nosotros pensáramos pudiera ser realidad. El primer ensayo fue en un estacionamiento, allí empezamos a hacer los primeros contactos con 10 o 12 personas; al segundo, éramos como 30, porque él empezó a hacer su Campaña Admirable por el país para hacer su ejército. Yo me considero realmente muy afortunado de ser de esa camada… Y ya entonces el maestro decía, “Esta es una orquesta que va a viajar, una organización que va a representar al país”. Como éramos jóvenes, compañeros, y nos conocíamos de los conservatorios y las escuelas de música, bromeábamos, “¡Este está loco!”, pero fue un cuerdo que nos enseñó a loquear como él. Fue una enseñanza tremenda, para nosotros, divina, fuimos tocados por una persona, que sí sabía, un iluminado, el maestro es un iluminado, un genio. Claro, nosotros hemos convivido con él toda la vida, yo me considero un hijo del maestro.

Un año crucial

En febrero de 1996 durante la segunda visita del papa Juan Pablo II a Venezuela, le tocó al maestro Gregory Carreño dirigir la primera Orquesta Nacional Juvenil creada para honrar al ilustre visitante, hoy declarado santo de la Iglesia Católica. Apenas un mes después, sufre un accidente automovilístico que casi lo arranca de este mundo.

-Cuando comenzamos a formar núcleos en el país, el maestro José Antonio Abreu me envió a Trujillo (1979-1980) y yo vivía allá. Aquel 9 de marzo de 1996 yo venía bajando del Monumento de la Paz, luego de almorzar con mis suegros, y en un cruce me chocaron la camioneta por detrás, esta se volteó, yo caí por un cerro y me fracturé. La cervical 4 me aplasta la médula espinal y quedo paralítico, sin sentir nada de la cabeza para abajo. El maestro se entera y me manda a buscar en una avioneta, me interna en la Clínica El Ávila, me puso en las mejores manos. Me operaron, salí bien, pero yo quedé paralítico… Fueron siete años de terapia. Nadie daba nada por mi, los médicos decían, “Vamos a ver qué pasa”. Pero lo bueno es que mi cerebro no sufrió, y yo creo que eso ayudó mucho en la recuperación.

-¿Y qué papel jugó el maestro Abreu en ese proceso?

-El maestro siempre estuvo allí, llegaba todos los días a hablar y a rezar conmigo. Después me fui a la casa y él siguió allí. El maestro siempre ha estado conmigo, es un ángel que me mandó el Señor. Un día, estoy en la clínica en recuperación, en las terapias, y él me mandó un video, “Mi querido, ve ese concierto”, me dijo. Era la Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por Otto Kemplerer. Al terminar, lo llamo y me hace verlo de nuevo, “Observa”, me decía. Noté que estaba sentado. Había sufrido un ACV y dirigía con una sola mano. “Quiero verte dirigiendo de nuevo”, me dijo el maestro.

-Hoy usted dirige perfectamente ¿A qué cree que obedece su recuperación?

-Mi recuperación se debe mucho a la disciplina que adquiere uno en la música, en el arte. Yo hacía 9 horas de terapia al día, no es fácil. Puedes creer que repetir un cosa no te va a ayudar, pero sí, ¿qué hace uno en un ensayo? Repetir una y otra vez, y horas y horas, hasta que la música surge. El cuerpo mío fue igualito.

-¿Qué le falta a Venezuela para funcionar como una sinfonía perfecta?

-Tener buenos líderes que hagan un buen camino y que este sea creíble, porque el Sistema se ha hecho con base en eso, en un liderazgo que ha demostrado que sí es verdad que con la lucha, la perseverancia y la disciplina, y creyendo en lo que uno está haciendo, se logran las cosas. Desde cualquier profesión, los músicos, médicos, empresarios, políticos, todos, debemos luchar y trabajar para que la sinfonía de nuestro país suene bien. ¿Qué le falta al país? Que los líderes nos digan la verdad.

-Pero a veces los líderes pueden ser dañinos ¿qué tan importante es el líder y cuán importantes, los individuos?

-Mientras el líder piense en el grupo para obtener lo mejor de cada uno de ellos, es un buen líder, no el que utiliza el grupo para él ser el líder. El maestro Abreu nunca nos dijo eso porque él es el líder, uno lo sabe. Fíjate lo que significa nuestro lema, “Tocar y luchar” -y mira la sabiduría del maestro- no es solo tocar un instrumento, sino tocar el alma, el corazón del niño, del joven que anda en malos pasos, tocar el alma del individuo, tocar el alma de un país. Tocando y luchando se logran las cosas, esa es nuestra verdad, ahora el lema es “Tocar, cantar y luchar”, porque incorporó a los coros, imagínate, ¿quién no canta? ¿quién no habla? ¿o acaso el hablar no es cantar? Tú puedes cantar verdades o cantar falsedades.

-El Sistema ha optado por no entrar en la diatriba política actual ¿Qué tan beneficiosa o perjudicial ha sido esa estrategia?

-Como fundador he visto todo el proceso del Sistema, y hemos pasado por varios gobiernos. El primero de Carlos Andrés Pérez cuando se funda el movimiento, Luis Herrera, Jaime Lusinchi… Siempre estuvimos con los presidentes, con los ministros, porque el Estado es el que tiene los recursos para mantener algo social… el Sistema no es político de esa manera, nuestra política es cultural para esta empresa donde hay músicos y no músicos, este es un pequeño país. El país tendría que funcionar así, la política nuestra es esa, convencer que el arte por encima de todo cambia a los pueblos.