La del afamado director de orquesta Pablo Heras-Casado ha sido una carrera de sacrificios, pero también de celebración de la música, por lo que en su primer libro convierte su biografía en el hilo para desentrañar la magia intensa de este arte.

Madrid, 28 sep (EFE).-

«A prueba de orquesta» (Espasa), título prestado de la metáfora que Federico Fellini presentó en su película «Ensayo de orquesta» (1979), es donde el «más internacional de los directores españoles de nuestro tiempo» intenta, por ejemplo, hacer más comprensible en qué consiste su trabajo. Este libro ha sido uno de sus últimos retos y no debe confundirse con unas memorias, según precisa, durante una entrevista con Luján Argüelles en el programa de EFE Radio, «La hora de Luján».

No entiende «la música sin riesgo», eso se ha traducido a veces en enfoques osados, como cuando el pasado verano dirigió una producción de «Carmen» de Bizet en el Festival Aix-en-Provence, «el mejor festival lírico francés y con la mejor orquesta francesa».

A sus 41 años, Heras-Casado se ha puesto al frente de orquestas de muchos de los grandes templos de la música, de la Filarmónica de Berlín o Viena al Metropolitan de Nueva York y el Hollywood Bowl de Los Ángeles, y en ninguno se ha puesto nervioso al tomar la batuta entre sus manos, asegura.

Recuerda que, cuando empezó a recibir clases de piano a los 8 años, no tenía una «facilidad innata para el instrumento», pero sí curiosidad, lo que le llevó a participar en diversas corales en su Granada natal y a leer cuantos libros caían en su poder.


«Para aprender música es fundamental la constancia y la pasión, esto es, mucha disciplina, pero no olvidar nunca en ese proceso cuál es el objetivo: que la música te llene y sea un medio de expresión muy importante. Constancia y pasión han sido las claves de mi carrera», subraya.


En ese sentido, reconoce que le dedicó tantas horas a la música que hubo muchas cosas que dejó de hacer, al menos con la misma frecuencia que cualquier otro chaval de 17 años de su época. EFE.