ENTREVISTA A DIEGO NASER, DIRECTOR DE ORQUESTA URUGUAYO DE PROYECCIÓN MUNDIAL

Vía: www.elpais.com.uy/

Hoy jueves 12 de noviembre a las 19.30 subirá al podio en el Teatro Solís para dar un triple programa de música clásica. Antes de eso, el joven artista habló con El País

-¿Cómo ves a la Orquesta Filarmónica de Montevideo?
-Creo que la Filarmónica, hoy por hoy, está sonando mucho mejor de lo que yo la recordaba. Hay muchos músicos nuevos, que ingresaron en los últimos concursos, que han sido una inyección de juventud y de energía para la orquesta. También hay una sonoridad mucho mejor de lo que yo la recordaba. Creo que la Filarmónica puede ser una gran orquesta, una de las principales de Latinoamérica. Me encantaría que ese objetivo se logre. Estamos en un momento ideal para empezar a hacer un trabajo que nos coloque en el mayor nivel.

-En ese sentido, los músicos que han trabajado en el exterior y regresan tienen mucho para aportar.
-Sí, algunos nos hemos formado afuera y hemos recibido lecciones con los mayores músicos del mundo, y tenemos que tener el espacio para aportarlo aquí, para ayudar a crecer las fuerzas artísticas del país. Hoy a la Filarmónica la veo también con una idea musical más clara.

-En tu caso, ¿cómo fue tu formación en el exterior?
-Yo me fui con una beca del Centro Cultural de Música a Europa en el 2001, a Viena, donde estudié violín y viola. También fui miembro de la Orquesta Juvenil de Viena, y de la Orquesta Filarmónica de Cámara, de Viena. Luego me fui a Alemania, donde me radiqué, y estudié en el Conservatorio de Hamburgo, y fui miembro de la Camerata de Hamburgo, y de la Orquesta de la Radio de esa ciudad. También toqué en la Ópera Estatal de Kiel, en el Norte de Alemania, donde fundé en el 2005 una orquesta juvenil y se creó un lindo proyecto, que aún sigue, en otras manos. Y hoy por hoy sigo tocando con Daniel Barenboim, que para mí es el maestro más emblemático del siglo XX, y del siglo XXI también. Con él toco en la West Eastern Divan, una orquesta de primer nivel con los mejores músicos árabes y judíos de orquestas profesionales. Con ella hemos recorrido los festivales más importantes de Europa, como el Festival de Música de Salzburgo.

-Y también estás dirigiendo mucho…
-Sí, en Mexico, Boston, Viena, y el año próximo debuto con la Filarmónica de Lisboa. Eso me tiene muy contento, y en Uruguay me desempeño como el maestro preparador de la Orquesta Juvenil Nacional del Sodre. Y ahora tengo la suerte de dirigir la Filarmónica, por primera vez en su ciclo principal de conciertos. Y para mí es muy importante, porque son los compañeros de trabajo con los cuales yo empecé, antes de irme a Europa. Y por más que di el paso hacia el podio, no dejo de sentirme un colega más. Hoy el 95 % dirijo fuera del país, y para mí un concierto en Uruguay es muy significativo. Esta es una oportunidad que me parece única, y que espero que se repita, más en un momento en que la Filarmónica está sin director.

-Te pido dos palabras sobre el repertorio del concierto de hoy.
Es un concierto muy cuerdístico. Haremos el Adagio para cuerdas Op. 11, de Samuel Barber, que es solo para cuerda, luego el Concierto N° 1, de Max Bruch, que es para violín y orquesta, y la Sinfonía N° 5 de Schubert, que tiene muy pocos vientos y no tiene percusión. La partitura de Barber es su obra maestra, y en esos rankings que se hacen, está considerada como la más triste de toda la música clásica. Se la usó, por ejemplo, para rendir tributo a la caída del World Trade Center. El concierto de Bruch es uno de los más lindos para violín del período romántico, un compositor que no escribió mucha obra y esta es de sus obras maestras. Y la sinfonía de Schubert tiene mucho de la transición del clásico al romántico, tiene mucha tragedia y también momentos de una ligeraza musical exquisita. O sea que el concierto tiene tres estilos muy diferentes y muy marcados.

-¿Qué meta te fijás como director de orquesta a la hora de un concierto?
-Dejar una impronta personal, lograr que en diferentes momentos de la obra, pasen cosas especiales, que solo pasen bajo tu batuta. Eso es muy importante. Lograr tocar el alma del escucha. Que la gente que viene a ver el espectáculo viva algo, una experiencia casi mística, una convergencia de voluntades que desde la orquesta se proyecta al público.