El músico venezolano Marlon Florez, quien desde los tres años y medio se dedica a ejecutar el violonchelo logrando ser principal de la fila de chelo de la Orquesta Nacional Infantil de El Sistema, destacó la labor de maestro José Antonio Abreu por ser artífice e impulsor de este proyecto de orquestas y coros infantiles y juveniles, creado en 1975 y del que se distingue como su principal mérito hacer accesible la música clásica para niños y jóvenes venezolanos, sobre todo para aquellos de bajos recursos y en situación de vulnerabilidad que forjaron en esta iniciativa una profesión y pasión para su vida.



Por María Fernanda Marcano Díaz


 

“El maestro Abreu para mí, ha tenido una gran importancia en mi vida. Él ha sido casi como un abuelo que me dio muchas alegrías y más allá de ello fue un héroe, digámoslo así, un héroe que me dio inspiración y oportunidades que me ayudaron a ser el músico que soy hoy en día”

expresa Marlon, quien a los 11 años, hoy tiene 14, ya era considerado niño prodigio del violonchelo y además es merecedor del Premio Nacional de Violonchelo (2012).

“Más allá del efecto que tiene la música en un individuo, El sistema y sobre todo la narrativa del maestro han sido una especie de salida para muchas personas que la necesitaron en su momento y que estoy seguro deben estar más que agradecido de que la música y El sistema le hayan dado una vuelta positiva a su vida”, añadió.

En el año 2009, tras haber recibido el premio TED (Technology, Entertainment, Design, por sus siglas en inglés), el maestro Abreu ofreció una charla en la que precisamente resaltó su satisfacción por ver cumplido el propósito principal de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela: llevar la música a la cotidianidad de los niños y jóvenes, en contraste con el carácter elitista que siempre le fue característico.

“Hoy podemos decir que el arte ha dejado de ser ya un monopolio de élites en América Latina y se ha transformado en un derecho social del pueblo y de todo el pueblo”, celebró en aquella oportunidad el maestro, quien falleció el pasado 24 de marzo a los 79 años de edad.

Marlon, quien ya está separado de El Sistema por motivos de distancia ya que actualmente reside en Estados Unidos, donde recibe clases individuales bajo la orientación del maestro Joseph Kuipers y forma parte de la Greater Dallas Youth Orchestra (GDYO), concuerda con aquellas palabras con las que el visionario maestro Abreu describió el éxito de ese proyecto musical que es reconocido internacionalmente y ha sido replicado en más de 30 países del mundo, entre ellos Brasil, Corea, Japón, Francia, Groenlandia y África; como una alternativa para superar la pobreza y sus consecuencias mediante la enseñanza musical.

Los niños y jóvenes de El Sistema fueron declarados Embajadores de Buena Voluntad por la Unesco en 1998 y en el año 2008 El Sistema se hizo merecedor del Premio Príncipe de Asturias de Las Artes.

Ser parte de El Sistema

Marlon inició sus estudios musicales a los cuatro años en el núcleo de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, ubicado en Montalbán, Caracas, donde comenzó a formarse bajo la tutela de la profesora Juana Díaz y continúo sus estudios guiado por el maestro Valmore Nieves, en la sede principal de El Sistema, ubicada en Quebrada Honda.

“Mucho más allá de las experiencias y viajes que en su momento hicimos en conjunto, ¡que fueron de lo mejor!, yo me quedaría con las experiencias y enseñanzas musicales que gracias a todas y cada una de ellas voy día a día creciendo como músico. Formar parte de El Sistema; más allá de requerir dedicación, disciplina y esfuerzo; responsables del éxito que se ha conseguido; es la pasión por hacer y crear música, es algo que se implantó y que por lo menos a mí me ha marcó siendo miembro de El Sistema”.

En El Sistema, hace aproximadamente 10 años, también lo cautivó su instrumento: el violonchelo, que bajo su ejecución ha sido escuchado por reconocidos exponentes como Simon Rattle y Plácido Domingo, ha estado bajo la dirección del maestro Gustavo Dudamel y ha acompañado a la violoncelista Natalia Gutman.

“Tenía tres años y medio. Más allá de su sonido tan bonito y dulce hubo algo que no sé cómo explicar pero que en ese momento se robó mi atención por completo y me hizo caer muy rápidamente en amor con el violonchelo”, recuerda, Marlon, quien continúa su pasión musical lejos de su país de origen.

“Llevo alrededor de dos años y medio fuera del país. Sí, fue un cambio bastante drástico ya que duré meses sin tocar debido a cuán difícil es poder acomodarse y tener una vida estable un nuevo país, pero una vez ya establecido volví nuevamente a trabajar, dedicarme y seguir mis sueños por esta pasión que tengo por la música”.