Vía: MujerHoy.com

Es la gran dama del jazz, su voz pone banda sonora a la nostalgia urbana y los amores imposibles. Acaba de lanzar disco y en noviembre actuará en nuestro país. Hablamos con ella en exclusiva. 

Diana Krall

Diana Krall

Una leyenda urbana dice que la carrera de Diana Krall se definió el día que, siendo una adolescente, vio la comedia romántica ‘Cuando Harry encontró a Sally’, esa película que ha servido de oráculo de Tebas a toda una generación de despistados sentimentales. Intento corroborarlo en 2012, en el hotel de Madrid donde nos hemos citado para esta entrevista, y Diana se sorprende: “Pues no lo sé, eso pasó hace mucho tiempo, yo tendría 20 años. Es cierto que para mi generación era la película de amor con mayúsculas, pero ahora tengo registradas otras que han sido más importantes para mí. Soy más de Woody Allen”. La cantante ha hecho incluso un cameo en la película ‘Todo lo demás’ del director. Diana está en Madrid porque lanza un nuevo disco, ‘Glad Rag Doll’ (Universal Music) y el 24 de noviembre actuará en Barcelona, pero a poco de comenzar la entrevista queda claro que su cabeza está en otro sitio. Es decir, en el otro lado del mundo, donde sus gemelos de cinco años, Dexter y Frank, se acaban de despertar. A menudo pide disculpas por la omnipresencia del móvil en esta charla, pero no deja de mirar el teléfono por donde le llegan detalles de la rutina de los niños para prepararse para el cole.

Diana es, y ella lo sabe, una mujer afortunada. Es una “jazzwoman” que ha sabido reinventar a su favor eso que llaman jazz romántico, y que, en su caso, le ha traído un éxito descomunal: más de 15 millones de discos vendidos en todo el mundo y tres premios Grammy. Fue considerada por la revista Billboard la artista de jazz de la década pasada (2000-2009). Y eso y no otra cosa es lo que proyecta Diana Krall. Tiene fama de fría, altanera, cortante, estirada. En resumen, de ser difícil de entrevistar.

Vuelta al pasado

Este encuentro no ha dado para hacer tantas elucubraciones sobre su personalidad. Cuando no quiere responder, articula monosílabos entre dientes. Un ejemplo: le pregunto la fórmula para encontrar el amor, casarse y ser madre a una edad en la que la mayoría de las mujeres tiran la toalla. Y su respuesta es: “No sé, no soy una experta”. Y ni una palabra más. Otras, entra al trapo y casi parece que soltará una carcajada, pero se contiene.

Toda una generación de jóvenes ha conocido ‘Fly me to the moon’ gracias a la versión de Diana Krall, a la que llegaron antes que a las ediciones grabadas en los años 50 por Ella Fitzgerald o Frank Sinatra. Es una experta en traer de vuelta el ayer. “¿Cree que el pasado siempre será mejor?”, le pregunto. “No, absolutamente”, responde. Su nuevo disco también está compuesto por canciones del pasado: 13 canciones de los años 20, 30 y 40, que Diana ahora ha tratado de “pulir” y “sacar brillo” para adaptar a un sonido del siglo XXI. Una especie de banda sonora de su vida, pues era la música que salía de los cientos de discos que se acumulaban en su casa familiar.

En esta misión de maquillar el pasado le han ayudado la guitarra de Marc Ribot y la pericia del productor T. Bone Burnett. “Es un disco nostálgico, pero para bailar”, explica. Diana aconseja que se escuche “relajado, en la oscuridad, quizás a la luz de una vela”. Pero da un giro al lado práctico e insiste: “Y con unos buenos altavoces, eso es importante”. Ella sabe mucho de escuchar y una de sus pasiones es compartir archivos de música a través de iTunes con sus amigos: le encanta descubrir canciones y que se las descubran otros. Dice que todo lo que le gusta va en su Ipod y que suele escuchar discos completos, a la vieja usanza. Es decir, no sigue la costumbre de elaborar Play List, cogiendo canciones de aquí y de allá. Escucha “canciones viejas” y, en el momento de esta entrevista, dice estar viviendo un reencuentro con Bob Dylan.

En familia

No tiene dudas de que su vida es mejor ahora que nunca antes. Suele irse con sus hijos, y trotar con dos gemelos por el mundo requiere logística y varias tablas de Excel que funcionen como un reloj suizo. “A medida que van creciendo surgen nuevos problemas, ya tienen cinco años y quieren pasarse el día corriendo de un sitio a otro, hay que buscarles cosas que hacer, no es como cuando eran bebés. Ya no se puede improvisar nada”. En este viaje los niños se han quedado en Vancouver, pero en las giras largas y, según ha contado más de un colega, los gemelos están en la habitación de al lado.

Diana reconoce que, desde que es madre, ha desarrollado una capacidad increíble para trabajar más rápido y disfrutar así de más tiempo con su familia. Su esposo es otro grande de la música con una agenda tan complicada como la suya. “Hemos aprendido a organizarnos, de vez en cuando decretamos el “día del padre”, que es cuando le toca a él ejercer a jornada completa. Afortunadamente, Elvis Costello dice ser un madrugador, lo que complementa cierta querencia de Diana Krall por el arte de trasnochar. En sus inicios como madre tenía problemas para dormir, al punto de confesar que no veía grandes diferencias entre la vida nocturna de una cantante de jazz y la de una madre (en cuanto a horas dormidas al día).

Ahora, con sus niños ya creciditos se le nota más relajada. A pesar del “jet lag”, Diana apenas tiene ojeras y su cutis luce increíblemente terso. En alguna entrevista he leído que la cantante sufre de piel atópica desde muy joven –un tipo muy sensible y alérgica a casi todo–, y que por eso es, también, una experta en cosmética.

“Tener familia ha sido lo mejor que me ha pasado, bueno para mi personalmente y magnífico para mi carrera”, asegura. Le pregunto por qué cree que para muchas mujeres tener hijos es todo lo contrario, un frenada profunda en su vida profesional.

Diana reconoce que ella tiene mucha suerte, pero que siempre hay que elegir. “Yo no he tenido que renunciar a casi nada, porque mi marido lo comparte todo conmigo, y esa no es la historia de muchas mujeres. No sé lo que les pasa a ellas, pero yo jamás me he sentido presionada. No soy perfecta, no pretendo ser la madre perfecta, no quiero hacer la música perfecta ni ser la mujer perfecta. No soy ese tipo de persona, aunque lo intente. Puedo ser más o menos exigente con algunos detalles, pero prefiero disfrutar mi tiempo, mi familia y mis hijos a cumplir exigencias sociales para quedar bien. Siempre hay que elegir”. “Quizás sí hubo un momento en que sentí un poco de presión para ser madre”, concede finalmente Krall, y recuerda que una amiga que tiene mucha influencia sobre ella intentaba convencerla, y ella le decía que era imposible tener niños con la vida que llevaba, de constantes giras y conciertos. “Entonces mi amiga me dijo: ¡Claro que puedes! Sencillamente, hazlo, quédate embarazada, ten los niños, y ya veremos”.

Diana conoció a Elvis Costello en una ceremonia de los Grammy en 2002 , se casaron en la mansión de su amigo Elton John, en 2003, y sus hijos nacieron en Nueva York el 6 de diciembre de 2006. Ella había cumplido 42. Si no fuera por la serenidad con que lo cuenta la cantante, todo esto parecería una carrera contrarreloj. ¿En su opinión la gente debe ser activa buscando pareja o es mejor dejar que las cosas fluyan?, le pregunto. “No tengo idea, sé que las mujeres dedican mucho tiempo y energía a buscar pareja en internet, en los bares, en las reuniones, pero no sé qué funciona mejor. No soy una experta”.

Difícil también tiene que ser gestionar dos agendas, dos talentos y dos egos como los de la cantante y su marido, Elvis Costello. Él dice que tiene mejor talante que ella y que con quien es difícil romper el hielo es con Diana. Ella, por su parte, asegura que no tiene ni idea de cómo han conseguido congeniar y pasárselo tan bien. “Just happens” (solo sucede). Le pregunto si no caen en la tentación de intentar que sus hijos sigan sus huellas, que terminen haciendo carrera en la música. Pero ella lo tiene clarísimo, parecería que venía estudiando la respuesta: “Creo que es un error tener cualquier tipo de expectativas al respecto. Son seres humanos autónomos, no los puedes presionar, ellos deben encontrar por sí mismos su vocación, ya descubrirán cosas interesantes que hacer”.

Buenas compañías 

Diana Krall ha trabajado junto a otras grandes damas de la música, ha producido un disco para la mítica Barbra Streisand y ha trabajado con Melody Gardot y Madeleine Peyroux. Además, recientemente, ha sido recibida por Michelle Obama en la Casa Blanca, una visita que ella nos describe como “algo mágico” y también como “una oportunidad de compartir con la familia Obama, con alguien tan especial como Stevie Wonder, y con la cantante Runer, que siempre me ha gustado muchísimo”.

Dejo para el final de la entrevista el asunto siempre peliagudo de la edad. Diana Krall tiene 47 años cumplidos, muy bien llevados, y no parece estar muy presionada por esconderlos. Así que entro al toro diciéndole que varios estudios de prestigiosas universidades sostienen que somos más felices después de los 50, qué cuál es su opinión. Ella se remueve en el asiento y dice cortante: “Te llamaré cuando los tenga, los 50. Todavía no lo sé”. Próxima pregunta y mismo tópico: ¿Cuál es el mejor modo de enfrentar el envejecimiento? Y una respuesta igual de borde: “Pero, ¿por qué me lo preguntas? ¿Acaso me ves mayor?”. Yo le pido entonces que no se lo tome personalmente, ya que estoy hablando en términos abastractos, pero ella continúa en el mismo tono: “¡Pero es que me lo estás preguntando a mí porque aquí no hay nadie más!”. Para, finalmente, aligerar la tensión diciendo: “Yoko Ono. Ella sí que es un modelo bello para envejecer. Me parece increíblemente hermosa”.