Vía: www.elmundo.es/  DARÍO PRIETO  |  Madrid

En el camerino hay unas zapatillas deportivas, un ipod con el cable de los auriculares enredado y otros complementos de joven treintañero que David Afkham (Friburgo, 1983) se dispone a recoger sin quitarse el frac. “Por supuesto que estoy nervioso. Pero son unos nervios positivos. La palabra más correcta sería ‘excitado’. Estoy expectante por todo lo que está por venir. Y ahora lo que toca es la Segunda Sinfonía de Mahler”, explica. «Quiero ir ‘paso a paso'”, añade en español.

Hoy arranca en el Auditorio Nacional la ‘Era Afkham’, en la que el maestro alemán ejercerá de director musical de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Hasta ahora se encontraba en periodo de adaptación, pero ahora Afkham está “feliz” de empezar a gobernar de manera oficial esta nave.

Todavía es pronto para hacer un diagnóstico general sobre la evolución de la orquesta en los últimos meses, apunta. “Depende de si interpretas Brahms, Mahler, Schönberg o Falla“, señala en un inglés veteado de españolismos este alemán de origen persa. “Cada pieza tiene sus dificultades, pero diré que, en general, con esta orquesta estoy sintiendo una enorme energía y una gran voluntad de trabajo. Abrazo esta energía, que tiene mucho de temperamento y de juego, y que quizá por eso funcione”.

En este pistoletazo de salida, el protagonismo recae en la ‘Segunda Sinfonía’ de Mahler. “Tengo muy buen recuerdo de dirigir la primera de Mahler, así que me dije que por qué no continuar y seguir construyendo a partir de ahí”, argumenta. “Por supuesto, quería hacer algo con el coro junto a la orquesta, así que pensé inmediatamente en esta pieza”. Pero quizá haya también “algo de simbolismo, puesto que la Segunda habla de comenzar de nuevo, de la resurrección“. Y, en otro sentido, la pieza también encaja “de manera hermosa en esta idea de ‘Malditos’que articula la temporada de la OCNE, ya que se trata de una obra oscura pero también luminosa”,

¿Y qué va a hacer Afkham en Madrid?, se preguntan los aficionados. “No tengo ideas muy específicas sobre lo que voy a hacer”, se excusa discretamente. “Yo lo veo como un viaje. Y la meta es el camino. Hay tantas cosas que convergen en una situación como la mía: el repertorio, el sonido, la técnica, la conjunción de los músicos… Eso no quiere decir que no tenga una visión sobre la orquesta y el coro, ni que no quiera que mejoren. Mi objetivo último es llevar la música a la gente y éste es un lugar importantísimo para ello, en Madrid y en toda España. Es una gran responsabilidad”.

Afkham concreta algo más cuando habla de cuestiones más generales, valga la paradoja. “Una de mis consignas es la de hacer música de cámara. Incluso si tienes una orquesta de 100 personas, lo central es escuchar a los otros. Y si somos capaces de mejorar en ese aspecto, muchas cosas vendrán por sí solas: equilibrio, entonación, articulación…”, aventura. “Otra sería la del ‘primus inter pares’. No soy un dictador. Pero una orquesta necesita alguien que guíe, que dé una dirección. Pero, desde mi punto de vista, es más sano y se toca mejor cuando hay un sentimiento de responsabilidad en la orquesta. Es algo que hacemos todos juntos, no algo que yo imponga”, puntualiza.

Pero, de forma paralela, está la faceta de gestor, que camina como una sombra al lado de la de creador. “Es difícil de combinar, porque hay que dar entrevistas [sonríe], planificar el calendario, pensar en la orquesta, si necesitamos nuevos músicos, hablar con el sindicato, estar atento a que las luces estén a punto… No sé cómo lo hago, pero al final prima la música. Éste es nuestro trabajo y es al final lo que hacemos: llevar la música a la gente. Y ahí está otra de mis labores, intentar crear las mejores condiciones para que todos encajen en ellas para dar lo mejor de sí mismos y tocar la mejor música posible”.

Y esto le lleva a otra reflexión sobre la gestión, pero en otras esferas: “La situación es igual de mala en toda Europa. Y me entristece y me enfada. Es realmente imprescindible que la gente que toma decisiones, como la de hacer desaparecer un coro o la de fundir dos orquestas de larga tradición en una sola, sea consciente de que no somos nada sin la cultura”. enfatiza. “No somos animales, no somos robots, no somos piezas de una maquinaria. No queremos que se nos ponga un sello en la frente con la palabra ‘dinero’ y que éste sea lo único que nos guíe”, protesta. “Es una pena lo que ha sucedido en Valencia con el maestro Zubin Mehta. Y me gustaría poder luchar contra ese tipo de situaciones”.

Para ello, dice, la clave está en la justa combinación de racionalidad con pasión. “La música es la conexión entre la mente y el corazón. Incluso si te dejas llevar totalmente por la emoción en una pieza de Mahler, tiene que haber un control, aunque no me guste mucho la palabra. Mejor: tiene que haber algo superior a nosotros, que dé orden, forma y equilibrio”.

Como persona multicultural, Afkhan dice contemplar con horror el drama de los refugiados en su lucha por huir de los conflictos de Medio Oriente. “Lo que está sucediendo es una verdadera tragedia. Yo fui educado en una tradición humanista y en una cultura internacional. Y ver esas imágenes de niños pequeños muriendo… Tenemos que ayudar, tanto aquí como en sus países”. Y esa ayuda, dice, incluye la música. “La cultura es algo que ayuda de verdad, que puede llevar el bien a la gente. Un buen ejemplo es Daniel Barenboim con su West-Eastern Divan Orchestra, pero también la Joven Orquesta Gustav Mahler cuando todavía estaba el Muro de Berlín”, recuerda.