Antiguamente la sinestesia no era reconocida por la ciencia


Vía: laestrella.com.pa |Por Mirie De La Guardia

El rojo: ¿será dulce o amargo? ¿Nos acaricia la piel un acorde de guitarra? ¿Cuál será el aroma del timbre irrepetible de la trompeta de Miles? Las decepciones: ¿realmente son amargas?

Podríamos pensar que estas son simplemente metáforas, lenguaje poético. ‘Normalmente, vemos los colores, olemos los olores, oímos los sonidos, saboreamos los sabores y el tacto sólo lo sentimos con las cosas que tocamos’, escriben Alicia Callejas y Juan Lupiáñez en su libro Sinestesia (Alianza Editorial). ‘Pero esto no siempre es así. Los bebés recién nacidos experimentan las sensaciones provenientes de los diferentes sentidos mezcladas entre sí, tal y como les ocurre a las personas ya adultas que experimentan el fenómeno de la percepción sinestésica.’ Para ellos estas experiencias no son meras asociaciones, sino percepciones reales.

‘Cuando una persona sinestésica percibe un estímulo sensorial, por ejemplo, escucha una nota musical, la nota no sólo se escucha más o menos aguda sino que además tiene sabor o color. Le puede saber a fresa, a sandía, o puede verla de color verde limón…’, afirman estos psicólogos de la Universidad de Granada.

Antiguamente la sinestesia no era reconocida por la ciencia. Desde Aristóteles se hablaba sobre este fenómeno, pero a quienes percibían el mundo con una fusión o cruce de sentidos solía considerárseles simplemente como personas con ‘exceso de imaginación’.

Desde los años ochenta, con el desarrollo de los scans de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés), neurocientíficos, psicólogos y genetistas han confirmado las diferencias en la activación cerebral de los sinestéticos y se ha podido estudiar la sinestesia con rigor científico.

Por otro lado, estos avances han llevado a un replanteamiento radical sobre cómo están organizados nuestros sentidos y cómo el cerebro nos permite interpretar el complejo mundo en que vivimos.

TIPOS DE SINESTESIA

En neurofisiología, sinestesia (del griego syn, ‘junto’, y aisthesía, ‘sensación’) es la asimilación conjunta o la interferencia de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo.

Uno de los expertos en el tema, el Doctor Richard Cytowick, considera que para entenderse como sinestesia, debe ser involuntaria y automática, tener un estímulo que la cause, ser consistente a través del tiempo, duradera, memorable y que produzca una reacción emocional. Estas características la distinguen de experiencias sensoriales pasajeras causadas por daños cerebrales o por drogas alucinógenas como el LSD, la mescalina o los hongos psilocibios.

La sinestesia es idiosincrática, es decir, se manifiesta diferente en distintas personas y las combinaciones en que puede darse son múltiples. Por ejemplo está la asociación directa de cualquier signo, letra o número a un color específico; las palabras que producen un sabor; o, la más común, la chromosthesia , cuando la persona visualiza diferentes colores de acuerdo con características de la música como timbre, tono o intensidad.

Todavía no se sabe realmente qué causa esta condición. Hay teorías que la relacionan con el cromosoma ‘X’. Otros sostienen que los bebés nacen con estas conexiones, pero que, para la mayoría, el tiempo las ‘poda’ de manera que cada sentido perciba en concordancia a su función. Simon Baron-Cohen y sus colegas de la Universidad de Cambridge proponen que la sinestesia es el resultado de una superabundancia de conexiones neuronales en el cerebro y que es hereditaria.

‘ESCUCHO UNA NOTA POR UNO DE LOS MÚSICOS DE LA BANDA Y ES UN COLOR. ESCUCHO LA MISMA NOTA TOCADA POR OTRO, Y ES OTRO COLOR.’ DUKE ELLINGTON

EL MUNDO DE LOS CREADORES Y LA SINESTESIA

Entre los grandes músicos clásicos sinestéticos están Hélène Grimaud, Itzhak Perlman, Jean Sibelius, Rimsky-Korsakov, Messiaen y Ligeti. Alexander Scriabin ‘escuchaba los colores y veía la música’. A su composición Prometeo: El Poema de Fuego (Sinfonía nº 5)’, añadió un teclado con luces inventado por él (Clavier á lumère), para que cada nota produjera el haz del color que él percibía, iluminando el espacio.

Jimmy Hendrix quien ideó su propio acorde conocido como ‘The Purple Chord’, utilizado en su clásico ‘Purple Haze’. Otros casos de músicos sinestéticos son Stevie Wonder, Duke Ellington, Billy Joel, Lady Gaga, Lorde y Pharrell Williams quien afirma que su canción ‘Happy’ es color amarillo con acentos de mostaza y a sherbert de naranja.

Entre escritores y poetas tenemos a Lord Byron, Virginia Wolf, Vladimir Nabokov, Marcel Proust, Francisco de Quevedo y Patrick Süskind, el autor de El Perfume .

PINTAR LA MÚSICA

Si Scriabin puso música al color, Kandinsky pintó la música: ‘El color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El ojo es el martillo templador. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, mediante una tecla determinada hace vibrar, adecuadamente, el alma humana’, (De lo espiritual en el arte, 1911).

Kandinsky asoció los colores a sonidos y armonías; también a estados de ánimo. El padre del arte abstracto nombró sus series más importantes con términos musicales como composición, improvisación, sonoridad. ‘El mundo suena’, decía Kandinsky, quien consideraba la música como el referente de toda creación artística, y cada pintura, la representación visual de una composición musical.

Otros reconocidos artistas visuales sinestéticos: Vincent van Gogh, Paul Klee y David Hockney.

‘SOLO QUIERO PRONUNCIAR TU NOMBRE Y QUE NO ME SEPA AMARGO.’ ANNABEL MIGUELENA

Desde niña, Annabel Miguelena percibe sabores y colores cuando escucha sonidos. ‘La música clásica es dulce y celeste; cantar mantras es rico, sabe delicioso y veo mucho color lila. La electrónica: ¡wácala! Es bien acidona’, nos cuenta con esa sonrisa pícara que la caracteriza.

Una de las personas más creativas que he conocido, esta escritora, amante de la música y el arte (y abogada), jamás pensó que estas sensaciones fueran algo especial. Cuando alguien decía ‘me dejó un sabor amargo’, a ella no se le ocurría que fuera en sentido figurado. Y es que realmente ciertos nombres le saben amargos (Arcinda y Arnoldo, por ejemplo) y otros saben delicioso: como Sofía, Mariana, Francisco o Felipe. ¿Por qué? Pues, ni idea. Es así. Mi mamá dice ‘ay, a ti te pasa más con los sabores. Yo veo es brillo con los sonidos. La música tiene diferentes tonalidades de brillo’.

Para quien nace con sinestesia es difícil imaginar que el resto no perciba la realidad igual. Antes se pensaba que era un fenómeno poco común, pero no es así. Se calcula que una de cada dos mil personas presenta esta condición de forma aguda y una de cada veinte, de forma leve. Es difícil precisar las cantidades porque quienes lo experimentan a veces no se percatan de tener algo distinto o lo callan para no sentirse diferentes.

Una cosa es cierta: no existe una sola forma de percibir la realidad. Nuestros sentidos captan el entorno y realizan sus propias combinaciones. A algunos de nosotros, nos queda imaginar que las nubes son suaves y saben a algodón de azúcar. Otros más afortunados verán el arcoiris al escuchar música o sentirán que la palabra amor realmente les acaricia la mejilla.