La fantástica soprano griega, recreada a través de un holograma, despertó la ovación de un público que transitó la experiencia entre la sorpresa y la admiración. 

Vía: www.clarin.com | SABRINA GALANTE

Ya lo implementaba el rapero norteamericano Tupac Shakur en el Festival Coachella 2012, proyectado en el escenario como un llamativo haz de luz devenido en holograma y entonces lo seguían, convirtiendo aquel fenómeno en tendencia mundial, las figuras de Michael JacksonElvis Presley y Whitney Houston. A casi 42 años de su desaparición física, con el sello de Base Hologram -empresa pionera en materia de tecnología holográfica- llegaba el turno de Maria Callas, y con ella la expectativa por reencontrarse a la legendaria diva del Bel Canto desde “el más allá”.

“Siempre la escuché en disco, nunca en vivo”, comentaba por lo bajo una señora que, primera entre un grupo de personas que llegó con al menos una hora de antelación al teatro Gran Rex, avanzaba hacia las escaleras con dos parejas de entre 50 y 60 años aguardando el ingreso. Al otro lado del pasillo, donde formaban fila aquellos que tenían paso a la platea central, una mujer con acento francés admitía que fue por su marido, con el que vive en Buenos Aires desde hace una década, que conoce vida y obra de la intérprete lírica.

Bajo esta novedosa técnica que permite al espectador interactuar virtualmente con el artista a través de tecnología laser de avanzada, la cantante de ópera más célebre del siglo XX fue ovacionada con un intenso aplauso apenas apareció en escena. 

La transitada avenida Corrientes era escenario de una larga hilera de parejas de tías y abuelas junto a sus sobrinas y nietas que, a pesar de sus veintitantos, demostraban conocer cada detalle de la vida amorosa de la célebre soprano, cuyas vivencias, muchas marcadas por la tragedia, son rescatadas en su reciente pieza documental (Maria Callas: en sus propias palabras) en cartel en salas de cine porteños.

Pasados diez minutos de las 20.30 y con las luces bajas para dar comienzo a una experiencia hiperrealista, quienes hasta entonces descreían de la existencia de otra dimensión, abandonaban todo prejuicio para entregarse a un viaje de una hora y cuarenta de fantasía.

Acorde a su sobria elegancia y con un vestido blanco hasta el piso que lució durante toda la proyección (aunque entraba y salía de escena jugando con largas pashminas de colores), daba la sensación de estar a metros de un verdadero ángel.

“Es impresionante, increíble”, se codeaban en las primeras filas, mientras los flashes de celulares se multiplicaban en un receptivo auditorio que veneraba cada uno de sus movimientos.

El efecto era el mismo desde la primera butaca hasta la más lejana: un ida y vuelta permanente con un público que respondía con euforia (“Diosa”, “Bella”, gritaban los más osados) y con aplausos, ante su habilidosa capacidad interpretativa.

Pero no sólo los adeptos a la ópera empatizaban con el emotivo recorrido virtual de “La Divina” sobre las tablas. También había un curioso público novato dispuesto a celebrar el fugaz repaso por lo mejor de su carrera.

En cada uno de los actos musicales del miércoles por la noche, la calidad sonora estuvo representada mediante grabaciones originales remasterizadas, además de una orquesta en vivo, tan protagonista como la Callas, que acompañó con altura cada pieza, pasando por interpretaciones dramáticas de Carmen y Tosca, hasta deleitar con un sublime final, con Casta Diva.

Concluido su fugaz y convocante paso por la Argentina, la figura más relevante del arte lírico continuará su Hologram Tour en los Estados Unidos, donde inició su exitosa gira, para luego concluir el recorrido en el continente europeo.

Tendencia en las capitales mundiales como un fenómeno que no deja de crecer, y que atrapa hasta al más escéptico por su despliegue tecnológico, Callas en concierto es mucho más que un viaje al “más allá”. Porque «una artista como Maria» (Anna Cecilia Sofia Kalogeropoúlos), dirá una joven de 27 años estudiante de arte emocionada a la salida del teatro, «jamás muere».