El 4 de agosto nació Louis Armstrong, quien antes de metamorfosearse en cisne innovador del jazz fue patito feo que sacudió su plumaje por las calles neorlanesas cometiendo delitos menores

Vía: www.diariosur.es | Por TERESA LEZCANOMÁLAGA

Cuatro de agosto de 1901, Nueva Orleans. Nace, en el seno de una familia paupérrima y en uno de los barrios más míseros de la ciudad que el Katrina arrasaría un siglo más tarde, Louis Daniel Armstrong, quien antes de metamorfosearse en cisne innovador del jazz fue patito feo que sacudió su plumaje por las calles neorlanesas mientras recogía chatarra y cometía delitos menores que lo anidaron en un reformatorio para negros sin blanca, valgan todas las paradojas, y donde aprendió a tocar, primero la corneta y acto seguido la trompeta.

Ya convenientemente entrompetado y, no menos convenientemente, reformado, Louis trabajó como vendedor de carbón, repartidor de leche y estibador de barcos bananeros, al tiempo que se iba forjando una cierta reputación como cornetista que lo llevó hasta Chicago, por aquellos días centro neurálgico del jazz, donde se desplumó definitivamente el pato feo para renacer como cisne trompetero que comenzó a tocar y a cantar con los mejores vocalistas e instrumentalistas de la época, como Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Bing Crosby o Bessie Smith, convirtiéndose asimismo en maestro del «scat», un tipo de improvisación vocal que carece de sentido léxico pero anda sobrado de virtuosismo melódico. Cuando el corazón de Armstrong se detuvo, poco menos de un mes antes de latir los setenta años y mientras besaba en sueños la boca en clave de Si bemol de su trompeta, su Hello Dolly había conseguido desbancar en el Billboard Top 100 a los mismísimos Beatles, y su canción What a Wonderful World arrasó en el Reino Unido veinte años antes de hacerlo en los Estados Unidos cuando fue incluida, en primer lugar en la banda sonora de la película Good Morning, Vietnam, y posteriormente en la de Doce Monos. En el centenario de su nacimiento, la ciudad de Nueva Orleans rebautizó su aeropuerto con el nombre de Louis Armstrong, aunque cuatro años después llegó el Katrina y, si bien las autoridades aseguraron que lo tenían todo previsto y que ni la ciudad ni el aeropuerto sufrirían daño alguno, ocurrió como en el cuento de los tres cerditos: Katrina sopló y sopló, y no precisamente la trompeta, y Nueva Orleans derribó. What a wonderful world…