Vía: elespectador.com | Por: Juan Carlos Piedrahíta B.

El contrabajista venezolano es un músico consagrado dentro de la Orquesta Filarmónica de Berlín, pero también realiza conciertos como solista en distintos escenarios de América y Europa.

Edicson Ruiz.

Edicson Ruiz.

Lo que más le gusta a Edicson Ruiz de su instrumento es la capacidad que tiene de diversificar su sonido. El contrabajo posee muchas caras, algunas formas, cientos de matices, y puede hasta dar la impresión de convocar en su interior a otros colegas de la sección de cuerdas. Sin mayores complicaciones logra ser percutivo, melódico, autóctono o criollo. Es cuestión del enfoque que tenga el intérprete y depende de su habilidad para transformar en emociones lo que está en el papel.

Festival de Música de Medellín

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Por eso, a veces Ruiz se tiene que trasformar en una banda de percusión, mientras que para otros recitales debe hacer las veces de un conjunto de violines o de chelos. Incluso, en algunas oportunidades le han pedido que hable y que cante a través del empleo de su contrabajo. Ahora más que nunca el músico venezolano tiene la convicción de que cada instrumento sueña con la conciencia de su intérprete y se define de acuerdo con el potencial sanguíneo de su poseedor. Para Edicson Ruiz el contrabajo, más que instrumento, es una experiencia.

Su primera influencia musical fue la viola, de la que guarda un recuerdo desafortunado dentro de su historia sonora, porque el instrumento prácticamente se le desarmó en las manos. Se le cayó el puente y jamás, a pesar de sus esfuerzos, entendió cómo debía colocar sus extremidades para hacerla funcionar de manera adecuada.

“Después, a los once años, vi los contrabajos. Me parecieron elegantes y me llamó la atención la forma de tocar el instrumento de pie y con una comodidad absoluta. Pensé en ese entonces que el pizzicato de los violines era muy pequeño y muy diferente al del contrabajo, que podía inundar toda la sala y lograba arropar a los otros instrumentos. Esto en definitiva cautivó enormemente mi atención”, cuenta Edicson Ruiz, quien tuvo su proceso de formación en el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Gracias a este programa consolidado y a la influencia del maestro José Antonio Abreu, Ruiz emprendió proyectos ambiciosos y visionarios que en la actualidad son el referente de muchas escuelas de aprendizaje musical. Él, con 17 años, audicionó frente a muchos otros artistas; 95 aplicaron, a 23 se les invitó a una audición presencial; únicamente tres pasaron a la semifinal y finalmente fue seleccionado para integrar la Orquesta Filarmónica de Berlín. Sin embargo, no fue escogido por su trayectoria. Los que inclinaron la balanza a su favor fueron el potencial y el talento que vieron los jurados.

“En Europa los artistas han sido educados de forma individual, creo que tienen más desarrollo musical y académico en general. En cambio el músico latinoamericano evoluciona de manera más grupal. En especial en Venezuela tienen más carisma, exponen sus vivencias en su interpretación, no son tan racionales y sistemáticos como los europeos a la hora de interpretar, pero tienen mucho más por contar. Eso creo que me ayudó”, dice el contrabajista, para el que la riqueza musical de Venezuela fue un estímulo a pesar de que nunca ha ejecutado de forma profesional los aires autóctonos de su tierra.

Además de ser parte de la Orquesta Filarmónica de Berlín y de ofrecer conciertos como solista en América y Europa, Edicson Ruiz se ha concentrado en la docencia. Para él, dar clase es una manera de concientizar esos movimientos que aprendió de forma intuitiva cuando los estudió durante su infancia. Indudablemente lo que ha enseñado se le ha retribuido e incrementado. A partir del contacto con los estudiantes en distintos países ha podido encontrar dinámicas diversas para interpretar obras clásicas, pero también ha podido hacerle frente al repertorio contemporáneo.

“Mi contrabajo me da la opción de tocar de todo. El que tengo en la actualidad es un precioso instrumento italiano del siglo XVIII. Le pertenecía al contrabajista principal de La Scala de Milán, quien al retirarse abandonó el instrumento en un sótano sin tocarlo. Por eso padeció algunos daños que hoy ya están arreglados. Es un instrumento con una resonancia muy especial, cada nota se mantiene resonando con una longitud inusual y funciona en todas las afinaciones y en todos los estilos. No obstante, no me gusta tocar con él en la Orquesta Filarmónica, porque tiene un sonido muy fino que se presta muy bien para la música solista y música de cámara”, asegura Edicson Ruiz, a quien distintos autores le han compuesto piezas exclusivas, como D K Son, Escenas del sur y Boves y Bolívar.

Luego de su paso por el VII Festival Internacional de Música de Medellín, evento en el que ha sido invitado especial, este contrabajista ya tiene planes para grabar su cuarto trabajo discográfico como solista. Aunque también debe regresar a la Orquesta Filarmónica de Berlín para seguir multiplicando el nombre de Venezuela en el escenario internacional. Edicson Ruiz lo logra porque su contrabajo tiene eco.