La nación hermana acoge instrumentistas, directores y cantantes líricos que eligieron la tierra neogranadina para emigrar

Por Várvara Rangel Hill @varvararangel
ESPECIAL PARA @vzlasinfonica

Más de medio millón de venezolanos emigraron a territorio colombiano en 2017. La mitad entró por tierra, por los pasos fronterizos, según cifras publicadas a principios del año por Migración Colombia. En ese mar de gente que ha cruzado por aire o por tierra  los puentes internacionales que conectan a los dos países, transitaron miles de profesionales, técnicos, obreros, trabajadores de oficio y músicos también, que salieron con toda su vida reducida a una o dos maletas, junto a su preciado instrumento.

Tan solo en Bogotá, el contrabajista colombo-venezolano Álvaro Carrillo cree que hay al menos 150 criollos. Son venezolanas y venezolanos que llegaron a la capital neogranadina en busca de una mejor vida. No obstante, no hay precisión sobre el total de compatriotas de la música que se encuentran actualmente en el país vecino.

Carrillo decidió emigrar a Colombia en junio de 2015, entusiasmado por tener la doble nacionalidad y por tener una oportunidad de desarrollo profesional junto a su cuñado, el director venezolano Manuel López-Gómez , quien hace tres años ya se encontraba en Bogotá. Su partida a territorio colombiano coincidió con el nacimiento de una hija, así que la decisión de emigrar era un nuevo comienzo junto a su esposa violinista.

Fui de los pioneros, porque cuando llegué había muy pocos venezolanos, eran como dos o tres. Ahora, solo los que conozco, los del Sistema y que se han comunicado conmigo son más de 60, y con los que he visto en la calle, en otros lugares y que son venezolanos, pero que son músicos folklóricos, empíricos, pero músicos al fin… entre los músicos corales, los sinfónicos y los populares debemos rondar los 100 o 150 como poco” en Bogotá, estimó.

El contrabajista reconoció que en Venezuela, se “encontraba muy bien” en el ámbito laboral. “Fui director del núcleo de Plan de Manzano (Caracas), contrabajista de la Sinfónica Teresa Carreño y mi esposa, Rhomy López violinista era profesora del Conservatorio de Música Simón Bolívar, y tocaba en la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar”, resumió.

Sin embargo, Carrillo decidió cambiar su residencia al hermano país por pensar en sus hijos, “por una mejor educación, calidad de vida y mi hija recién nacida necesitaba cosas (que no podía satisfacer), no había leche, no había pañales. Así que nos fuimos por la situación del país”.

CON EL CORAZÓN ROTO

Mónica Nogales

Otra que llegó a la capital colombiana fue la cantante lírica Mónica Nogales. La soprano se fue a Bogotá hechizada de amor por un novio que le puso fin a la relación a los tres días de estar en esta ciudad. Con el corazón roto, la intérprete comenzó de nuevo y sola.

“Lo importante, es que salieron las oportunidades poco a poco. Fue muy difícil hacer música aquí pero finalmente logré vivir de ella. Cuando me vine, la situación en Venezuela ya era muy mala, para yo quedarme allá haciendo maromas para vivir. Tomé la decisión de emigrar a finales de agosto de 2016”, relató la vocalista.

Nogales fue recibida en Bogotá por dos compañeros del Sistema que se encontraban en esa ciudad, y le dejaron vivir en su residencia unos días mientras consiguió un trabajo como mesera y se mudó. Llegaron las audiciones a finales de 2016, en algunas no logró lo que esperaba pero entró al Coro de la Corporación Carmiña Gallo, que le permitió participar en un homenaje a Juan Gabriel y un concierto de fin de año con otra organización dedicada a las bellas artes.

A inicios de 2017, mediante una audición, entró a la Ópera de Colombia y desde entonces trabaja con ellos en varios proyectos, incluso con artistas como Fonseca. Al mismo tiempo, se dedica a la formación musical de jóvenes y niños en una academia. Nogales dejó atrás sus días como mesera.

TOCAR Y AYUDAR A LA FAMILIA

Daniela Antillano

Hace menos de un año, la flautista Daniela Antillano cruzó el Puente Internacional Simón Bolívar, que une a San Antonio del Táchira con la ciudad de Cúcuta, en el Departamento del Norte de Santander (Colombia), desde donde tomó un autobús que la llevó a un nuevo amanecer en la ciudad que está “2.600 metros más cerca de las estrellas”. La recibieron unas primas, que la ayudaron en este inicio.

“Me vine porque se me complicaba mucho mantenerme y mis padres y mi abuela diabética estaban muy mal. Pensé que así podría ayudarlos a ellos, vivir mejor y estar un poco más tranquila”, aseveró.

La flautista indicó que la difícil situación económica y la inseguridad fueron otras razones de peso para su partida. Eligió a Colombia como país destino “por ser la opción más económica” y por contar con familiares que la recibieron.

Pese a las dificultades de ser emigrante, Antillano logró continuar con su desarrollo musical: “Estoy dando clases en una academia. También doy clases particulares y de vez en cuando uno que otro tigre, con orquestas que ensayan por amor al arte. Es mejor tocar a no hacerlo y estoy preparándome para el examen de admisión de la universidad” para estudiar Música.

POR LA VÍA LEGAL

Álvaro Carrillo

El contrabajista Álvaro Carrillo, quien es coordinador de la Orquesta Nueva Filarmonía, explicó que al igual que otros profesionales los músicos venezolanos en Colombia deben tener sus títulos universitarios y papeles migratorios en regla para optar a cualquier trabajo.

Carrillo criticó que algunos músicos traen con su equipaje “un ego muy grande” y que esperan conseguir los más importantes puestos con su nombre y la fama cosechada en Venezuela. “Tenemos que entender que estamos en otro país, en otra situación, y nos tenemos que amoldar a las leyes y normas colombianas”, acotó.

El ego con el que llegan algunos instrumentistas y cantantes atenta contra la imagen de otros músicos del país, deploró el contrabajista.

A los músicos que tienen la intención de emigrar a Colombia, Álvaro Carrillo les recomendó tener humildad y mucho ánimo, porque estar en otro país no es fácil. Asimismo, los exhortó a llegar “lo más legal posible”, con los títulos apostillados, un requisito indispensable para conseguir oportunidades de trabajo.


Sostiene que Colombia es un país hermoso que le brinda oportunidades a muchos venezolanos.


“Yo confío en que los colombianos, que hasta ahora han dado grandes muestras de tener un trato comprensivo con familiares, muchas veces venezolanos, o con los connacionales en general, pues no avanzaremos a un estadio de xenofobia radical”, declaró recientemente el vicepresidente colombiano Óscar Naranjo a la prensa.

La soprano Mónica Nogales dijo que ha sido atacada verbalmente por su nacionalidad y lamentó que se presenten estas situaciones “terribles” con hermanos colombianos, porque ha pasado “malos ratos sin haber hecho nada malo, simplemente por querer empezar de nuevo y tener una nueva vida.

OTROS

Álvaro Carrillo defiende que hay “muchos músicos acá que estamos saliendo adelante, ya sea por cuenta propia, con proyectos personales. Hay muchos tocando en las calles, en las avenidas, en el TransMilenio. Y hay otros músicos que han tenido la suerte de tener sus papeles, o su doble nacionalidad, con todo en regla, que han podido entrar a las diferentes orquestas o agrupaciones”.

Hay venezolanos muy destacados en la escena musical colombiana como José David Márquez, quien se ganó el puesto de primer violonchelo de la Sinfónica Nacional de Colombia -una de las mejores de ese país-; Douglas Isasis, Luisa Barroso y Cecilia Palma tienen sus puestos en las filas de la Filarmónica de Bogotá. “Así como ellos, hay muchísimos” porque “el nivel musical que está aportando Venezuela ha sido bien recibido”, insistió Carrillo.

José David Márquez

Douglas Isasis

Luisa Barroso

Cecilia Palma

Cuando el contrabajista llegó a la capital colombiana, entró a la Filarmónica de Bogotá, como maestro en los proyectos distritales de los colegios, que llevan por nombre Proyecto Escolar y 40 por 40, donde se desempeñan varios venezolanos en ambas iniciativas, de los cuales una decena perteneció a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Luego, Carrillo ingresó a Tocar y luchar, una institución que reconoce al Sistema y donde están varios docentes venezolanos.

IR, VENIR, CONTINUAR

Mónica Nogales sostiene que lo más difícil de emigrar es comenzar de cero, el miedo y la angustia de conseguir empleo para alcanzar estabilidad. “Son muchas las veces que uno está corto de dinero, buscando para completar, eso es muy duro, así como adaptarse a una cultura que habla el mismo idioma pero no se entiende, muchas veces tengo que cambiar mi vocabulario para hacerme entender”, admitió.

Otra cosa que extraña de Venezuela es que aquí se hace música todos los días, hay conciertos permanentemente, los fines de semana y los días festivos, pero en Colombia no es igual.

Nogales no quiere quedarse en la hermana nación y próximamente hará audiciones en Europa, donde quiere continuar su formación musical.

La flautista Daniela Antillano envía dinero y medicinas a su familia en Venezuela. Aunque no tiene planes al respecto, no descarta la posibilidad lejana de volver a la tierra que la vio nacer.

El contrabajista Álvaro Carrillo espera consolidar una orquesta binacional con la que puedan conquistar diferentes espacios, y “hacer eso que nos gusta, tocar”.