Latin Vox Machine no es solo una orquesta compuesta por músicos de América Latina y Siria, sino un modelo de integración, un paradigma de respeto y diversidad, que ha devuelto la felicidad a un grupo de jóvenes. En Argentina, lejos de sus hogares, estos jóvenes refugiados y migrantes son un ejemplo de multiculturalidad y una inspiración para el mundo.

«Todo comenzó en el subterráneo de Buenos Aires, encontré a varios músicos venezolanos que tocaban diariamente en las estaciones, así surgió la idea de unirnos y conformar Latin Vox Machine, asegura Omar Zambrano, un joven venezolano que decidió radicarse en la capital de la República Argentina en 2016, y al año siguiente fundó una orquesta sinfónica que comenzó con 35 migrantes exclusivamente de su país. Actualmente entre músicos, el coro y el equipo de producción, la conforman 120 integrantes de Argentina, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia y Siria.

Tal como indica el informe Tendencias Globales presentado por el Agencia de la ONU para los Refugiados esta semana, Argentina está dentro de las naciones de América Latina elegida como destino por los migrantes y refugiados venezolanos que buscan realizar sus proyectos de vida lejos de la inestabilidad de su país. El Estado más austral del continente ya acoge a cerca de 130.000, que con el correr de los meses se van insertando exitosamente en la sociedad receptora a través de negocios propios o incorporándose al mercado laboral local con audacia y calidez.

Dentro de esa cifra representativa de población desplazada hacia Argentina, destaca una enorme proporción de jóvenes, nuevas generaciones que con optimismo y sacrificio sueñan con crecer y desarrollarse en ambientes más estables, ajenos a la violencia y las carencias.

De uno de esos sueños nació Latin Vox Machine que ya no es solo una orquesta, sino un modelo de integración, un paradigma de respeto y diversidad, que  ha devuelto la felicidad a un grupo de jóvenes. Lejos de sus hogares, estos jóvenes son un ejemplo de multiculturalidad y una inspiración para el mundo.

La música punto de unión y oportunidades para migrantes y refugiados

La mayoría de los venezolanos que conforman Latin Vox Machine conviven con la música desde la infancia, aprendieron a   tocar instrumentos desde muy pequeños en la escuela, y desarrollaron su vocación en el Sistema de Orquestas que se  implementa en las diversas ciudades de su país.

 César Pérez llegó hace un año a la Argentina procedente de la ciudad de Barquisimeto, y fue la música quien lo trajo a   Buenos Aires: “su movida cultural, su gente, aprecian mucho el arte que hacemos” asegura. 

 Comenzó tocando el fagot en el subte, hoy aún lo hace y durante los fines de semana ensaya con Latin Vox Machine,   donde  además se desempeña como coordinador de producción: “Es una orquesta en la cual buscamos integrar  todas las   nacionalidades de quienes llegan en carácter de migrantes o refugiados; es un espacio muy bonito en el cual entre   migrantes nos entendemos, y compartimos ese objetivo de querer comenzar una nueva vida en otro país de la manera más  organizada posible. No lo vemos como un trabajo, es una nueva oportunidad que muchos queríamos y no sabíamos si la íbamos a conseguir, por eso disfrutamos tanto este momento.”

Andreyna Cháves, hace un año y medio planificaba irse de Venezuela, le llegó la información de que estaban realizando audiciones por internet para músicos que quisieran integrar la orquesta en Buenos Aires, envió su grabación, quedó seleccionada, y hoy conforma la fila de los primeros violines.

“Yo creo que no existen las fronteras, todos somos parte de un mismo mundo, y así lo vivimos en Latin Vox Machine, donde poder compartir, poder tener como eje central de nuestros días en Argentina a la música, ha sido una de las mejores experiencias que he tenido.”

Muy similar es la historia de José Antonio Vilma, que no deja de mostrarse agradecido por haber encontrado un grupo que le proporciona contención y le permite crecer como cellista, llegó a Buenos Aires desde Maracaibo hace menos de un año y enseguida a través de una amiga lo invitaron a un ensayo.

 
 

 “Gracias a Dios pude traerme mi instrumento, creí que iba a pasar   mucho tiempo hasta que pudiera insertarme en una orquesta. Migrar no es fácil, uno tiene que dejar muchos afectos,   pasar carencias y por suerte, en nuestros encuentros semanales, volvemos a sentirnos más cerca de lo que nos gusta, de  cómo éramos nosotros en nuestros lugares de origen”.

 Y así también lo vive el director de la orquesta, Emmanuel González, quien comenzó a tocar el violín a los tres años y, dirigir orquestas a los diecisiete, y quien actualmente, a los 30 años, enfrenta el gran desafío de orientar a todos los músicos que, a pesar de cargar con pasados, vivencias y culturas diferentes los une una misma pasión, las mismas melodías y los mismos deseos de encontrar sus horizontes. 

“Ahorita esta orquesta acá en Argentina es mi segunda casa, es mi familia, porque mi primera familia está en Venezuela”. afirma.

 

Latin Vox Machine, la elegida para conmemorar el Día de los Refugiados

Hoy, 20 de junio, Latin Vox Machine tendrá su consagración escénica. La Oficina del Agencia para los Refugiados en el Sur de América ha organizado una gala sinfónica con la que conmemorar el Día Mundial de los Refugiados en el CCK, uno de los Centros Culturales más grandes de la República Argentina, con sede en Buenos Aires y una sala con capacidad para 1950 personas.

Esta orquesta multinacional a través de la combinación de notas musicales será la encargada de difundir el mejor de los mensajes en este Día Mundial, porque como enfáticamente lo expresó Valentina Betancourt, una de las contrabajistas de la Latin Vox: “Detrás de las partituras no hay nacionalidades”.