El compositor, pianista y director de orquestas venezolano José Agustín Sánchez ya se encuentra de regreso en Venezuela luego de lograr lo que ningún otro autor venezolano había hecho antes: cerrar con éxito total una gira de inspiración, aprendizaje cultural y crecimiento espiritual por Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela bajo el nombre “Sonidos del Sur” bajo la figura de compositor residente de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. Ahora, el joven maestro se retira al desierto de Carora y a las montañas del Táchira para llevar a la partitura todas esas ideas y notas musicales cargadas de sabor sudamericano que se convertirán en una gran obra sinfónica que dejará huella en diversas generaciones y que será estrenada mundialmente entre finales de 2019 y principios de 2020.
Además de terminar de dar forma a su nueva creación sinfónica basada en la recién culminada gira, José Agustín Sánchez también planea lanzar una producción discográfica de piano y flauta inspirada en el desierto de Carora;  terminar la obra “La Leyenda de la Sayona” que forma parte de ciclo de poemas sinfónicos dedicados al folclor venezolano; estrenar piezas para distintos formatos de música de cámara y ofrecer conciertos como pianista basados en sus ya célebres “Memes cósmicos”, fusionando diversos estilos musicales.

Lo que viene de hacer este artista puede catalogarse como histórico y lleno de records. En total, durante toda la gira “Sonidos del Sur”, entre ofrendas musicales, recitales de piano y conciertos sinfónicos ha dado cerca de 50 presentaciones, algunas verdaderas hazañas como el llevar un piano 300 mts bajo tierra en la mina del Cerro Potosí o al medio del desierto del Salar de Uyuni en Bolivia, y hasta montar una orquesta al píe del volcán Chimborazo en Ecuador; inclusive llevó su música sobre embarcaciones por los ríos Orinoco y Caroní, y en el mar Caribe; sonó su melódica en avionetas sobrevolando las míticas Líneas de Nazca de Perú; llevó una orquesta a los techos de rascacielos caraqueños; tocó el corazón de lugares recónditos de la selva colombiana y de sus zonas urbanas; ofreció oraciones musicales en sitios de gran presencia espiritual como cementerios indígenas o antiguos templos pre-hispánicos, entre ellos las ruinas de Machu Picchu.

Quizá también represente un hito en la historia musical contemporánea el hecho de que José Agustín Sánchez le diera otra connotación a lo que significa ser un compositor de música sinfónica, porque más allá de escribir notas y acordes, su trabajo se basó en conectarse con las realidades sociales y culturales de cada país visitado, utilizando su música como puente, bien sea para transmitir mensajes, mostrar realidades o para unificar ideas. Al mismo tiempo, en todos los países estuvo dictando conferencias, clases magistrales y actividades pedagógicas para las comunidades.

Otro aspecto de “Sonidos del Sur” que rompió paradigmas tiene que ver con el emprendimiento, tema del cual se habla mucho en la actualidad, pero ¿pensar en llevar esta modalidad a la figura de un compositor sinfónico? José Agustín Sánchez lo logró con creces, constituyendo un ejemplo para las nuevas generaciones de músicos, financiando su gira en base a la figura del emprendedor, ganándose el favor de gobernaciones, alcaldías, fundaciones y diversas instituciones culturales en los países que visitó lo que hizo posible la realización de todos sus recorridos y presentaciones, además de usar la metodología moderna del “crowdfunding” y apoyándose en sus redes sociales para mostrar resultados y movilizar multitudes a sus eventos.

Anteriormente había realizado giras similares pero por África, Asia y Europa, recorridos que dieron como frutos a varias de sus mejores obras sinfónicas que han sido interpretadas en casi toda Venezuela como “Cinco discursos de paz”, “Salsa en tiempos de guerra” o “Sinfonía Amazónica”, solo que en “Sonidos del Sur” es la primera vez que lo hace como compositor residente, un hecho histórico porque nunca antes en Venezuela un autor contemporáneo recorre varios países representando a una orquesta específicamente para escribirle una pieza musical, en este caso la Sinfónica Municipal de Caracas que también se convierte en protagonista de la historia.