Los jazzeros más destacados grabaron para esa discográfica. Cómo hacer para lucir renovados y, a la vez, respetar la historia.

Vía: www.clarin.com | Por GIOVANNI RUSSONELLO

El nombre de Blue Note Records hace pensar en un sonido alguna vez dominante del jazz: el hard-bop de los años cincuenta y sesenta, con ese ritmo versátil, un swing de cuatro tiempos, las ocasionales pero ricas armonías de los cuernos, el estilo duro del piano, usado casi como instrumento de percusión. Imagine una sala llena de humo, con un músico tocando el cuerno ferozmente, sobre la veloz línea del contrabajo: ese es el sonido de Blue Note. Piense en una tapa de álbum vanguardista, color cobalto, con el texto del título en letras con forma de bloque, y la foto de un músico joven y estudioso encorvado sobre su instrumento: ese es el estilo de visual de Blue Note.

Ha pasado mucho tiempo desde que esa fantasía fue hecha realidad para el Jazz, o para Blue Note, que cumple 80 este año. Desde los años sesenta, el sello ha pasado por numerosas fusiones empresariales, cierres parciales y reajustes creativos, siempre procurando mantenerse al día con los cambios que han dejado al jazz en un lugar difuso: gran parte de su impulso hacia delante tiene lugar en los márgenes, y es difícil encontrar un sonido mainstream.


El “jazz” incluye actualmente un océano de trabajo musical post-universitario: tradicionalismo culto, funk renegado, sonora improvisación libre. Los músicos de jazz tienen que ser improvisadores altamente entrenados en la tradición norteamericana, con raíces en el blues. Más allá de esto, vale casi cualquier cosa.


Cuando el músico y productor Don Was asumió la presidencia del sello, en 2012, “la misión era mantener viva la estética de Blue Note y llevarla hacia delante”, como dijo en una entrevista telefónica reciente. ¿Pero qué quiere decir esto, exactamente? ¿Qué es el jazz hoy en día, cuando la noción misma de género parece haber entrado en su fase terminal?

En los últimos años, los importantes pianistas Robert Glasper y Jason Moran no aceptaron renovar sus contratos después de más de una década de relación con la discográfica. Glasper se encuentra haciendo música por fuera del ámbito de jazz, mientras que Moran se concentra más en el trabajo multidisciplinar y en lanzar sus propios álbumes. En la era del “hágalo usted mismo”, para algunos artistas no parece haber beneficios en asociarse con una organización prestigiosa que luce como insignia la inscripción “El mejor jazz desde 1939”. Pero Was ha conseguido armar una lista que tiene su propia energía incontenible y una saludable identidad mestiza.

El año anterior, el trompetista Ambrose Akinmusire realizó un álbum sinuoso llamado Origami Harvest, con cuarteto de cuerdas, un cantante de rap y un trío de jazz, tocando todos juntos. La primavera pasada, el vibrafonista Joel Ross lideró un quinteto en apariencia tradicional, en 12 tracks frescos, sentidos y originales para su álbum debut, Kingmaker. El pianista James Francies lanzó su propio álbum debut, Flight, y el baterista y compositor Kendrick Scott continuó con la apuesta fuerte de texturas sónicas de A Wall Becomes a Bridge“La vieja era de Blue Note de los cincuenta y sesenta sigue siendo como el Viejo Testamento para cualquier músico de jazz, pero se ha convertido en algo más que esto”, dijo Michael Cuscuna, productor de grabación que trabajó para glorificar gran parte del catálogo de Blue Note en reediciones y lanzamientos de archivo.

Habló con admiración de la generación más joven, diciendo que lo asombraba la amplitud de sus talentos. “Hacen todo el recorrido hasta los comienzos, y están marcando el camino para el futuro”.

Los comienzos de la Blue Note, y el renacimiento de los ochenta

Blue Note sabe que la historia es su patrimonio más valioso. Cada vez que el sello llega a un aniversario importante, hace una larga mirada retrospectiva y vuelve a empaquetar el pasado. Este año, Blue Note ha estado lanzando reediciones de los días gloriosos de mediados de siglo; impresiones de viejas tapas de discos en edición limitada; y hasta un reloj G-Shock conmemorativo, con conciertos y fiestas de lanzamiento en Nueva York y Los Angeles.

El sello empezó como un proyecto apasionado. Sus primeros impulsores, Alfred Lion y Francis Wolff, eran inmigrantes judíos de Alemania que escapaban del Tercer Reich y compartía una devoción por el jazz. Las primeras grabaciones venían con un manifiesto impreso en la tapa: el jazz, decía, “es expresión y comunicación, una manifestación musical y social; y las grabaciones de Blue Note se preocupan por identificar su impulso, no sus adornos sensacionales y comerciales”. Desde el comienzo, Lion y Wolff se preocuparon por encontrar a los músicos en las filas de avanzada del jazz, dejando que contaran sus historias. Antes de que el hard-bop se convirtiera en la marca distintiva de Blue Note, sus lanzamientos iban del swing a Dixieland.

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