Vía: Cultura.elpais.com/

El Teatro Colón de Buenos Aires tiene nuevo director. Después de seis años de gestión de Pedro Pablo García Caffi, en los que la ópera reabrió tras años de remodelación, en enero pasado asumió en su lugar Darío Lopérfido, que fue portavoz y secretario de Cultura del Gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001) en pleno cataclismo de Argentina. García Caffi se fue en medio de supuestas peleas internas en el ayuntamiento porteño que conduce el conservador Mauricio Macri. Lóperfido, de 50 años, 20 menos que su antecesor, planea imprimirle una impronta más joven a este teatro con más de 1.100 empleados.

Pregunta.¿Tiene miedo al cargo?

Respuesta. No, al contrario. La sensación es más como la de una chica que siempre te gustó, o un chico, lo que le guste a cada uno. Un día te miró y te dijo si íbamos al cine.

P. ¿La temporada 2015 quedará como estaba?

R. La temporada está vendiéndose en la boletería. Yo empiezo a hacer la de 2016, pero quiero a hacer algunos cambios para que algunos cuerpos del teatro trabajen con mi impronta. Pedro Pablo puso el teatro en funcionamiento e hizo temporadas buenas, pero somos personas distintas por generación, gustos. Se pueden agregar cosas a la temporada 2015. Voy a hacer sinergias con el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA, dedicado al teatro), del que sigo siendo el director artístico. En el FIBA iba a programar una versión de la ópera Macbeth de Verdi que hace el sudafricano Brett Bailey, con cantantes buenísimos de Congo, en la que Macbeth y Lady Macbeth son un dictador africano y su mujer que someten a refugiados congoleños. Ahora la voy a hacer acá. En el Bafici (Buenos Aires Festival de Cine Independiente) se iba a presentar un documental sobre unos pianistas clásicos. Estamos viendo de pasar acá la película y que los pianistas toquen. Quiero que hagamos algo del festival de jazz acá. Voy a armar abonos nuevos.

P. ¿Cuál es su impronta?

R. Hay un concepto que a mí me gusta mucho que decía Gerard Mortier: “Al teatro se viene a pensar”. Las instituciones de la cultura tienen que ver con la órbita de lo intelectual, no tanto con la de la espectáculo, aunque acá haya espectáculo. El mundo no está pasando un momento intelectualmente fantástico. Yo soy un disidente de las redes sociales. Si te pasás todo el día ‘twitteando’ y discutiendo con tu grupo de gente sobre lo que pasa con tu familia, tus amigos o la política de hoy, tu capacidad de abstracción, por una cuestión de tiempo físico, disminuye. Una institución como el Colón tiene que servir para que se discuta en torno al arte, la política, la religión. Vivimos un tiempo en que gente del espectáculo habla de política y a mí eso me parece bastante banal porque los grandes artistas hablan de política en su obra. Además es mi impronta que el teatro sea cada vez más abierto a mayor cantidad de gente. Cuanto más jóvenes incorporás, más te garantizás que van a estar por los próximos 60 años como espectadores. Necesitás que el teatro haga cosas afuera. Como este tipo de teatro siempre tiene el mito de que es conflictivo, yo trato de imponer la buena onda.

P. ¿Qué conflictos hay?

R. De todo. Conflictos sindicales puede haber. Yo fui secretario de Cultura de Buenos Aires entre 1997 y 1999 y como tal tuve a mi cargo este teatro. En ese momento había un nivel de conflictividad muchísimo más alto que ahora. ¿Por qué los teatros de este tipo en el mundo tienen un alto nivel de conflictividad? Porque no son homogéneos. Tenés el cuerpo estable de ballet, otros cuerpos dos musicales, empleados escenotécnicos, administrativos, de fotografía, peluquería… esto es una ciudad. Las demandas de cada uno no son las mismas. Pero los conflictos se tratan. El kirchnerismo bastardeó, entre muchas cosas, la idea del conflicto. El consignismo barato del kirchnerismo modificó la noción de conflicto, que en realidad es que discutamos, expongamos ideas y después nos vayamos a comer juntos.

P. ¿Cómo es su regreso a un cargo público después de haber sido la imagen de un gobierno en el que muchos argentinos vivieron mal?

R. Yo era el secretario de Cultura y hasta el último día del Gobierno de De la Rúa me iba bien. Yo había sido el fundador del FIBA, del Bafici. Después vino la hecatombe y me puso a mí en otro lugar. Hablo de esto con tranquilidad porque no hago travestismo político. Soy el mismo que toda la vida se dedicó a ser gestor cultural, que a los 26 años dirigió el Rojas, que era el centro cultural emblemático del ‘under’… Cuando se dice “los que participaron de la hecatombe”, hay que recordar que era un gobierno que heredó un déficit fiscal fabuloso que dejó (el Gobierno de Carlos) Menem (1989-1999) y que estuvo formado por muchos que ahora están en el kirchnerismo. Hasta los Kirchner eran menemistas. Y en el Gobierno de De la Rúa estaban varios que hoy son kirchneristas. Ellos son travestis políticos que parece que vinieron a la política hace 15 minutos y son ahora revolucionarios del chupetín. Yo nunca tuve un problema de corrupción y no soy una persona rica, y no sé si todos ellos pueden decir lo mismo.

P. ¿Traerá alguna obra al Colón?

R. El año que viene pasa aquí algo que el teatro honrará como corresponde: el centenario del nacimiento de Alberto Ginastera, que es el gran músico argentino que tiene compuestas algunas óperas.

-Su antecesor puso el listón alto con las funciones conjuntas de la pianista Martha Argerich y el director de orquesta Daniel Barenboim…

-Este año los tendremos de vuelta y esta semana me junto con ellos para ver qué hacemos en el 16. Los grandes artistas argentinos a los que les va bien en el mundo tienen que estar en esta casa. Somos un país que es una catástrofe en política, pero en la generación de gente importante en el mundo de la cultura somos fabulosos. ¿Cómo este país que es un desastre ha generado a Barenboim, Argerich, (Jorge Luis) Borges, (Astor) Piazzolla, Atahualpa Yupanqui? A mí me intriga mucho. Un sector de los argentinos suele vanagloriarse de que somos de los mejores del mundo en el fútbol. Yo creo que somos buenos, pero no los mejores. En lo que indudablemente estamos en la primera línea del mundo es en el arte. Tenemos el mejor teatro del ópera del mundo y el doble de grande que cualquiera de Europa, una actividad teatral como pocas ciudades, la mayor cantidad de librerías del mundo, la mayor cantidad de centros culturales de Latinoamérica.

P. ¿Cómo ampliar los públicos?

R. Tenemos el coro de niños y la orquesta académica, y quiero llevarlos a diversos lugares a que toquen cada vez más en funciones gratuitas. Son chicos que tocan bárbaro y lo harán ante un público inicial. Quiero armar propuestas de abonos más baratas para los jóvenes de menos de 30 y pico de años. Pero el Colón tiene entradas muy baratas siempre. Esa idea de que hay que venir bien vestido y es carísimo es un mito. El día de la función de gran abono hay que venir bien vestido y es más caro, pero es solo una vez por mes. No hay que venir de largo, de traje, de frac.