Vía: El País.com | Su retrato preside una de la salas de la exposición Latinos en la Música Popular de EE UU que durante estos días se exhibe en el Lincoln Center de Nueva York. “Durante medio siglo”, explican los organizadores, “Eddie Palmieri ha sido una fuerza innovadora dentro de la música latina”. El pianista, director de orquesta, compositor y arreglista, nacido en el Spanish Harlem neoyorquino hace 77 años, inaugura esta noche la tercera edición del Festival Clazz Continental Latin Jazz, que tiene lugar este fin de semana en la sala verde de los Teatros del Canal con la participación de, entre otros, el también pianista Omar Sosa o el saxofonista Perico Sambeat.

Eddie Palmieri

Eddie Palmieri

El “Emperador de la Salsa” se disculpa por su ligera tardanza en recibir al entrevistador, “hoy me levanté a las 4.15, una hora criminal”. Anoche colgó el “no hay billetes” en el segundo de sus conciertos en el Ronnie Scott’s londinense. Y la pasada semana tocó antes 10.000 personas en el Prairie des Filtres de la ciudad francesa de Toulouse: “algunos se empeñan en retirarme de la circulación… Me voy a retirar, ¿a qué?”.

El pianista acaba de ser condecorado con el título de Maestro del Jazz por la Fundación Nacional para las Artes, el equivalente a los Oscar en jazz: “es un honor increíble, sobre todo porque no soy un pianista de jazz, pero tengo el apoyo y el respeto de todos los jazzistas”. Acaso la conexión jazzística tenga que ver con la devoción del pianista por la música de Thelonious Monk. Palmieri fue el primero en descubrir al rumbero oculto tras la figura enigmática del padre del bebop: “tuve la suerte de conocerlo una noche que vino al Corso, donde yo trabajaba. Cuando terminé, fui hacia él y le di las gracias, le dije que era un honor conocerle, y alguien le preguntó: “Monk, ¿te gustó la forma en que toca Eddie Palmieri?”. Él emitió una especie de gruñido. Yo miré a su socio, que me hizo un gesto explicativo: “está encantado”.

Si Eddie Palmieri ha podido pasar a la historia del latin jazz como uno de los pianistas más innovadores y creativos, se lo debemos en buena medida a las argucias de su madre cuando era un niño: “lo que yo quería era ser percusionista. Empecé a tocar timbal a los 13 en la orquesta de mi tío, El Chino, pero mi madre sabía que eso no era para mí. Entonces me compró la caja más pesada que encontró para que metiera en ella los timbales, luego se quedaba esperando a que llegara mi tío para llevarme al trabajo, y me decía: ‘¿tú no ves qué lindo se ve tu hermano cuando sale a trabajar?, y ¿sabes por qué?: porque no tiene que cargar el instrumento. ¿Cuándo tú vas a aprender, Eduardo?”.

A principios de los sesenta, Palmieri esbozó los principios fundamentales de la salsa cuando sustituyó los violines por los trombones en su orquesta, no por nada bautizada como La Perfecta: “fue una cuestión económica. Cuando formé mi propia orquesta, a primeros de los sesenta, tocábamos lo que fuera, daba igual si era una boda o un velatorio. Yo pretendía a los trompetistas, pero no tenía la plata para pagarles. Entonces me encontré con Barry Rogers, el trombonista, que se vino conmigo por muy poco. Aquello funcionaba. ¿Y si funcionaba con uno, por qué no con dos? Así empezó La Perfecta”. A falta de la susodicha, en su concierto de esta noche, el septuagenario pianista estará acompañado por un septeto de jóvenes talentos del jazz con un amplio conocimiento del género bailable: “somos siete echando candela, lo nuestro es la fusión del siglo XXI, que es el latin jazz”.