Este artículo es una continuación de: La música clásica en la era de los Mass Media

Los siguientes ejemplos muestran diversas formas de diálogo entre músicas clásicas y modernas en algunos de los ámbitos de la música “aplicada” más relevantes del siglo XX: El musical, el cine y la ópera.

Leonard Bernstein – West Side Story – Cool Fugue [1957]. El musical es una forma de teatro musical específicamente anglosajona originado como una adaptación de la opereta europea en el ámbito cultural estadounidense. El género alcanzó su primera edad de oro en los años 20 gracias a la obra de compositores como Irving Berlin, Cole Porter o George Gershwin. Heredero espiritual de Aaron Copland y George Gershwin, Bernstein planteó en este exitosísimo musical una renovación del género en el que reunió ritmos latinos y de jazz con elementos cultos como la fuga o la serie dodecafónica utilizada como sujeto de la misma en este peculiar número. El musical fue llevado al cine en 1961 en una producción que recibió 10 premios Óscar.


Bernard Herrmann – Psicosis – Preludio [1960]. Ardiente defensor de la música de Charles Ives y otros vanguardistas estadounidenses, y profundo conocedor de la música de todos los tiempos, Herrmann fue uno de los pioneros en distanciar su música cinematográfica de la retórica posromántica y desarrollar un estilo frío y objetivo construido a partir de pequeñas células musicales y evocadora de compositores como Bartók o Schönberg. Esta famosa secuencia, en la que la protagonista huye de la ciudad después de haber cometido un robo en su puesto de trabajo, está acompañada por una música para orquesta de cuerda que ilustra perfectamente las características descritas. Destacamos la mezcla sonora resultante de la suma de la música, los ruidos (tráfico, lluvia) y las voces (diálogos que se repiten en la mente de la protagonista) como rasgo típicamente cinematográfico.

Bernd Aloys Zimmermann – Los soldados – Acto II – Escena I [1965]. Bernd Aloys Zimmermann fue uno de los compositores más libres de entre la vanguardia centroeuropea de posguerra. Acusado de eclecticismo -todo un tabú según la ortodoxia darmstadtiana– por su combinación de elementos tonales y atonales, de serialismo, jazz, pop y su afición a incluir citas musicales en sus obras, Zimmermann es autor de una de las óperas más complejas y contundentes de la segunda mitad del siglo XX –Los soldados-, un alegato antimilitarista que ha sido considerado sucesor de las óperas expresionistas de Alban Berg. La escena seleccionada muestra una especie de violación colectiva protagonizada por los embrutecidos soldados que dan nombre a esta obra.