Vía: El País | Por Jesús Ruiz Mantilla

Acometer la historia de la música dialogada tiene mérito. Es lo que ha intentado Santiago Miralles Huete en Preludios (Turner). Justo eso. 24 conversaciones –en homenaje a los 24 Preludios de Chopin- en los que se desgrana el fascinante devenir de un arte mediante las voces de aquellos que lo convirtieron en lo que es y ha sido.

Igor Stravinsky Santiago Miralles Huete en Preludios (Turner)

De Tomás Luis de Victoria y Palestrina a Richard Strauss o Stravinsky, las invenciones, conquistas, construcciones, destrucciones, hallazgos, audacias, dudas, tormentos, éxitos, fracasos… la vida de la música, en fin, da para mucho. El sonido de los ángeles y los demonios acompaña todas las épocas y a través de lo que los creadores sienten se puede conformar un retrato del tiempo en que viven. Estos Preludios son la explicación de un arte, pero también del pálpito de cada episodio en que fue creado.Por el libro de Miralles circulan genios incomprendidos y almas desamparadas en su búsqueda de cada ideal lo mismo que altivos visionarios conscientes de sus logros y despreciativos hacia quien se muestra incapaz de no comprender sus conquistas. Si Monteverdi y Galileo encuentran puntos de referencia entre la creación y las matemáticas, Beethoven y Goethe difieren sobre los modales y la falta de atención del músico al constante reconocimiento de sus contemporáneos mientras éste se pasea duro de oído ya sin saludar a nadie por una avenida de Teplitz, ciudad balneario de Bohemia.

Mozart y Lorenzo da Ponte, de rondón y a escondidas, urden la modernísima genialidad de Las bodas de Fígaro con la pirueta de adaptar para el emperador una ópera basada en una comedia prohibida de Beaumarchais. La búsqueda de los límites, de un nuevo mundo, una nueva moral y un nuevo arte total está en el ánimo de Wagner y Bakunin, el engreído caudillo de la ópera total y el anarquista, dos contrapuntos a quienes une la necesidad de construir un mundo distinto.

Músicos, filósofos, literatos, amigos, esposas como Alma Mahler, tratando de buscar su lugar entre el corazón de Gustav y su obra sin hallarlo plenamente, explican que poco después y meses antes de su muerte, la musa se entregara en brazos del arquitecto Gropius con la desesperada reacción del esposo humillado plasmado en el grito romántico de sus dos últimas sinfonías.

Las angustias de Schubert, Liszt y Chaikovski, en cartas y discursos a modo de explicación desesperada de su arte hacia otros, centran la voz de quienes sienten su lugar en el mundo como un espacio oscuro que se mueve entre el reto y la incomprensión permanente. Las discusiones, las disgresiones, los encontronazos como el de Verdi y el Duque de Rivas, junto al Teatro Real de Madrid, enfadado por la adaptación que se había hecho de Don Álvaro o la fuerza del sino en la ópera La forza del destino tienen su gracia y su punto rencoroso. Así como las preocupaciones y las explicaciones de Stravinski a Debussy sobre el poder atávico de La consagración de la primavera en la lucha constante por la ruptura salvaje de las convenciones sin importar las consecuencias.

La gran aventura de la música recorre estas páginas en un ejercicio diferente que nos brinda reflexiones, conversaciones y miradas eruditas pero bien contextualizadas, amenas y originales, para comprender algo mejor el misterio de aquellas sensibilidades que la tejen.