El director musical de la Orquesta Sinfónica de Miami, quien recibió dos honores esta semana por su trabajo en la ciudad, conversó sobre cine, sushi, por supuesto música y hasta reggaetón.

Vía: Venezuela al día | Escrito por Juan Carlo Rodríguez

En agradecimiento por su labor en la Miami International Symphonic  Orchestra, la ciudad le otorgó honores al director Eduardo Marturet el mes de abril;  el primero durante el Miami Fashion Week por su labor humanitaria y además, en el marco del Doral Fest 2013 -evento realizado por Central Media 28 y Vertigo Media Group- cuyo fin es dar a conocer Doral integrando a sus habitantes alrededor de actividades culturales, la Alcaldía de Doral hizo lo propio homenajeando al reconocido venezolano. Marturet había dirigido cincuenta orquestas en más de 800 conciertos en tres continentes antes de tener el puesto en Florida, además de haber sido el primer director musical del Teatro Teresa Carreño en Caracas y compuesto bandas sonoras para diversas películas nacionales.

Eduardo Marturet ©Gabaldon

Eduardo Marturet ©Gabaldon

Sin embargo, él mismo ofrece servir el café a la visita en su apartamento en Caracas. De la misma manera, acepta sus honores de manera sencilla, pero lleno de orgullo.

Ya tiene cierto tiempo dirigiendo la Filarmónica de Miami. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Seis años, vamos para siete. Creo que todos estos reconocimientos son por lo que se ha logrado con la orquesta. Que por supuesto no lo he hecho yo solo. Muy feliz, y mucho trabajo. La recesión económica por la que hemos pasado estos dos años ha hecho muy pesado, muy cuesta arriba conseguir fondos. El público y la crítica han respondido muy bien. Y yo me siento muy feliz porque le he dado a la ciudad una orquesta que no tenía. Nuestra orquesta fue construida para los próximos  50, 100 años de la ciudad. Nuestra estrategia trasciende mi tiempo con la orquesta, que es muy importante, porque hay algunos directores que adaptan la orquesta al tiempo que están al frente de ella, y yo considero que eso es un error.

Hábleme del homenaje en el Doral.

Es un homenaje que el alcalde Luigi Boria le está haciendo a la Orquesta Sinfónica de Miami a través de mi persona.

Aquí interviene su esposa, la actriz y modelo Athina Klioumi, buscando ponerlo en el lugar que él no considera necesario. “¿Cómo que no es para ti?”, dice. “No, claro que es para ti, por el trabajo que tú has hecho. Si hay alguien que ha visto el trabajo que has hecho son los venezolanos que asisten a nuestros conciertos”.

¿Y el del Fashion Week de Miami?

Marturet: Ese me lo está dando Tina, por cierto.

Klioumi: A mí me tiene como o “fashion icon” de Venezuela. Entonces homenajeando un poco a Venezuela, voy a dar unas palabras y todo. Había una fiesta antes del Fashion Week, que Eduardo no pudo ir, y ahí me dieron un “pre-premio”. Que por cierto no nos lo han dado, ni lo he visto…

Recordando “Ocean Drive in Viena” (que incluyó una bandada de loros junto a él mientras dirigía), ¿Es parte de la necesidad del espectáculo o es parte del proceso orgánico de las presentaciones?

EM: Un poco de los dos. Eso se llamó “Ocean Drive in Vienna” porque era imaginar que llevábamos a Ocean Drive allá a Viena. Que si vamos a tocar música en Viena, ¿Qué le llevaríamos? Le llevaríamos un poco de cosas, como los pájaros. Pero eso es parte del show para que el público se divierta. Eso no estaba en el programa, como estaba la máquina de escribir de Raúl González.

AK: Tuvimos que ser super creativos para sobrevivir, porque todas las orquestas que vinieron antes de nosotros murieron. Pero esta creatividad nos hizo que estuviéramos donde estamos en Miami. Estamos completamente locos. A nosotros nos han dicho que no podíamos hacerlo, y nosotros, “¿Cómo qué no?” A todo le decimos que sí. Lo tenemos que hacer, eso es lo que mantuvo la orquesta. Hasta hicimos algo con un DJ. (…) Fuimos donde estaba la gente, hasta los malls. Una vez tocamos en Aventura Mall, que hasta la gente de las tiendas se preocupó, pensando que la gente no iba a comprar.

Usted ha dicho “las raíces de la música clásica están en el pueblo, y después se convierten en arte”.

Es que la música de los grandes compositores se inspiró en la música popular. En esa época no había el concepto de música clásica y música popular, esa división no era algo tan marcado como lo es ahora. Tenías un compositor como Mozart que montaba sus obras con temas populares, y la gente del pueblo oía sus óperas. Claro, eran países cultos donde se originó eso, como Austria y Alemania, tan cultos, tan poderosa su cultura musical que trascendió a otros países.

Se me ocurre un poco como el sushi. El sushi tiene algo tan original, tan poderoso que trascendió de Japón y se conoce en todo el mundo. Uno de los principios más poderosos para mí del concepto de la universalidad es que tiene que ser autóctono de un lugar para que pueda ser universal. Porque para que algo sea universal debe ser totalmente auténtico y es captado inmediatamente por cualquiera. Puedes ser de Venus, pero te conectas igual.

El arte sobrevive desde el punto de vista del público, porque es un instrumento de valor, de impresión. Tú puedes comprar un cuadro que no te guste, pero el cuadro puede valer millones. Ese es un agregado que la música no tiene, a menos que la grabes.

Usted ha comparado el trabajo del director con el de un coach de fútbol.

Claro, porque todo el trabajo es previo. Tú ves el resultado, con la diferencia que el coach de fútbol no es un divo. Bueno mentira, ahora hay algunos que sí lo son, y ya no son anónimos. Pero había una época en que eran anónimos, ahora todos aparecen y se pelean. Pero en el fondo el director de orquesta, al igual que el coach de fútbol prepara a su equipo antes. “We’re going to play”, dicen los dos.

¿Qué diferencia a un director de otro?

Cada quien le ve su estilo.

AK: Eduardo es muy romántico y muy ideal. Nuestros amigos estadounidenses dicen que es muy shamánico, porque hace como magia. Eso que ves (en el video en YouTube) de “Canto Llano”, conecta mucho en algo esotérico. Los norteamericanos son más la técnica. En cambio con Eduardo todo el mundo está ahí. Él es muy romántico, muy dinámico.

EM: Una cosa es la técnica y otra cosa es la simbología, son muy difíciles de explicar porque todo el mundo las conoce.

Marturet empezó en la música con una batería que obtuvo a los 5 años, cambiándola por un piano a los 8, por ser “un instrumento mucho más completo, básicamente. Te da muchas más posibilidades”. Igualmente no dejó la batería, estando en un grupo llamado The Darts (“no confundir con los Darts”), cuando tenía 14 años; cuando luego se fue a estudiar a Cambridge, igualmente obtuvo una licenciatura en percusión, piano, composición y dirección. De la misma manera, su primera dirección fue a los 9, en el colegio San Ignacio de Loyola, a un coro de tres personas como parte de una clase. En el público estaba su abuela, “preocupadísima porque yo le estaba dando la espalda al público y no entendía nada. Después entendió (risas)”.

¿Ahí fue que descubrió que la música era lo suyo?

No, la música siempre fue lo mío, pero como profesión yo no me di cuenta de la posibilidad de que fuera mi profesión, una carrera, hasta que me gradué de bachiller. En ese entonces la música no estaba de moda, aquí no existía el Sistema. Esto es “AC” (risas). Un músico, o eras un músico que tocas en cabaret o eras un loco de la calle.

¿Qué quiere capturar cuando compone?

Cuando uno compone, a menos que estés componiendo para algo muy específico, como a una letra o a una imagen, como ocurre con las bandas sonoras, en el fondo lo canalizas. Tú recibes no sé de dónde información. Igualmente cuando compones para una banda sonora también estás canalizando. Uno como que es un médium para una información.  Claro, como médium artístico te puedes dar el lujo de modificarlo mientras lo recibes, y ahí es donde está la técnica del artista. El médium verdadero simplemente escribe lo que percibe.

¿Y qué prefiere, componer para imágenes o lo que la musa le pide?

Ambas son situaciones que me son muy viables, dependiendo qué es lo que se ofrezca. La música del cine me gusta mucho, se me hace fácil escribir música para el cine, para la televisión, para el teatro. Yo además soy muy visual, porque además soy fotógrafo aficionado. Y además me casé con una actriz. Me siento muy cómodo en ese medio.

Y de seguro se lo han preguntado antes, ¿pero qué opina del reggaetón?

Sí me lo han preguntado. Y de verdad no me gusta, pero creo que es porque no me conecto con él. Tampoco he hecho ningún esfuerzo por conectarme, la verdad.

En pocas palabras

Una ciudad. Caracas. Un animal. El perro. Un sonido. El mar. Una canción para no hacer nada. El silencio. Una para dormir. Los latidos del corazón. Un músico. (Luego de un largo silencio) Es que son demasiados… Brahms. Un lugar. La Gran Sabana. Un ayer. Cuando éramos felices y no lo sabíamos. Un por siempre. Tina. Un jamás. Olvidar. Una palabra. Twitter®. (Kliouni añade: “¡Él es el rey del Twitter®! Escribe muchísimo ahí”. Lo primero que le quiere escucharle a Dios cuando llegue allá. Que si me da un puesto en la orquesta no me dé demasiados conciertos.