Por Nadia Koval | Para: Rusia HOY | El destacado pianista Denís Matsuev se presentó en Buenos Aires con la Orquesta Real de Concertgebouw bajo la dirección de Mariss Jansons el pasado 29 de junio. Esta estrella del piano habla con una franqueza y sencillez, que no suele ser habitual en el mundo de la música clásica. Rusia Hoy tuvo la oportunidad de conversar con él durante su visita a la capital argentina.

Denís Matsuev

Denís Matsuev

El Mozarteum Argentino hizo descubrir al público local a uno de los que, junto con los pianistas Arkadi Volodos y Evgueni Kissin y los violinistas Vadim Répin y Maxim Venguérov, forma parte de la nueva generación de brillantes músicos rusos.

A Matsuev no le agrada cuando lo llaman ‘niño prodigio’. “Crecí como un niño normal, – explica. – En mi infancia en primer lugar lo ocupaba el fútbol. Recuerdo cómo les costó a mis padres convencerme para participar en un concurso de piano, del cual más adelante comenzaría en realidad mi carrera musical. Tampoco quería viajar a Moscú para ingresar en la Escuela Central de Música. Pero mis padres encontraron un truco para que me ya diciéndome: ‘Allí podrías ir al Estadio Luzhnikí para ver al Spartak, tu equipo preferido.’ Y así me convencieron.”

Tras mudarse de Irkutsk, su ciudad natal, a Moscú, Denís vivía junto a sus padres en un departamento ubicado en la avenida Zhúkov. “De un lado se encontraba el ascensor, y del otro vivía un vecino alcohólico que sólo tomaba y después dormía.  En esto había algo positivo para mí, ya que podía ensayar todo el tiempo necesario sin preocuparme de que estuviese molestando a alguien… Recuerdo que después de ganar el Concurso Chaikovski, a nuestra casa llegó un grupo de periodistas de Japón interesado en saber en qué condiciones estaba viviendo y en qué instrumento estaba practicando. En aquel periodo de mi vida tenía un piano viejo y destruido que era más adecuado para guardar latas de pepinos salados que para tocar. Se quedaron muy sorprendidos y no podían creer que pudiese en éste se podía interpretar música.”

Denís Matsuev realiza alrededor de 200 conciertos en el año por todo el mundo. “Viajo mucho porque en primer lugar, los conciertos me hacen feliz y porque no sé decir ‘no’.  Tuve varias oportunidades para quedarme a vivir en el extranjero. Pero soy una persona sentimental y melancólica, todavía quiero volver a Irkutsk. A veces quiero renunciar a todo para volver a nuestro antiguo apartamento, apagar todos los teléfonos y comenzar a recordar el pasado. Quisiera darles un consejo a todos: si ustedes quieren renovarse internamente, deben visitar el lago Baikal. Es realmente un milagro, un fenómeno milagroso. Cuando me preguntan si me gusta Moscú, digo que sí, pero yo era, soy y seré un siberiano”.

En su presentación en el Teatro Colón, Denís Matsuev interpretó la Rapsodia sobre un Tema de Paganini de Serguéi Rajmáninov. Tras el extraordinario final de la obra, el público empezó a llamar al pianista una y el otra vez al escenario.

El primer bis fue Octubre de Chaikovski, la pieza más nostálgica de Las Estaciones, y luego una increíble, por su sutileza y brillantez, composición de jazz escrita por Denís mismo. Debido a su pasión por el jazz, Matsuev recuerda al famoso pianista austriaco Friedrich Gulda. A propósito de ésto, Matsuev fue el primer y único pianista clásico que tocó un programa de jazz en el Conservatorio de Moscú.

Por otro lado, este pianista siempre ha mostrado su preocupación por la situación de la cultura. Considera que uno de los problemas en Rusia radica en la falta de buenas salas de conciertos. “Incluso en Moscú hay sólo tres lugares para escuchar música clásica: La Gran Sala del Conservatorio, la Sala de Chaikovski  y la Casa Internacional de la Música. De todos los conciertos que participo en el año, solo hago 50 en Rusia. Y la razón principal es la falta de  salas”.

El pianista también expresa su inquietud por las grandes dificultades que tiene un joven talento para entrar en la escena internacional. “Si antes para ser conocido era suficiente ganar un prestigioso concurso internacional, ahora todo se decide por el dinero. A un empresario no le beneficia ayudar a un talento joven, ya que necesita ganancias momentáneas, por eso le conviene invitar un artista de renombre para tocar en algún lugar famoso, y luego le queda sólo recoger el dinero de las personas que pagaron por verlo”.

Cuando uno ve y escucha a Denís Matsuev, no le da la sensación de estar ante una estrella. “Creo que rompí el estereotipo de que un músico clásico debe ser ser extraño y diferente a los demás. Soy una persona normal. No soy uno de esos que no son de este mundo. Hay algunos que quieren impactar a la audiencia y así atraer la atención.  Pero eso no es lo mío. Lo mío es la normalidad.”