“…Dime lo que ves, lo que miras y lo que observas…Luego muéstrame cómo lo expresas o lo enjuicias… Dejarás saber lo que llevas por dentro muy dentro… Si llevas Luz, mostrarás Amor y Creación… Si llevas oscuridad, mientras te llegue la Luz, porque siempre ha de llegar, mostrarás todo lo que conforma tu lado oscuro, el que te atormenta, ese que se apropia de ti cuando menos lo esperas y que delata tu oscura intimidad con el infierno, en un segundo, impredecible como el atronador fulgor de un relámpago…”
…de Un Mago de la Psique…

DAscanioclose_upUn 12 de Febrero, pero de 1975, hace 39 años, fue el primer gran ensayo de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela, orquesta pionera del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Desde entonces y por 39 años, esa ha sido nuestra fecha aniversario unida para siempre al Día de La Juventud por ser nuestro Sistema un programa dirigido a niños y jóvenes venezolanos. Hoy quisiera hacer unas cuantas reflexiones sobre nuestro Sistema. Como se trata sobre lo que yo he vivido, gracias al Sistema, ineludiblemente debo manifestar un poco de mi historia personal.

Maestro José Antonio Abreu © Meridith Kohut / Leica Camera AG 2013

Maestro José Antonio Abreu © Meridith Kohut / Leica Camera AG 2013

La primera vez que vi al Maestro José Antonio Abreu fue en 1970 en una velada musical organizada por la honorable familia del Doctor Tulio Guerrero Matheus, ya en la Paz del Señor. El Dr. Guerrero Matheus organizaba frecuentemente estas veladas a las que mis padres eran honrosamente invitados. A ellas acudían personas de distintas profesiones: numerosos músicos, a quienes tuve el gusto de conocer y de escuchar, así como personas que sencillamente amaban la música. Muchos caballeros (en su mayoría “médicos de profesión pero músicos de corazón” para usar las palabras de este notable médico, el Dr. Guerrero Matheus, al definirlos con relación a sus vocaciones) se sentaban espontáneamente al piano y nos dejaban escuchar desde Chopin hasta autores venezolanos, incluyendo los valses compuestos por el propio Dr. Guerrero Matheus, de los cuales existe un libro publicado. Esa noche de 1970, cuya fecha exacta escapa a mi memoria, estaba invitado a esa velada musical el Doctor José Antonio Abreu. Mi amigo y compañero de estudios musicales en la Escuela Juan M. Olivares, Fernando Guerrero Briceño, hijo del Dr. Guerrero Matheus, le había llamado para que escuchara a un joven pianista de 15 años. Interpreté la 2da. Partita de Bach y varios Estudios de Chopin, uno de sus Scherzi y una Sonata de Beethoven ante la atenta audiencia pero más a manera de audición para el Dr. Abreu. Así, el Dr. Abreu comenzó espontánea y generosamente a darme toda una clase maestra sobre las obras que yo había ejecutado y sobre otras más de las que yo le hacía preguntas. De inmediato comprendí que estaba ante, no solamente un extraordinario pianista, al tocar obras de extrema dificultad, de autores que fueron desde Bach hasta Schumann, sino ante un músico de una formación poco usual: improvisaba fugas sobre cualquier tema o conjuntos de notas que sonábamos al teclado; fugas (que en música es la forma más compleja) de hasta 5 voces con todos los elementos de cualquier gran fuga del barroco. El noble gesto de mi amigo y ahora Dr. Fernando Guerrero, abogado y músico, tuvo un efecto maravilloso en mi vida: esas indicaciones tan valiosas dadas por el Dr. Abreu, fueron apreciadas tanto por mí como por mi profesora de aquel entonces, la insigne pianista Judit Jaimes, quien viera con mucha fruición las enseñanzas que periódicamente, a manera de clases maestras, tuviera a bien ofrecerme el Dr. Abreu desde ese entonces. Así fue como el Doctor Abreu comenzó su labor de Maestro en mi vida enrumbándome por los grandes caminos de la más alta técnica pianística, de las grandes formas de la música, de historia del repertorio pianístico, de arte, de estética de la música, de literatura, en fin, de todo lo que cualquier músico necesita para convertirse en un “buscador de la excelencia”, algo que desde ese entonces nos ha enseñado a todos los que le hemos acompañado en su trascendental Obra Musical. Mucho me llamaba la atención que para dar algunos ejemplos, todo el repertorio que usaba lo conocía de tal forma que nunca usó una partitura. Podía sentarse y “enseñarme” una ópera o un concierto tocando las partes de cualquiera de los instrumentos de la partitura (no solamente el del piano solista) o cualquiera de las partes vocales con sus acompañamientos. Me tomó un buen tiempo caer en cuenta que esto no era una habilidad “natural” de cualquier músico de su talla (aún no me he encontrado con un músico igual o parecido en mis más de 50 años de trayectoria musical). Cuando le he hecho mención de esto, que es absolutamente prodigioso, siempre el Maestro Abreu ha respondido: “con profundo agradecimiento se lo debo a mis profesores y maestros por la formación que me brindaron”. En esa corta y aparentemente sencilla oración, entendí, de una vez y para siempre, lo que significa el ser agradecido para con quien te enseña, apoya o ayuda en los caminos difíciles de la vida…

Fue así como pude apreciar la dimensión de las palabras y juicios de valor de tantos músicos y personalidades ligadas a distintas disciplinas del arte nacional de aquel entonces al referirse al Dr. Abreu como un gran pianista, ya que le habían escuchado en sus conciertos públicos, a muy temprana edad, con la Orquesta Sinfónica de Venezuela, en agrupaciones de cámara y en recitales. De esos juicios aún resuenan en mi mente las palabras de la extraordinaria pianista y pedagoga la Maestra Harriet Serr (quien dejó una inolvidable escuela pianística y fuera Maestra de piano del Dr. Abreu) cuando me dijo muchos años más tarde: “José Antonio lo tiene todo para ser un pianista de calibre mundial. Su sentido musical es fuera de lo usual. Su Mozart es único. La vida y su mente brillante lo llevaron, afortunadamente para nosotros en Venezuela, por un camino más amplio a través del cual ha logrado tanto, para tantos, con las orquestas”.

Esos encuentros de clases maestras se convirtieron en verdaderas sesiones sin horario pre-establecido. Durante horas, de los más fecundos fines de semana de mi existencia, brotaba del Maestro enseñanza tras enseñanza. Al percatarme de que estas reuniones las hacía con muchísimos jóvenes músicos (violinistas, violonchelistas, violistas, trompetistas, pianistas, compositores, cantantes, jóvenes compositores y otros) con la intención de ayudarnos en nuestros estudios y en la búsqueda de ese tesoro espiritual que está en cada obra de los grandes compositores, comencé a intuir que la palabra generosidad está íntimamente unida al apellido de la honorable familia Abreu Anselmi…

Más tarde en 1975, al Maestro Abreu, le correspondió por Inspiración, Visión, Misión o por Voluntad (o todas a la vez…) la extraordinaria tarea de crear la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela. Así tuve yo, afortunadamente, el honor más grande de mi vida: el de ser uno de los fundadores de esta orquesta, así como ser el primer solista de piano (y por fortuna, no precisamente el último, pues con “la orquesta” ha actuado prácticamente todo el conjunto de pianistas venezolanos activos de los últimos 39 años a la fecha, más otros artistas internacionales del piano, además de solistas de todos los instrumentos).

Tuvimos el privilegio de tener al Maestro Abreu como el director de nuestra orquesta, y digo privilegio pues allí, en el podio, no solamente tuvimos en él a una figura musical de primer orden, sino a un director del más alto nivel y maestría artística, como lo calificara el legendario Maestro Sergiu Celibidache, con quien tuve el placer de conversar en Munich, y quien se expresara así del Maestro Abreu: “no solamente es la persona con quien he sostenido la conversación más profunda e ilustrativa sobre música, arte y filosofía, sino un extraordinario director de orquesta y ser humano”. En este sentido, puedo recordar las palabras del mundialmente reconocido director de orquesta que fue Eduardo Mata: “El gran trabajo orquestal que se ha hecho con la Orquesta Simón Bolívar para alcanzar este nivel (1989) ha sido gracias a la batuta de José Antonio Abreu”. Así mismo, otra anécdota significativa fue el hecho de que el maravilloso Maestro de Corea del Sur Sung Kwak, después de apreciar un video del Maestro Abreu dirigiendo a la Orquesta Simón Bolívar, pidió copia de todos los conciertos que el Maestro Abreu había dirigido, “ya que los consideraba una clase magistral de dirección orquestal”.

El Maestro Abreu con “sus muchachos” (como nos llamaban) trabajó y presentó el repertorio orquestal más exigente a través de numerosos festivales para cada instrumento, con solistas nacionales e internacionales, óperas y galas para distintas voces, nacionales e internacionales, brindándole apoyo a las figuras jóvenes de cada instrumento, al igual que a nuestras figuras consagradas de la música. Le correspondió junto a “sus muchachos” por un lado, acabar con el mito de “esa música orquestal tan difícil” que era prácticamente no escuchada en Venezuela, y por el otro, de impulsar la figura de solistas en cada una de las filas de los instrumentos de orquesta, del piano y del canto, así como de jóvenes directores. Se realizaron (y realizan) los conciertos solistas más difíciles del repertorio de todos los instrumentos impulsando así el nivel de los instrumentistas. Conciertos, que en muchos casos, se hacían por vez primera en nuestro país, y además, por algún joven solista venezolano. Y cuando me refiero a impulsar no solamente lo digo en las orquestas, sino en toda la actividad musical del país. Si nos hacemos la pregunta que cabe ante la anterior afirmación, la respuesta es contundente: este impulso, este remontar, esta inmensa transformación, no vino solamente a inspirarnos a nosotros, “los muchachos de la orquesta”, sino a toda la actividad musical del país, incluyendo (palabra ductora del Maestro Abreu en su movimiento orquestal) expresiones de música de todo tipo que hicieron transformaciones en todos los géneros musicales del país. Son muchos, muchísimos; imposible de nombrarlos a todos en estas líneas. Ellos lo saben tanto o mejor que yo. Ahí están, afortunadamente, enriqueciendo el medio musical con sus quehaceres dentro y, en tantos casos, fuera del país.

Se presentaron (y presentan) obras de autores venezolanos consagrados y de nuevos compositores, así como de autores de Latinoamérica y de otras latitudes. En este sentido, y por ser el Maestro José Antonio Abreu un notable compositor venezolano (Premio Nacional de Composición) entendió la importancia de jerarquizar la actividad creativa de los jóvenes compositores y, para apoyar aún más a estos, retomó el Festival Latinoamericano de Música, a través del cual, en sus XVIII ediciones, con el notable director y compositor Alfredo Rugeles como su Director Musical, ha sido cuantioso el número de obras de compositores venezolanos y latinoamericanos ejecutadas por nuestros solistas, ensambles y orquestas.

Entendiendo desde el principio que se trataba de un programa de formación, El Maestro Abreu emprendió la titánica labor de crear, a nivel nacional, las academias y cátedras de los distintos instrumentos para así, formar los talentosos jóvenes que cada vez más engrosaban nuestras orquestas, ya que en muchos de los casos, ni siquiera se contaba en Venezuela con cátedras de algunos de los instrumentos. Junto a la pianista Judit Jaimes y mi persona, creó El Maestro Abreu la Cátedra de Música de Cámara. Le correspondió a nuestra Judit Jaimes dirigir otra cátedra creada por El Maestro Abreu: la Cátedra Latinoamericana de Piano Teresa Carreño, de la cual estaría encargada, más adelante, la pianista y pedagoga Olga López, y más recientemente, la pianista Gabriela Montero. Con las figuras de estas academias, y sus miles de integrantes a nivel nacional, vio el Maestro Abreu la necesidad de crear una institución de rango universitario, acorde al vertiginoso desarrollo de los jóvenes músicos, para lo cual fundó el Instituto Universitario de Estudios Musicales.

Con músicos nacionales e internacionales se crearon las figuras de los seminarios por instrumentos, filas y orquestales. Así, la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela fue la semilla de lo que sería más adelante, por el vertiginoso crecimiento de esa orquesta y de las que El Maestro Abreu fue fundando en el interior del país, El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, cuyo órgano rector es, hoy en día, la Fundación Musical Simón Bolívar (Fundación del Estado Venezolano), y, cuya expresión máxima del Sistema es la Orquesta de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, Sistema que durante estos 39 años de existencia, ha sido ejemplo a seguir en muchísimos países y en los cuales, nos ha correspondido, por expresa petición de los interesados, fundar orquestas y brindarles el apoyo requerido, siguiendo nuestro modelo y filosofía de práctica orquestal y enseñanza musical. Así nacieron en el mundo musical internacional esas dos palabras con las que se resume un programa de dimensiones y labor monumentales: “El Sistema”.

Esta tarea desde la perspectiva que ofrecen sus 39 años de existencia se nos asoma como un formidable y colosal programa. Sin pretender restarle méritos a la obra musical cuyos resultados, a la vista de todos, nacional y desde muy pronto internacionalmente, y que han sido siempre reconocidos por grandes figuras internacionales de la música, directores y solistas; universidades y conservatorios; orquestas e instituciones, al maestro Abreu lo movió, desde el principio, algo mucho más profundo y noble que la ya extraordinaria tarea musical: el hecho social. No sólo lo que significa la práctica orquestal en sí, como fenómeno social, en el que se pone en práctica todo el potencial infinito de un grupo de seres humanos, tras la recreación de una obra musical dada, en lo cual ya estaría más que justificado lo social (ponerse de acuerdo y conformar una sociedad de seres de diversas características cuyo único fin común es la interpretación de esa partitura buscando como norte la excelencia), sino “la orquesta como herramienta para contactar, fomentar y desarrollar los más altos valores del ser humano, que de una manera estética han sido plasmados por los compositores en su música, y que consiguen resonancia en el alma de los niños y jóvenes que hacen práctica orquestal o coral”. La prueba tangible más trascendental de esto viene a ser la Novena Sinfonía de Beethoven en su desenlace, el 4to. movimiento, canto a la Esperanza y a lo Imperecedero del Ser Humano: su Espíritu.

Es en este sentido que El Sistema ha trabajado en lo social y lo musical. Son 39 años de trabajo por y para Venezuela. Por y para venezolanos. Y muy importante por su significancia al futuro: por y para niños y jóvenes venezolanos. En estos 39 años hemos sido un ente del Estado Venezolano. El Estado Venezolano, a través de sus distintos gobiernos, ha sabido entender y apoyar la obra dirigida por El Maestro Abreu y hecha por todos nosotros en pro de la sociedad venezolana, al formar con la música como herramienta, a estos cientos de miles de niños y jóvenes en cuya alma está esa “búsqueda de la excelencia” y del bien, presentes en los poderosos transformadores inherentes a todo el que busca darle forma y sentido a la música, que van a ser ineludiblemente reflejados en la vida: Orden y Armonía, principios fundamentales en la música, sin los cuales no hay organicidad posible. Principios que van de la mano de lo que final y verdaderamente le da sentido social a la vida: vocación de servicio junto a cariño y cuido. No es un trabajo cuyos resultados están más allá del bien y del mal, en planos meramente ideales e inconcretos, como dicen los estetas, en su gran mayoría teóricos. No, nada más incierto. Es un trabajo práctico para niños y jóvenes, en su mayoría de escasos recursos sociales, que viven en Venezuela, en la Venezuela que todos vivimos. Niños y jóvenes que, a pesar de tener la realidad que vivimos, tienen a través de la música, “una riqueza espiritual extraordinaria que los ayuda a encauzar su vida al mantenerlos alejados de los tantos vicios de las sociedades de hoy en día”. Es por estos niños y jóvenes, y para ellos, que El Sistema existe. Es por y para ellos que hemos trabajado, junto al incansable Maestro Abreu 39 años, 365 días por año, sin horarios desde el principio, bajo la premisa que nos dijo y de la cual, El Maestro ha sido cada segundo, de estos 39 años, el más digno ejemplo: “Tocar y Luchar”.

Quiero advertir que mis humildes palabras son reflejo de mi particular reflexión y que seguramente pero inintencionadamente, paso por alto las tantísimas más bendiciones que El Sistema ha brindado a tantos más que sus casi 500 mil participantes: a sus familias; sus directores; sus profesores, sus coordinadores; sus guías; a todo el personal que labora en la Fundación y de los núcleos en todo el país; las tantísimas instituciones que lo han apoyado, del Estado y Privadas; a las que se han involucrado a lo largo y ancho del país y del planeta durante estos 39 años: escuelas y colegios; liceos y universidades; Orquesta Filarmónica de Berlín, Orquesta Filarmónica de Viena, Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, CAF, BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO, BANCO MUNDIAL, OEA, UNICEF, UNESCO, ONU, y muchísimas otras instituciones; a los más de 35 países en donde hemos sembrado El Sistema, cuyo modelo y filosofía han producido también tanto bienestar: Argentina, Australia, Austria, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Escocia, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Japón, Honduras, Inglaterra, Italia, Jamaica, India, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Trinidad y Tobago, y Uruguay. http://fundamusical.org.ve/category/el-sistema/el-sistema-en-el-mundo/#.Ux3fs86haJQ y al incalculable número de personas que han disfrutado del gigantesco número de conciertos y actividades que ha presentado El Sistema en Venezuela y el Mundo. Sin olvidar la inmensa lista de solistas de todos los instrumentos y voces; directores, creadores y pedagogos que han actuado o interactuado con El Sistema, de los cuales quisiera mencionar a los maestros: Claudio Abbado, Simon Rattle, Sung Kwak, Eduardo Mata, Henryk Szeryng, Ruggiero Ricci, Igor Oistrakh, YoYoMa, Claudio Arrau, Lang Lang, Emmanuel Ax, Helene Grimaud, Montserrat Caballé, Plácido Domingo, Krzysztof Penderecki, Blas Emilio Atehortúa, Henning Trog, Thomas Clamor, Mark Churchill, Luis Rossi y a tantísimos otros maestros que nos han dejado su huella y en quienes El Sistema es parte de su historia, testigos, por los tantos hechos concretos y maravillosos, de este constante crecimiento social y musical.

Por último, quisiera mencionar los reconocimientos que El Sistema, por el sitial que ocupa en nuestro Mundo, ha recibido en la persona de su fundador, El Maestro Abreu:

Premio Festival de Abu Dhabi. Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, Venezuela. Premio Especial Cultura de Paz, Japón. Premio Charles Ansbacher Music for All, USA. Doctorado Honoris Causa en Música de la Universidad de Harvard, USA. Doctorado Honoris Causa del Instituto de Música de Cleveland, USA. Gran Cruz de la Orden Nacional Cruzeiro del Sur, Brasil. Premio Europeo Trebbia, República Checa. Premio Cáritas in Veritate, Venezuela. Premio Iberoamericano de Música Cortes de Cádiz, España. Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el Grado de Caballero, República Dominicana. Educador del año. Musical America Worldwide, USA. Medalla Hanz Lenz, Alemania. Premio Ciudad de Ravello al valor social de la cultura, Italia. Título honorario del Instituto de Educación de la Universidad de Londres, Inglaterra. Doctor honoris causa. Carleton University, Canadá. Orden Ciudad de Valencia en su primera clase, Venezuela. Premio Echo Klassik, Alemania. Cruz de Honor Austríaca para las Ciencias y las Artes, Austria. Comandante de la Orden del León de Finlandia. Premio Especial de Cultura 2011 Revista Albatros, Italia. Premio Nonino Risit d’Aur, Italia. Premio Erasmus 2010, Holanda. Premio del Consejo Directivo de La Academia Latina de la Grabación, USA. Miembro honorario de la Wiener Konzerthaus, Austria. Chevalier de la Légion d’Honneur, Francia. Doctorado Honoris Causa de la Música Universidad de Los Andes, Venezuela. Polar Music Prize, Suecia. Premio Frederick Stock, USA. Bridge Builders Award, USA. Frankfurt Music Prize, Alemania. Doctorado Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar, Venezuela. Premio TED, USA. Mención Internacional al Mérito, USA. Premio a la Labor Distinguida, USA. Premio Q, USA. Premio Planeta Azul Ethecon, Alemania. Miembro Honorario de la Beethoven-Haus Society, Alemania. Premio Yehudi Menuhin, España. Premio Príncipe de Asturias de las Artes, España. Proclamación en honor del maestro Abreu, Ciudad de Nueva York, USA. Miembro Honorario de la Real Sociedad Filarmónica, Inglaterra. Doctorado Honoris Causa en Medicina de la Universidad de Carabobo, Venezuela. Medalla Centenaria de la Academia Nacional de Medicina, Venezuela. Gran Cordón de la Orden del Sol Naciente, Japón. Premio Glenn Gould, Canada. Premio Internacional Puccini, Italia. Orden Universidad Valle de Momboy, Venezuela. Orden Francisco de Miranda, Venezuela. Medalla de Oro de la Presidencia del Senado Italiano, Italia. Orden de la Estrella de la Solidaridad en la clase de Gran Oficial, Italia. Premio Don Juan de Borbón de la Música, España. Premio GlobArt, Austria. Premio UNICEF- Dalla parte dei bambini, Italia. Praemium Imperiale para jóvenes artistas, Japón. Premio Simón Bolívar de la Universidad Simón Bolívar, Venezuela. Orden al Mérito en Primera Clase de la República Federal Alemana, Alemania. Sony Broadcast and Professional de América Latina. Embajador nacional de buena voluntad de la UNICEF, Organización de Naciones Unidas. Premio Internacional de la Paz para las Artes y la Cultura, Corea del Sur. Doctorado Honoris Causa en Educación de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela. Orden al Mérito Futurista, Venezuela. Doctorado Honoris Causa en la Mención Música New England Conservatory, USA. Premio Musica e Vita, Italia. Reconocimiento Especial como Emprendedor Social, Suiza. Miembro de Honor de la Academia de Mérida, Venezuela. Distinción Universitaria de la Universidad de Los Andes, Venezuela. Premio Right livelihood, Suecia. Medalla Simón Bolívar de la UNESCO, Organización de Naciones Unidas. Artistas UNESCO por La Paz, Organización de Naciones Unidas. Premio Italia Nel Mondo, Italia. Embajador de buena voluntad de la UNESCO, Organización de Naciones Unidas. Premio Interamericano de Cultura en el campo de las Ciencias y las Artes Musicales Gabriela Mistral, Organización de Estados Americanos. Premio internacional de la música UNESCO, Organización de Naciones Unidas. http://fundamusical.org.ve/category/el-sistema/reconocimientos/#.Ux3gC86haJQ

Así, todos en El Sistema hemos decidido, por encima de las dificultades, tener como norte a los miles de miles de niños y jóvenes: “ver, mirar y observar” como resultado de una labor constante en nuestros roles de facilitadores, el extraordinario bien que ha hecho en estos niños y jóvenes el hacer música, como la enriquecedora experiencia de “ir tras los altísimos valores presentes en toda obra de arte pero que en el caso de la música, por su intangibilidad, llega de manera directa al alma de los niños y jóvenes en su búsqueda de la excelencia” encontrando esa “Fuente de Bondad y Amor Infinitos inherentes al Espíritu Humano”, como la “Expresión más Pura de Paz” al ser hecha por niños y jóvenes de Venezuela o de cualquier parte de nuestro Mundo. Así, no solo “vemos, miramos y observamos” con los mejores ojos a este enorme y extraordinario programa, sino que lo apoyamos al haberlo asumido y convertido en un proyecto de vida desde hace más de 39 años.

Todas las palabras que he resaltado en el texto son del Maestro José Antonio Abreu; las he usado con el máximo respeto que su figura y obra social y humanística merecen. Palabras que junto a tantas, para mi ventura y fortuna, desde hace casi 45 años, han sido motores y, al mismo tiempo, fuente de inspiración para buscar en la vida todo lo maravillosa de ésta, sin importar lo difícil que pueda ser. Esto ES lo que hemos decidido y sabido transmitir en El Sistema nuestro, repito, hecho en Venezuela para los miles y miles de niños y jóvenes, dentro y allende las fronteras, y que para todos, hoy y mañana, El Sistema es y será, por siempre, un Faro Radiante de Esperanza y de Paz para nuestro Mundo.

David Ascanio
Miembro Fundador de El Sistema 1975.
Pianista Concertista y Docente a dedicación exclusiva de El Sistema.