La ocasión de por sí era especial. La Orquesta Filarmónica de Berlín, una de las más populares, aclamadas y respetadas del mundo, celebraba su 100º aniversario con un concierto dirigido por uno de los músicos más admirados del planeta: Yehudi Menuhin.


Por BBC News Mundo

Los asistentes a la gala acudieron a escuchar la 5ª Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Sabían que iba a ser un concierto memorable, lo que no esperaban era que el violinista convertido en director lo condujera con sus pies y de cabeza. Menuhin dirigió así la primera parte del concierto, en la primavera boreal de 1982.

Menuhin había dicho que siempre le llamaba la atención que los directores le tuvieran que dar la espalda a la audiencia, y -al parecer- había encontrado la forma de dirigir la orquesta de manera que no fuera así. A quienes lo conocían no les extrañó que a sus 66 años pudiera hacer lo que quisiera en esa posición; era parte de su rutina diaria de yoga. Su afición era producto de su gran amistad con el maestro BKS Iyengar, una relación que desempeñó un papel crucial para llevar la antigua tradición india de yoga a Occidente.

De cabeza con Nehru

Fue el primer ministro de India, Jawarhalal Nehru, quien los presentó. En 1952, Yehudi Menuhin viajó a India, por invitación de Nehru, a hacer una gira de conciertos para recaudar fondos para las víctimas de una inundación. Para entonces, el niño prodigio Menuhin era considerado uno de los mejores violinistas de todos los tiempos, famoso por su extraordinario virtuosismo, un gigante musical conocido en todo el mundo.

En ese entonces, Menuhin tenía 36 años y había pasado de ser un niño prodigio que asombraba al público a un talento musical reconocido internacionalmente.

Al primer ministro indio le habían contado que al músico le interesaba el yoga y le preguntó al respecto un día mientras esperaban para ir a cenar, como recordó la esposa de Yehudi Menuhin, la bailarina Diana Gould, en conversación con la BBC.

“Le preguntó: ‘¿haces yoga?’, y Yehudi respondió: ‘pues me puedo parar de cabeza’, y lo hizo. Nehru dijo: ‘no, así no es’, puso sus manos en el piso y se fue desenvolviendo de la manera más maravillosa hasta que sus pies quedaron en el aire. Y entonces Yehudi hizo exactamente lo mismo”, relató Gould.

“En ese preciso momento, las puertas se abrieron y el más glorioso maître que hayas visto -con un gran turban y plumas- anunció: ‘La cena está servida, Primer Ministro’… y ¡los dos estaban parados de cabeza! Desde el comedor los vieron unos 10 congresistas furiosos, y la hermana de Nehru que empezó a reírse a carcajadas”.

Para dormir

Yehudi Menuhin más tarde le confió a Nehru que le resultaba difícil dormir. El premier -cuenta la historia- respondió: “Entonces tienes que conocer a nuestro gran maestro de yoga BKS Iyengar, él te ayudará“.

 

El método de Iyengar -guruji para sus seguidores- era una forma de Hatha yoga. Iyengar lo describía como una mezcla de arte y ciencia, que se enfocaba en lo físico, asanas o posturas, y controlaba la respiración.

Unos días después, el guruji hizo el largo viaje desde Pune, en el oeste de India, donde dirigía su escuela de yoga, a Mumbai, donde el gran violinista se estaba preparando para un concierto.

Años más tarde, BKS Iyengar le contó lo que sucedió después al periodista de la BBC Mark Tully.

“Me dijeron que tenía cinco minutos y pensé: ‘¿Qué puedo hacer con ese hombre en cinco minutos? ¡Sólo saludarnos va a tomar dos minutos’”.

Peor aún, cuando BKS Iyengar llegó al lugar donde se alojaba Yehudi Menuhin, tocó y tocó la puerta, pero nadie le abrió.

“Esperé y esperé, y luego -como buen indio- entré. Lo vi en una alcoba así que toqué esa puerta y no se levantó. Dije: ‘Señor, usted me llamó para que viniera… ¿cómo así que está acostado?’ (se ríe). Me respondió: ‘Así es mi vida: hasta cuando puedo dormir, nunca me recupero y estoy muy cansado’”, contó.

“Le pregunté si quería experimentar la relajación verdadera. Un minuto después de responder que sí estaba roncando.

“Había muchas personas importantes esperando a que terminara mi turno para verlo, pero él durmió profundamente durante 45 minutos”.

Finalmente, cuando se despertó, BKS Iyengar se empezó a despedir, pero Menuhin le pidió que, por favor, se quedara.

Tranquilidad y un lugar plano

El gran músico seguiría siendo un devoto por el resto de su vida.

“Lo importante del yoga es su frugalidad, su economía, su simplicidad. No necesitas más que tranquilidad y unas pocas yardas cuadradas de espacio plano. Hay pocos buenos profesores y yo tengo un gran maestro”, dijo el violinista.

“Menuhin no entendía por qué a veces podía tocar muy bien y otras no tanto, le interesaba conocer la mecánica del cuerpo, y eso lo logró gracias a su práctica del yoga”, le contó a BBC Witness la maestra Rajvi Mehta, quien fue alumna de Iyengar.

“Le regaló a Iyengar un reloj con la inscripción ‘Mi mejor maestro de violín‘”. Aunque, por lo que sabemos, Iyengar nunca tocó un violín en su vida.

Presentación en sociedad

Yehudi Menuhin quiso llevar al guruji a Europa, para difundir esa antigua tradición que lo había fascinado. Al principio el maestro no quería ir, pues no quería dejar a su familia en India. Cuando el violinista le aclaró que lo estaba invitando con su familia, Iyengar aceptó y fue a Suiza, donde Menuhin y su familia pasaban los veranos. El violinista estaba tan entusiasmado con el yoga que quería que todo el mundo lo probara.

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