La extraordinaria historia de éxito de Yola no debe sorprender a nadie. La orquesta ha llevado a sus jóvenes intérpretes (algunos de los cuales jamás habían salido del sur de Los Ángeles) al Walt Disney Concert Hall, el Hollywood Bowl, Londres, Tokio, el Super Bowl y la National Gallery, en Washington, D.C.


Vía: www.hoylosangeles.com | Por Mark Swed | (Los Angeles Times)
Traducción: Valeria Agis

Lo que este país necesita realmente es un buen concierto por $5 dólares. Y eso es precisamente lo que Oakland experimentó este domingo, en el Paramount Theatre -de 2,800 localidades, totalmente vendidas-, con Gustavo Dudamel como director de YOLA, la Orquesta Juvenil de Los Ángeles creada por la Filarmónica de L.A., cuando el conductor venezolano se convirtió en su director musical, en 2006. El concierto, cuyos boletos se vendieron íntegramente a $5, fue el clímax de la primera gira de YOLA, con paradas en Northridge, Visalia y Fresno.

Aún así, es innegable la emoción de ver a estos consumados y jóvenes músicos, que comenzaron con violines de cartón y similares hace una década, convertidos en una orquesta genuina con su propio estilo y sonido distintivo.

Su aspecto es lo que primero llama la atención a medida que los músicos entran a escena, vestidos elegantemente con pantalones de jean, chaquetas oscuras y zapatillas deportivas en blanco y negro, diseñadas por Dana Neillie, quien también fue responsable de sus atuendos para el Super Bowl. Si no hubiera nada mejor que remarcar de ella, podría decirse que YOLA es la orquesta más a la moda en todo el mundo.

Ese estilo no es poca cosa; ayuda a los jóvenes a sentirse especiales. YOLA es importante. Los chicos son cool, quizás con cierta arrogancia adolescente pero con los ojos bien abiertos. Así también es como tocan; ellos saben que son buenos, aunque no todo lo buenos que podrán ser. Dudamel -quien condujo el show en Oakland después de que el director musical de YOLA, Juan Felipe Molano, dirigiera las paradas anteriores de la gira- exige a esta orquesta lo mismo que a cualquier otra, por lo tanto, sus jóvenes intérpretes están siempre inquietos.

En cuanto al estilo de interpretación, YOLA también tiene un sentido de ensamble que proviene de sus miembros, quienes han crecido juntos. Los músicos están atentos a los matices de Dudamel; hay un sentido de la danza en su enfoque del ritmo, y del juego en su ejecución. El sonido de la orquesta es audaz. Los músicos están en medio de una lucha constante para dominar sus instrumentos, pero tienen la habilidad de hacer algo honesto con ellos.

Por lo tanto, no puede haber un lenguaje crítico que sea adecuado para las actuaciones de YOLA. La madurez y la entonación de las cuerdas están aún por lograrse. En su lugar, hay un sentido de la música en desarrollo, está viva mientras se toca, algo que se perderá irremediablemente cuando la técnica se vuelva más brillante.

La música rítmica dominó un programa en el cual cada pieza fue precedida por videos de Dudamel trabajando con YOLA durante los años y los intérpretes relatando experiencias con considerable elocuencia. La danza es algo que los jóvenes hacen naturalmente y, a menudo, mejor que el resto.  En la composición del mexicano Arturo Márquez “Conga del fuego”, que inició la tarde, una violonchelista giró orgullosamente su instrumento mientras otros en la orquesta se balanceaban al tocar. La mitad del ensamble se puso de pie y para la rumba del “Danzón número 2”, de Márquez, en el bis.

Esa cualidad, además del baile, permeó el “Himno a la alegría” de Beethoven (de la Novena Sinfonía); la Danza Húngara número 5, de Brahms, y el movimiento final de la Octava Sinfonía de Dvorák. “Raiders March”, de la banda de sonido de “Raiders of the Lost Ark” -creada por John Williams-, tuvo una vibración adolescente esencial a su música, algo que ninguna orquesta profesional podría replicar.

El modelo para todo esto, por supuesto, es el programa educativo de música de Venezuela llamado El Sistema, del cual Dudamel es el hijo más famoso y destacado promotor. Prácticamente a cada sitio donde viaja pone en marcha programas de música para niños. Los músicos de YOLA, por ejemplo, pasaron la mañana del domingo en talleres con pequeños de 13 grupos del Área de la Bahía y estudiantes de música de Oakland Symphony y Oakland School for the Arts. La semana próxima, Dudamel trabajará con la red El Sistema de Boston y sus alrededores.

El concierto de YOLA en Oakland, que fue presentado por Cal Performances de UC Berkeley, sirvió como preludio a la gira de L.A. Phil en la costa oeste, que comenzó al día siguiente con Dudamel como director de “Play”, de Andrew Norman, y de la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, en San Francisco. Ese programa, que se interpretó el viernes por la noche en Disney, es notable por la abrumadora pasión de Dudamel por Tchaikovsky y por una revisión del mayor trabajo orquestal de Norman, una intrincada y descarada orquestación que algún día será vista en retrospectiva como el trabajo más espectacular de este compositor de 35 años, de Los Ángeles, quien se está convirtiendo rápidamente en un poderoso nombre de la música estadounidense.

El concierto de YOLA en Oakland, no obstante, representa algo más. Ayuda a explicar qué es lo que está en juego en Venezuela para Dudamel. Con su país posiblemente en vías de una revolución, el financiamiento federal de El Sistema permite a un gobierno impopular emplear el programa como propaganda (algo que todos los gobiernos venezolanos han hecho de varias -y no siempre tan desagradables- maneras) y a Dudamel como colaborador. Aunque el director ha dejado en claro que su lealtad es sólo con los niños de El Sistema y que no los abandonaría, tal como un médico no abandonaría a un paciente porque su hospital depende de fondos del gobierno.

Un vasto programa como El Sistema puede existir sólo con esa clase de financiación gubernamental. En contraste, YOLA atiende a 800 estudiantes, apenas poco más que un décimo del 1% de El Sistema en Venezuela. Cada uno de los 60 alumnos de YOLA se han graduado de la preparatoria, y casi todos ellos han ido a la universidad.

Con una exitosa historia como esa, por no mencionar la gran alegría de ver a cientos de niños inspirados en la audiencia, la presidente de L.A. Phil, Deborah Borda, afirmó el sábado que le gustaría expandir enormemente el programa en L.A. Todo lo que se necesita para ello, aseguró, es dinero.